mundo | 14 de Noviembre de 2019

El recuerdo de la terrible inundación del 4 de noviembre de 1966 comenzó a materializarse a las 21 horas. A esa hora, un viento superior al previsto se levantó, empujando con fuerza el agua del Adriático a la laguna de Venecia. Foto Pixabay

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Río Doce
Venecia, 14 de noviembre.- El Centro de Previsión de Mareas, que permite saber hasta qué nivel puede llegar el acqua alta en la ciudad de Venecia reportó que el martes alcanzó 187 centímetros debido a un viento de más de 120 kilómetros por hora que formó un pequeño maremoto en la laguna.

Muchas de las 71 góndolas de la Riva Degli Schiavoni rompieron las amarras y salieron flotando hasta dar contra las columnas del Palacio Ducal. Algunos barrios se quedaron a oscuras y el agua entró violentamente en la basílica de San Marcos, informó El País.

Luego comenzó una subida por toda la isla que causó dos muertos, anegó restaurantes, palacios y comercios y obligó a cerrar escuelas. La ciudad está en alerta hasta el viernes por riesgo de que este episodio se repita.

Los efectos del cambio climático han aumentado la frecuencia y la intensidad de las tradicionales mareas de otoño (el año pasado sucedió algo parecido), un fuerte temporal y la negligencia en la construcción de un sistema de diques que dura ya 40 años dejaron la segunda peor inundación del siglo.

Los daños en el patrimonio artístico de la ciudad de 1966 no se repitieron: los venecianos toman ya grandes precauciones en estas épocas. Pero este miércoles por la mañana, en medio de un paisaje apocalíptico con vaporetos y lanchas sobre la acera, podían verse todavía los efectos en la vida de la gente.

El primer ministro, Giuseppe Conte, ha llegado a la ciudad por la tarde y ha asegurado que tomará medidas.

“Hay una petición del gobernador Zaia para declarar el estado de emergencia y no veo razones para negarlo. Prepararemos los primeros fondos para la participación del Gobierno en esta emergencia”, dijo.

Y la ministra de Infraestructuras y Transportes, Paola de Micheli, ha anunciado que se convocará un comité para tomar decisiones de largo recorrido en Venecia. “Haremos un gran proyecto para Venecia”.

Los vecinos ya no creen en las promesas políticas. Marco Gazzetta achicaba agua en su negocio de máscaras junto a la plaza Rialto. Cuando fue a abrir por la mañana sabía que encontraría todo el género flotando, menciona El País.

“La app nos dio otro resultado. Nos fuimos a casa pensando que no superaría los 140 centímetros”, protestaba. Katia, en un negocio de bisutería, les excusaba. “No es culpa suya, el viento lo cambió todo. No sé cómo se puede prevenir algo así”.

El recuerdo de la terrible inundación del 4 de noviembre de 1966 comenzó a materializarse a las 21 horas. A esa hora, un viento superior al previsto se levantó, empujando con fuerza el agua del Adriático a la laguna de Venecia.

El Centro de Previsión de las Mareas de Venecia no acertó con la previsión. A las 22:40 la marea era de 180 centímetros y a las 23:00 alcanzaba ya los 187. Un técnico de dicho organismo asegura a este periódico que “se formó un pequeño ciclón sobre Venecia, con vientos de hasta 120 kilómetros por hora que empeoraron la situación”. “Es algo muy anómalo y puede estar relacionado con el cambio climático”, apunta.

Javier Jordà, científico del Instituto Español de Oceanografía en Baleares y autor de una investigación que muestra cómo la subida del nivel del mar haría aumentar la frecuencia de inundaciones en Venecia a final de siglo, coincide y vincula lo que está ocurriendo al calentamiento: “Lo que antes pasaba una vez, se convertirá en norma. Hay que tener en cuenta que al incremento del nivel del mar se suma que la ciudad se está hundiendo, lo que hace que el efecto de la subida del agua se multiplique”.

Los daños en viviendas y comercios fueron enormes

“Centenares de miles de euros”, denunció el alcalde de la ciudad, Luigi Brugnaro, que pidió declarar el estado de emergencia.

Pero la peor parte, como sucedió ya el año pasado, se la llevó la basílica de San Pedro, que se encuentra en la parte más baja de la isla y es incapaz de contener las embestidas del agua.

El templo bizantino, que se inundó por sexta vez en mil 200 años, tuvo que evacuar a los fieles al término de la misa de las ocho, explica su director, Giuseppe Marieschi, mientras muestra pedazos de los mosaicos arrancados del suelo y la base de las columnas de mármol carcomidas por la sal del agua de marina.

“Si eso pasase una vez cada 100 años, sería un problema. Pero si pasa varias veces en una década es un riesgo enorme para la iglesia”, señala.

La cripta, donde están las sepulturas de algunos de los patriarcas, quedó completamente inundada.

“Los daños son irreparables”, advirtió el patriarca de Venecia, Francesco Moraglia.

El ingeniero jefe de la basílica, Pierpaolo Campostrini, fue aún más directo. “Es una indecencia. El martes por la mañana, cuando la marea era de 140 centímetros se debió probar el Mose (acrónimo de Módulo Experimental Electromecánico). Se habría evitado el desastre en la basílica. La marea ha demostrado que Venecia no es segura. Esto es casi como el Apocalipsis, estuvimos al borde del desastre. El mar entró e inundó el suelo y los mosaicos, rompió ventanas e inundó la cripta. Más allá de los daños en el suelo y los mosaicos, el agua podría crear problemas de estabilidad en las columnas que sostienen el edificio”, advirtió.

Los responsables de la basílica están valorando pedir la construcción de una suerte de barrera que pueda frenar el agua en caso de inundaciones en la plaza de San Marcos, revela Capostrini.

Un atajo, en suma, para resolver la parálisis en la que lleva sumida la finalización del sistema de contención de las inundaciones, que resume cuatro décadas de despropósitos y corrupción.

En 2003 se empezaron a construir 78 diques flotantes en el marco del proyecto Mose. Las esclusas deberían cerrar la laguna en caso de subida de las aguas del Adriático. Pero problemas de sobrecostes y corrupción retrasaron su puesta en funcionamiento.

Hasta entonces, los venecianos solo podrán encomendarse al cielo o seguir refrescando aplicación de las mareas antes de cerrar sus negocios o irse a la cama.