mundo | 08 de Agosto de 2015

En San Ysidro se redujo la espera para los visitantes mexicanos que trabajan, compran y juegan en San Diego, mientras que la escena artística y restaurantera floreciente de Tijuana atrae a los estadunidenses amantes de la buena comida Foto Ap

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AP

San Diego, 8 de agosto.- Un letrero que recibe a los conductores que entran a Estados Unidos por la frontera más transitada del país muestra la silueta de un hombre, una mujer y una niña con coleta que corren por su vida bajo la palabra "Caution" (Peligro).

Fue colocado hace 25 años, cuando grupos de inmigrantes habitualmente cruzaban la frontera en "corridas banzai" desde México, asustando a conductores sobre la Interestatal 5.

Ahora el letrero se ve extrañamente fuera de lugar.

El flujo de inmigrantes sin autorización para entrar al país en este tramo de la frontera se ha reducido en gran medida debido a un muro de 22,3 kilómetros (14 millas) y un control más estricto de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el movimiento legal de mexicanos y estadounidenses que van y vienen a través del límite fronterizo por razones de negocios o placer se ha vuelto más rápido y eficiente.

En general, la imagen de una frontera descontrolada difundida por el precandidato republicano Donald Trump no coincide con lo que la gente ve todos los días en y alrededor de San Diego y, del lado mexicano, Tijuana.

Todavía hay problemas serios. Por un lado, la frontera de San Diego se ha convertido en una ruta preferida de traficantes de metanfetaminas. Con todo, ocultarse en este tramo se ha vuelto mucho más complicado, incluso para los más valientes y en buen estado físico.

Al mismo tiempo, un cruce fronterizo ampliado en San Ysidro redujo la espera para los visitantes mexicanos que trabajan, compran y juegan en San Diego, mientras que la escena artística y restaurantera floreciente de Tijuana atrae a los estadunidenses amantes de la buena comida.

A principios de la década de 1990, las mesetas desérticas y cañones cubiertos de arbustos que se extienden en el lado este del Océano Pacífico, eran las rutas más populares para los inmigrantes que entraban a Estados Unidos sin autorización. Algunos mexicanos jugaban fútbol en tierra estadounidense, esperando que cayera la noche para correr entre agentes de la Patrulla Fronteriza ubicados a 400 metros (media milla).

"Esperábamos que corrieran hacia nosotros. Sólo te ponías frente a ellos y capturabas a todos los que podías", dijo Dave Brown, que fue agente de la Patrulla Fronteriza en San Diego durante 30 años antes de retirarse en 2006.

Estados Unidos lanzó Operación Guardián en 1994, una medida severa que colocó a más agentes en San Diego. Arizona pronto tomó el lugar de San Diego como el corredor más transitado para este tipo de cruces. Ahora el sur de Texas porta esa dudosa distinción.

El año pasado hubo 29.911 arrestos en San Diego por la Patrulla Fronteriza - 95% menos que el máximo de 565.581 en 1992.

La gente paga 10.000 dólares para que los guíen a través de las montañas del este de San Diego, a pesar de correr el riesgo de ser secuestrados por rescate en el camino.

Para quienes entran con visa, cruzar la frontera se volvió más fácil desde septiembre cuando el número de carriles en San Ysidro aumentó de 17 a 25. El cruce recibió unos 77.000 conductores y peatones por día el año pasado, tanto ciudadanos como extranjeros.

Los fines de semana el ex reportero de un periódico en San Diego lleva a estadunidenses a caminatas alrededor de Tijuana que incluyen visitas a restaurants, escuelas culinarias, luchas libres, mercados al aire libre y cervecerías.

Los tours le han dado a la gente "una nueva idea de la ciudad que habían descartado como una pequeña trampa turística", dijo.