cultura | 07 de Noviembre de 2019

En imagen, la casa de Francisco Toledo. Arriba: Autorretrato (peine decorado). Foto Graciela Iturbide / La Jornada

Por

Por 

Carmen Lira Saade / La Jornada
Ciudad de México, 7 de noviembre.- El pasado 5 de septiembre, con la muerte de Francisco Toledo, la plástica de Oaxaca, de México y del mundo perdió a un grande. La orfandad es compartida por las culturas comunitarias, por los movimientos en defensa del territorio, por los activismos en pro de los derechos fundamentales, por los estudiantes y los niños de escasos recursos que requieren de un aliento y un impulso y por todas las personas que luchan por un mundo mejor para disipar las carencias y las penas de sus semejantes.

A este diario le fue dada la fortuna inmensa de tenerlo y de contar con él durante 35 años. Desde la fundación de La Jornada, Toledo fue por decisión propia, y hasta su fallecimiento, un motor, un paraguas, un creyente y un benefactor desinteresado de este espacio periodístico.

Más en las malas que en las buenas, Toledo aparecía con su autenticidad y su generosidad para ayudar de manera decisiva a empujar el proyecto. Aunadas a las que aportó con igual generosidad su coetáneo Rufino Tamayo, las obras donadas por Toledo y por otras decenas de artistas plásticos y gráficos hicieron posible completar el pequeño pero determinante capital fundacional del periódico. Pero además de la donación de mil ejemplares de un grabado, un intaglio, mezclado con serigrafía, él entregó a La Jornada un acompañamiento afectivo permanente y sin límites.

“¿En qué ayudo?”, era su expresión sencilla, pronta, repetida y honrada muchas veces.

No había forma de agradecer la abrumadora solidaridad de Toledo a este periódico, salvo cumpliendo con sus modestas peticiones para que personal de La Jornada compartiera su experiencia profesional mediante talleres de periodismo con jóvenes oaxaqueños en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, fundado por él. Dicho brevemente: cuando solicitaba algo no era en beneficio propio sino, invariablemente, para ayudar a otros.

Así́ pues, el ciudadano juchiteco, oaxaqueño, mexicano y universal que murió́ el 5 de septiembre fue parte nuestra desde el principio. Por eso, además de compartir con su familia y con el mundo la celebración de su vida y el dolor por su muerte, rendimos testimonio de un ser humano autentico, discreto, original, genial y generoso al que queda asociada de manera indeleble una palabra: gracias.

 
DIBUJO Dibujo de Francisco Toledo dedicado a Carmen Lira Saade.

Sondeo

Ante la escasez de agua en Tijuana, ¿aceptas reducir tu consumo para no agotar la reserva?