07 de Noviembre de 2019

El último lector
Rael Salvador

“El amor a la vida es una especie de opulencia general del instinto”. Emmanuel Mounier.                                

I
EL CONSUELO
El salvaje orgullo de la vejez, territorio de carne y hueso donde la pasión florece como un animal incontrolable, sólo se doma o tranquiliza con la mesura inteligente de la felicidad que proporciona la lectura y la escritura, y alguna que otra nalguita precoz, pecaminosa o fugaz.

Para eso, en el  prostíbulo, el dinero le ha quitado el asco a la vejez, al mal olor, a la idiotez y la fealdad, generando un gusto poco refinado por la perpetuación de la mentira y el engaño.

II
EL MALDITO
Pasados los desnudos y juveniles años de la inmersión en la lectura, arriba a nuestro ser la edad de la escritura. Lejos quedaron ya la arrogancia desparpajada del Poeta Maldito y el incontenible deseo de un mundo mejor; es decir, la distracción intelectual y su poderío intimidatorio dio paso a la contemplación sin adjetivos ni objetivos.

III
EL AUTOENGAÑO
Quisiera creer, no como un autoengaño, que la espátula del conocimiento dejó abierta la pústula del saber, y que un gozoso revuelo de emociones alimenta el masoquismo de escribir o la tortura grata que el acto conlleva.

Bien hace en decirlo mi amigo Tryno Maldonado: “Al final del día sabes que, pase lo que pase, aunque no tengas dinero, aunque pierdas el empleo, aunque tu mujer te deje, aunque no tengas qué comer, sabes que tú seguirás ahí, necio, escribiendo y pegándole duro todos los días a las teclas del ordenador”.

Sí, uno se acostumbra y luego, con el tiempo, hasta se vuelve un tanto inamovible, sedentario y, “culoatornillado”, se aprende a disfrutarlo.

IV
MIEDOS Y MEDIOS
Los miedos y los medios. Si la confiabilidad de dar crédito a los hechos surge de la páginas de los periódicos (electrónicos o no), de esa información sesgada que depende del los buenos negocios y la sobrevivivencia, entonces habría que reparar en algo que no puede hacer o realizar con facilidad el lector, si no se empeña en profesionalizarse en “periodismo” –dejando de lado su infancia interpretativa y su arrogancia psicópata desparramado el biberón de su  “mala leche” en Redes Sociales– y verificar las fuentes; es decir, ejercer un control independiente de la verdad (vendida como “verosimilitud”), una imparcial verificación fuera del Poder y su ya clásica fanfarronería chismosa que caga con boletines todas las Salas de Redacción.  

V
LA CAÍDA
Un rey, como un poeta, recibe su destino.

Así como no se puede tener el hábito de la inteligencia, tampoco se puede tener el habito del amor o la escritura. No se puede “escribir” un libro que nos justifique el hecho de escribir… De tanta luz, la oscuridad pierde su sentido, es por eso que los Poetas se lanzan de cabeza ahí donde los putos ángeles temen asomar sus alas.

A su regreso, al igual que Shakespeare herido por la realidad, el Poeta vocifera su prédica en el corazón del fuego: “La vida no es más una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario, y después no vuelve a saberse nada de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”.

El orgasmo de la víctima.

Todas las virtudes son tan sólo vicios que se han dominado.

raelart@hotmail.com