02 de Diciembre de 2019

Al filo de la navaja
Raúl Ramírez Baena

Los últimos procesos electorales y sociales en América Latina se han distinguido por varios fenómenos políticos.

1.- Por un lado, hay una marcada tendencia del electorado que lleva al poder a políticos conservadores del ala derechista, de corte neoliberal, como Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Lenin Moreno en Ecuador, Iván Duque en Colombia y, ahora, Luis Lacalle en Uruguay o, de plano, ultraderechistas como Jair Bolsonaro en Brasil. Aunque después son repudiados por el mismo pueblo. El caso más brutal es el Golpe de Estado en Bolivia que impuso en la presidencia a la golpista senadora Jeanine Áñez, sin elecciones de por medio ni mandato expreso de órgano constitucional.

2.- Estos políticos llegan al poder por una manipulada campaña electoral o por la fuerza, a pesar de importantes logros sociales de sus antecesores, como los Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica y Tabaré Vázquez en Uruguay, Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil y Evo Morales en Bolivia.  

3.- Los Kirchner, Correa y Tabaré y sus corrientes políticas y candidatos, fueron vencidos en elecciones aparentemente democráticas donde el electorado fue orientado hacia un cambio de régimen: del progresismo (con sus excesos) al conservadurismo neoliberal.

4.- Lula y Dilma fueron víctimas de un “Golpe Blando”, es decir, un Golpe de Estado sin violencia y sin militares tomando las calles y las principales instalaciones de gobierno, que contó con el apoyo de un Poder Judicial corrupto y cómplice de la asonada para quitarlos del poder y llamar a nuevas elecciones en donde, con una debilitada fuerza de izquierda y con sus dos principales figuras bajo proceso penal, Lula y Dilma, procesos fabricados para quitarlos del camino, gana Bolsonaro. Algo parecido intentaron fabricar en Bolivia, argumentando un “fraude” en la tercera reelección de Evo Morales.

5.- El Golpe de Estado más burdo, largamente preparado mediante la infaltable corrupción de la cúpula militar, es el de Bolivia. A golpe de dólares trataron de fabricar un golpe quirúrgico del nuevo estilo, sin Marines, bombardeos a la casa presidencial, represión, presos, torturados y ejecutados como en las dictaduras de los 70 y los 80. Más no contaron con la respuesta de un digno pueblo indígena patriótico, forjador de una nación pluriétnica y pluricultural. No tardó en aparecer el racismo, la discriminación y la represión, terminando con presos, torturados y ejecutados. Todo ello, ante la parsimonia de los órganos de la ONU y la vergonzosa complicidad de Luis Almagro, Secretario General de la OEA, “el Ministerio de las Colonias”.

6.- Caso aparte merecen los procesos chileno y colombiano, en el que las fuerzas sociales irrumpen espontáneamente ante la sorpresa de todos, cuyo origen es la creciente desigualdad y pobreza social. Chile, donde la resistencia juvenil y femenil ha tomado la vanguardia y ha ofrecido una tenaz resistencia contra la brutal represión carabinera del agobiado presidente neoliberal Sebastián Piñera, que se sostiene con alfileres a pesar de la fuerte presión de las movilizaciones diarias que demandan su dimisión. Lo más grave para el statu quo, es la demanda de cambio del modelo de desarrollo neoliberal. Chile, la joya de la corona, el modelo y ejemplo de desarrollo neoliberal gracias a la dictadura pinochetista (cuya Constitución sigue vigente), se derrumba estrepitosamente.

7.- Venezuela, Cuba y Nicaragua resisten estoicamente la ofensiva imperial. Los regímenes de estos países, contrario a lo que piensan muchos y a lo que promueven a diario los medios globales convencionales, a pesar de los bloqueos económicos, financieros y tecnológicos y de las duras sanciones ilegales y unilaterales de Washington contra estos pueblos, estos gobiernos tienen un gran apoyo popular y de sus fuerzas armadas que hace casi imposible un Golpe de Estado blando o duro, aún a costa de los esfuerzos permanentes de Washington y del poderoso lobby de Miami y sus aliados financieros por denostar a estos regímenes. Por la propaganda denostativa, no es fácil para el ciudadano común entender la semilla social sembrada por Fidel Castro, Hugo Chávez y la Revolución Sandinista en estos países.

8.- México no puede quedar exento del panorama de cambio y resistencia en el Continente a partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Un cambio de régimen en torno al modo y estilo diferente de gobernar, con el sello de la austeridad, de un efectivo combate a la corrupción y a las cuotas de poder y de un discurso anti neoliberal (con todo y sus errores) no es fácil aceptar y asimilar por una clase política, empresarial y mediática acostumbrados a vivir en el exceso y la comodidad a costa del saqueo a la nación. El cambio tiene sus costos. Uno de ellos se observa en la dura reacción de los sectores de la derecha, de los grupos económicos afectados por estos cambios y de la oposición política-ideológica, que perdió sus posiciones de poder ante el avasallador golpe electoral. Ahora intentan reagruparse para dar la batalla política e ideológica, aún pesar de que son los causantes de la tragedia nacional.

En resumen, América Latina es hoy un laboratorio de cambios. Atrás de las asonadas, movilizaciones, bloqueos, presiones político-económicas y golpes blandos y duros contra gobiernos democráticos, populares y antineoliberales, están Washington, el capital financiero internacional, las oligarquías criollas, las trasnacionales y los incontrolables poderes fácticos.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste