mundo | 31 de Octubre de 2018

En los últimos tiempos la ciudad ha tenido que hacer frente a los ríos humanos que se agolpan en El Chaparral queriendo entrar a Estados Unidos. Foto Víctor Camacho / La Jornada

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Mireya Cuéllar

Tijuana, 31 de octubre.- Con financiamiento de la Universidad de San Diego (California), la fundación GAIA abrió una oficina que ayudará a los migrantes de la caravana que viene de Centroamérica, y que lleguen hasta esta frontera, a gestionar los documentos de identidad que necesiten –actas de nacimiento, pasaportes y otros- para permanecer en México y conseguir un empleo.

De enero a agosto de este año, según cifras del Instituto Nacional de Migración, 24 mil 35 personas fueron repatriadas por esta frontera. Ellos, los repatriados, fueron hasta hace poco más de dos años el foco de preocupación de autoridades y organizaciones de derechos humanos y ayuda a migrantes. Sin embargo, en los últimos tiempos la ciudad ha tenido que hacer frente a los ríos humanos que se agolpan en El Chaparral queriendo entrar a Estados Unidos.

Los desayunadores y albergues que antes eran para mexicanos repatriados, hoy enfocan sus baterías en dar apoyo a familias enteras de Michoacán, Guerrero y Veracruz, que huyen de la violencia, y quieren ir a Estados Unidos, al igual que los extranjeros, como lo haitianos, que cruzaron por aquí en los últimos dos años.      

En esta ciudad -según estimaciones de las organizaciones de ayuda a migrantes y repatriados- hay constantemente unas 2 mil personas en la zona de “la línea”, un ejército que se mueve en pequeños grupos, en las explanadas frente a las garitas esperando para ir hasta la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos para solicitar asilo o repatriados que son colocados en alguno de los puentes y no les resta más que iniciar el camino de regreso; con lo puesto, sin dinero y sin algún documento oficial que los identifique.

De esos grupos, que en el caso de los haitianos fueron miles al mismo tiempo -las estimaciones son que poco más de 30 mil se estacionaron temporalmente en Tijuana, a lo largo de un año, mientras Estados Unidos les daba la primera audiencia-, unos 3 mil se quedaron: hoy se les ve trabajando en gasolineras, mercados, restaurantes y la industria maquiladora. 

Pero las autoridades y todos los sectores tuvieron que ser flexibles porque la mayoría no tenía documentos de identidad, sobre todo un pasaporte que los identificara como ciudadanos de algún lugar. Los primero haitianos que llegaron decían que venían de Costa de Marfil o de Sierra Leona, solo después aceptaron que la mayoría caminó desde Brasil y que Haití era una tierra que habían dejado hace más de cinco o 10 años.

Desde 2016 GAIA, a través del Proyecto Albo, empezó a dar este tipo de apoyo a repatriados. Incluso, la Cervecería Insurgente  -que produce Tiniebla, una de las más apreciadas entre el sector que gusta de lo artesanal-, lanzó la Cerveza Migrante, cuyas ganancias se dedican al apoyo de este sector. Insurgente se unió a la Universidad de San Diego y este año aportará el 50 por ciento de las ganancias de su bebida Migrante al sostenimiento de esta oficina de vinculación laboral.