cultura | 30 de Diciembre de 2016

El pasado 15 de diciembre, Manuela Cecilia Lino Bello recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura 2016 en la categoría de Artes y Tradiciones Populares de manos del presidente Enrique Peña Nieto. Foto María Meléndrez Parada / La Jornada

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Fabiola Palapa Quijas, La Jornada

Ciudad de México, 30 de diciembre.- La pasión de Manuela Cecilia Lino Bello por combinar colores y bordar comenzó en 1949, cuando a los siete años se inició en las artes del tejido en telar de cintura, gracias al conocimiento que le transmitieron su madre y su abuela.

“Mi mamacita y mi abuelita me enseñaron desde niña. Mi ropa era del color del borrego, mi abuelita los cuidaba y yo la acompañaba; tenía siete años cuando empecé, claro que las más grandes tenían su malacate para hilar y les pedía que me hicieran uno, y así aprendí.

Mis primeros hilados sirvieron para mis cintos, porque unos me quedaban delgados y otros más gruesos; los usaba con mi falda negra y mi camisa de labores. Me quedé en cuarto año de primaria y me da mucha ilusión que mis hijos siguieran adelante y estudiaran, comenta en entrevista telefónica Lino Bello, originaria de Hueyapan, Puebla, y Premio Nacional de Artes y Literatura 2016, en la categoría de Artes y Tradiciones Populares.

Las figuras de flores, árboles, pájaros y grecas de diferentes colores sobresalen en las prendas que elabora Manuela Cecilia Lino, quien a sus 74 años todavía disfruta teñir con añil, como hacía su abuela.

Me gusta mucho el teñido, combinar colores, aunque ya no veo bien; hay personas que trabajan conmigo y me ayudan a bordar, pero yo selecciono mis colores y también los guío para las grecas, explica la galardonada, cuyos textiles son únicos.

En Hueyapan, municipio de la parte norte del estado de Puebla, doña Manuela comparte su manera de tratar y tejer la lana con las nuevas generaciones, así como el teñido con añil y cochinilla. Pasa horas explicando cómo le gusta que le borden un chal, ya sea con punto de cruz o punto de lado, que también le llaman de doble vista.

Con voz pausada, Lino reitera que en su trabajo lo que más disfruta es teñir y formar los bordados con dibujos de animalitos, esos que desde niña ha visto. En sus prendas hay bordados conejos, ardillas, perros, pájaros y venados.

También se emociona al hablar de los colores. La base principal es el añil, porque se logra el negro y varios azules; de la cochinilla sale un rojo y rosa intenso, depende de la hierba que recolectemos.

La bordadora señala que los jóvenes prefieren las prendas de un solo color, ya sea blanco o azul, para que puedan combinarla con su ropa.

Con su dedicación y el trabajo de otras bordadoras, Lino Bello preservó la elaboración de piezas textiles tradicionales. Fue a finales de la década de los años 70 que empleados del Instituto Nacional Indigenista de Teziutlán, Puebla, orientaron a las mujeres en la comercialización de sus prendas y las capacitaron también en la venta de sus productos, para evitar a los intermediarios.

No siempre fue fácil

De esa época, doña Manuela recuerda: Empezamos a sacar productos y grandes cantidades. Una parte se llevaba a Chiapas y otra a Colima. Fonart escogió lo que teníamos que hacer, como unos chales regulares, para que no salieran tan caros y los compraran.

Pero no todo fue fácil para Lino Bello. Señala que hubo momentos en que la artesanía no le dejaba ganancias y también trabajó con máquinas de pedal para hacer trajes regionales de su pueblo. De esos trajes ya ni hay, toda la ropa está hecha como se visten los jóvenes; en mis tiempos las mujeres usábamos faldas con mucho vuelo, les llamábamos de carpas; ahora se visten de otra forma.

Las bordadoras, junto con Lino Bello, se organizaron y crearon la organización Tamachichíjhuatl, que logró congregar hasta 200 mujeres nahuas, y doña Manuela fue su presidenta durante 12 años. De esta forma se rescataron las técnicas de tintura, bordados y de piezas tradicionales de Hueyapan, como el tomicotón y el chal.

Para Lino Bello es importante que no se dejen de elaborar los textiles y que los jóvenes preserven las tradiciones de sus ancestros.

Ahora que me invitaron a recibir mi premio me dio mucha ilusión, gusto y hasta miedo, porque no estamos acostumbrados a salir mucho, señala Manuela Cecilia Lino, quien con su talento y valor preserva los conocimientos antiguos que le fueron legados.

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