cultura | 29 de Junio de 2018

Un adolescente saluda a las Panteras Negras, en la sede del tribunal del condado de New Haven, el primero de mayo de 1970. Nueva imagen incluida en el libro Power to the People: the World of the Black Panthers, de Stephen Shames y Bobby Seale, publicado por la editorial Abrams, Nueva York, 2016. Foto Stephen Shames

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Hermann Bellinghausen / La Jornada
New York, 29 de junio.- Las convergencias que crearon hace medio siglo el fenómeno de las Panteras Negras resultaron extraordinarias. Con audacia y disciplina, su organización cambió las reglas políticas e impulsó poderosamente a la población afroestadunidense. Participó en la demolición de paradigmas entonces en curso. El Partido Panteras Negras (BPP, por sus siglas en inglés) pugnó por la liberación femenina con un acento peculiar, comunitario, y se adelantó con demandas por la diversidad sexual y racial que hace medio siglo parecían impracticables.

Cuando Malcolm X, promotor de la unidad de los afroestadunidenses, fue ejecutado por sus rivales en febrero de 1965, Eldridge Cleaver era un preso común por delitos que a un negro no se le perdonan. Recluido en la cárcel de Folsom, en una suerte de terapia y trance escribió Soul On Ice (Alma en el hielo). Sin conocerlo, Bobby Seale y Huey Newton buscaban el mismo tipo de respuestas. Al publicarse en 1968, Alma en el hielotuvo un impacto masivo, se tradujo a muchas lenguas y Cleaver devino figura central del Partido Panteras Negras.

Desde 1966, el dirigente e intelectual Stokely Carmichael, también futuro Pantera Negra, impulsa el Poder Negro: ‘‘Todos son dueños de su vecindario, menos nosotros”. La certidumbre de que tienen derechos, de que son hermosos, de que en sus diferencias son iguales a los humanos de cualquier otro color, convierte a las Panteras en un imán irresistible. ‘‘El BPP electrificó a toda una generación. Dio un propósito a millares de jóvenes negros sin rumbo que se amotinaban y saqueaban en las calles por pura rabia. Las Panteras los hicieron disciplinados, buenos trabajadores al servicio de su comunidad, respetuosos de sus madres, padres y abuelos”. Las Panteras encontraron un modelo para llegar a los chicos desencantados con una eficacia que no lograrían intentos posteriores, aun a la fecha, según reflexión de Stephen Shames, quien desde 1967 se hizo fotógrafo para sumarse al BPP y fotografiar sus 16 años de historia (Power To The People: The World of the Black Panthers, Abrams, 2016, memoria gráfica de extraordinario valor que acompañó una exposición en el Museo de Oakland al cumplirse el medio siglo del BPP).

En abril de 1967, el periódico Black Panther (Pantera Negra,servicio de información para la comunidad negra) aparece en cuatro páginas mimeografiadas. Un año después ya alcanza cientos de miles de ejemplares, llega a todo Estados Unidos y crea, entre otras cosas, un estilo visual inconfundible, gracias a la gráfica de Emory Douglas y las fotos de Shames. Su modelo de comunicación alternativa marca las protestas mundiales de 1968 al inspirar una nueva forma de periodismo militante a contraflujo de los medios dominantes que, tras cubrir con avidez su espectacular irrupción, se harán progresivamente hostiles al BPP, al tiempo que la FBI de J. Edgar Hoover declara al ‘‘nacionalismo negro” (cargo falso, ya que el BPP nunca fue nacionalista) ‘‘el mayor peligro para la seguridad interior” de Estados Unidos, y dirige la brutal campaña de contrainsurgencia conocida como Cointelpro, que el paranoico y racista gobierno de Richard Nixon monta desde su inicio en noviembre de 1968 contra las subversiones reales e imaginarias que enfrenta. Ninguna más real, ciertamente, que las Panteras Negras.

Huey Newton, su líder más conocido, fue herido y cayó preso a fines de 1967 tras un choque con la policía. La campaña por su liberación (Free Huey!) marcó las movilizaciones durante el auge del BPP, al tiempo que la radicalización estudiantil, la revolución sexual y las protestas contra la guerra prendían la pradera seca, como predicaba el Canciller Mao de China. El nuevo Poder Negro es un fantasma que recorre Norteamérica de costa a costa, inspira al movimiento chicano (en 1968 nacen los Boinas Café) y su influencia se hace sentir en las barricadas de París y Praga, en las protestas