mundo | 28 de Abril de 2016

La conservacionista y primatóloga instala su organización en el país; insta al trabajo en equipo. Foto AP

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Jaime Whaley, La Jornada

Ciudad de México, 28 de abril.- De figura hoy frágil pero llena de energía, Jane Goodall asienta que hay oportunidad de salvar al mundo del ecocidio si la gente se compromete a hacerlo.

Por cuarta ocasión en los pasados dos años la famosa conservacionista británica pisa suelo mexicano. Este viaje obedece al establecimiento en el país de su organización Roots and Shoots, que puede traducirse como raíces y brotes, dirigida a jóvenes preocupados por el medio ambiente y que tiene ya ramificaciones en más de un centenar de naciones, en las que cuenta con cerca de 10 mil afiliados.

La mujer, quien entre otros reconocimientos ostenta el de Dama de la Orden de Imperio Británico, expuso a grandes rasgos los propósitos de su organización, que, por principio de cuentas, en México tendrá la misión de proteger la migración de la mariposa monarca en su larga travesía, desde Canadá a los bosques de Michoacán y el estado de México, labor que se hará en conjunto. Puso énfasis en que el trabajo debe ser en equipo: Hay que fomentar redes con jóvenes canadienses y estadunidenses.

Por lo pronto, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Natutraleza ha acogido la idea y se comprometió, en voz de su presidente, Lorenzo de Rosenzweig, a apoyarla totalmente.

De rostro apacible, la octogenaria naturalista, si es que así también se le puede llamar, y quien por razones de congruencia y ética es vegetariana, relató brevemente su inclinación por los animales, en especial, desde luego, por los chimpancés. El afecto le nació, recuerda, cuando su padre le regaló un simio de juguete de esa especie con una cajita musical, que conserva en su casa.

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Jane Goodall explicó que la labor consiste en brindar apoyo financiero y establecer un enlace entre diversas comunidades para garantizar la protección de los ecosistemas. Foto Notimex

Espacios arrasados cerca de las urbes

Sus agotadores esfuerzos por regenerar el planeta no han sido vanos. Cuenta que sobrevoló la zona del lago Tangañica, en África, hace unos 10 años y le preocuparon los espacios arrasados próximos a zonas urbanas. Más recientemente realizó otra inspección aérea y ya notó verdor en aquellos huecos.

Su organización trabaja fundamentalmente en tres aspectos, en el renglón alimentario, y en proporcionar salud y educación a las poblaciones marginadas.

“Lo importante es empoderar a la juventud, que es la que conoce sus problemas particulares”, añade en su delgada voz.

Con su sello característico, el pelo grisaceo recogido hacia atrás, Goodall sostiene un simio de peluche que le fue obsequiado por un mago invidente en California. No es chimpancé pues tiene cola, aclaró.

Agregó que hay que dejar a los niños que tomen inciativas, es sorprendente la manera en que responden; ellos tejen el tapete de la esperanza.

Entre las decenas de proyectos en que Goodall está involucrada aparece el que contempla la disminución de luminosidades urbanas en los trayectos de aves migratorias, pues son miles las que mueren por deslumbramiento.

Cómo un signo de esperanza, Goodall tiene una larga pluma de un cóndor californiano, especie que hace pocos años estuvo en vías de extinción, ya que apenas se contabilizaban 12 parejas en libertad; hoy, gracias a los esfuerzos de organizaciones e individuos, hay unas 300 aves de las que la mitad ya vuelan en su hábitat.