méxico | 25 de Noviembre de 2017

Este viernes se realizó la presentación del libro Acteal: Resistencia, Verdad y Memoria, estudio psicosocial de los antecedentes Foto Elio Henríquez

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La Jornada

Chiapas, 25 de noviembre.- A un mes de que se cumplan 20 años de la masacre de 45 indígenas en Acteal, Guadalupe Vázquez Luna, quien perdió a sus padres, a cinco hermanas y otros familiares y salvó la vida de milagro, dijo que “no podemos perdonar un hecho tan lamentable”.

Remarcó: “No podemos perdonar porque es algo muy fuerte, muy terrible, no hay manera de expresar los hechos; no podemos perdonar porque para muchos de nosotros significaría olvidar y nosotros no queremos olvidar; si perdono olvido y no podemos”.

Lupita, como es conocida, tiene 30 años de edad y es integrante del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), cuya vocera es María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy; este viernes participó en la presentación del libro Acteal: Resistencia, Verdad y Memoria, estudio psicosocial de los antecedentes, factores asociados al hecho y manejo de la emergencia, consecuencias sicosociales e impacto colectivo, de la masacre ocurrida en esa comunidad del municipio de Chenalhó el 22 de diciembre de 1997.

“Yo tenía diez años cuando sucedió la masacre. Mi papá era Alonso Vázquez Gómez; mi mamá, María Luna Méndez; mis hermanas: Rosa, Verónica, Antonia, Micaela y Juana Vázquez Luna (ésta última de 8 meses de edad); mi abuelita, Juana Gómez Pérez y mío tío Victorio Vázquez Gómez. Todos fueron asesinados por los paramilitares”, dijo en entrevista posterior.

Contó que “a la hora que empezó la balacera, yo estaba con mi mamá. Mi papá nos puso en una lomita, creyendo que como pacifistas no nos iban a matar porque estábamos desarmados. Más bien creímos que el enfrentamiento se iba a dar entre zapatistas y priístas, partidistas. Nos ubicamos en un lugar donde creímos que por encima pasarían las balas, pero ya después de más de una hora de balazos, se acercaron mucho y me di cuenta de que estaba a unos diez o 15 metros de nosotros un paramilitar apuntándonos y le disparó a mi mamá en el brazo derecho”.

Continuó: “Lo recuerdo porque yo estaba acostada en el suelo detrás de ella; me pegué a ella. Antes de que le dispararan levanté la cabeza y vi  al paramilitar y le iba a avisar pero apenas alcancé a decir mamá’, cuando la hirieron. Entonces me levanté y me puse delante de ella, sabiendo que detrás de mí estaba el paramilitar apuntándome, pero en ese momento se me olvidó el miedo que tenía”.

Vázquez Luna manifestó que  “entonces me puse delante de mi mamá y se acercó mi papá que iba por más personas para tratar de salvarlas. ‘¿Qué pasó?’, me preguntó al verme llorando. Inconscientemente le dije que mi mamá estaba muerta, cuando estaba en realidad gritando de dolor y mi hermanita de ocho meses empezó a llorar. Mis hermanas estaban como a dos o tres metros de mi mamá. Escucharon cuando dije que había muerto. Se levantaron llorando todas”.

Señaló que “en eso, mi papá me pidió que me fuera de ahí. El era muy tranquilo, amoroso con sus hijos. Jamás me había gritado. Dos veces me pidió que me fuera y cuando vio que no me movía de ahí m me gritó. Su grito hizo que yo saliera.  Durante el tiempo que estuve de pie no dispararon, hasta que salí de ahí, como a dos metros iba cuando  empezaron a dispararles a todas las personas. Así fue como logre escapar”.

Expresó que “claramente se veía a lo que iban, porque una noche antes por testigos se supo que habían planeado matar a todos los hombres, pero  supuestamente no iban a tocar a las mujeres ni a los niños”.

Al morir sus padres, quedó bajo el cuidado de su tía, María Vázquez Gómez, hermana de su padre, en la comunidad de Acteal, de donde es originaria.

Lupita, quien pertenece a la Organización de la Sociedad Civil Las Abejas, manifestó que “estamos llegando al  20 aniversario de la masacre con mucha dignidad, pero con resistencia; con mucha impotencia por no poder hacer nada a pesar de que nosotros sabemos la verdad de los sucedido, pero el gobierno sigue negando y diciendo que es falso lo que decimos”.

El libro fue presentado en el museo Tatik Samuel, comenzó con la proyección de un video y fue comentado por Vásquez Luna, sobreviviente de la masacre; Stella Maris Figueroa, acompañante sicosocial; Estela Barco Huerta, directora de la organización Desarrollo Social para los Mexicanos y Jorge Santiago Santiago, integrante del Consejo Directivo del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas.