espectáculos | 25 de Junio de 2019

El periplo iniciado por la cinta Roma en el Festival de Cine de Venecia, en octubre pasado, llegó a su fin ayer al llevarse 10 premios de las 15 estatuillas del Ariel a que estaba postulada, entre ellos mejores dirección y película. Foto Cristina Rodríguez

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Jorge Caballero / La Jornada
Ciudad de México, 25 de junio.- Con un llamado generalizado de actores, actrices, directores, vestuaristas, diseñadores y productores a que todos los engranajes de la industria de cine nacional no sufran recortes sino por el contrario se le incentive y se le proteja dotándola de más recursos, se realizó la 61 entrega del Ariel, máximo galardón del cine mexicano.  

El director de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Ernesto Contreras, ya entrada la ceremonia, tomó el microfoneó y comentó: “la cultura es, según nuestra Constitución, un derecho cuyo acceso debe serle garantizado, por parte del Estado, a todas y todos los mexicanos... Como cineastas coincidimos con el enfoque plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo, respecto de la importancia de la cultura como factor de paz, cohesión social y convivencia; y en la necesidad de que nadie quede excluido de las actividades y los circuitos culturales como resultado de la concentración en uno o varios de los eslabones de la cadena productiva cinematográfica”.

Siguiendo con su discurso agregó: “la cultura está en todas partes y no es territorio exclusivo de unos cuantos. Todos los pueblos, todas las comunidades, conviven en las más diversas expresiones de su cultura: la gastronomía, la literatura, la pintura, la música, la danza, el teatro, el cine. No debe despreciarse una producción cultural en función de otra. Nadie debe quedar excluido. Hoy vemos con preocupación los drásticos recortes en los presupuestos de las instituciones y las políticas públicas que no sólo han sido fundamentales para la cultura mexicana contemporánea, sino que han contribuido, incluso, al ejercicio democrático. La cultura no es un gasto. No es un adorno, no es un bien prescindible. Es una inversión a largo plazo”.

Contreras recalcó: “los creadores no somos el enemigo. Queremos contribuir a la construcción de un nuevo y mejor México. Tenemos un compromiso con la realidad de este país adolorido y complejo, pero lleno de esperanza y de solidaridades...  El cine es un espejo y una ventana: un espejo para vernos a nosotros mismos, como individuos y como sociedad; y una ventana para ver el mundo. Debe de existir entonces un equilibrio entre estas dos funciones del cine. Lo mismo pasa con el doble carácter, comercial y cultural, de nuestra actividad. Si uno se ve eclipsado por el otro, si los equilibrios desaparecen, los mexicanos perdemos el reconocimiento de nuestra pluralidad y diversidad, nuestro carácter e identidad”.

Contreras rubricó: “hoy ratificamos que es necesario cambiar las reglas del juego, para evitar que intereses particulares, de manera fáctica, se sigan apropiando de los contenidos, en perjuicio de los derechos culturales de las audiencias; para evitar que uno de los ámbitos más voraces del neoliberalismo ahogue la diversidad y module a su antojo las nuevas narrativas con las que pretendemos explicarnos la realidad y retratar sus transformaciones. Vamos por reformas justas a la ley, en beneficio de la cinematografía como arte e industria, en favor de los equilibrios de ésta que es, nuestra pasión, nuestro oficio y nuestro medio de expresión. Queremos seguir mostrando con nuestras imágenes, el México que somos: el del campo, el de las urbes, el de la diversidad de habitantes, de generaciones, de identidades, de géneros, de historias. Queremos seguir haciendo películas que impacten nuestro presente y preserven nuestra memoria, que hagan visible a los invisibles. Hagámoslo todos juntos, y cerremos filas”.

Los Arieles colofón del Romatón

Respecto a los premios el periplo iniciado por la cinta Roma en la muestra de Venecia el pasado octubre, llegó a su fin este martes al levantarse con 10 premios Ariel de las 15 estatuillas a las que estaba postulada, entre ellos la mejor Dirección y Película.

En las categorías principales Noé Hernández por su impecable actuación en Ocho de cada diez se llevó el Ariel al Mejor Actor; en su equivalente femenino fue para Ilse Salas por su incuestionable trabajo de la señora rica caída en desgracia en Las niñas bien.

Los primeros premios los recibieron en Revelación Actoral el joven Benny Emmanuel por su trabajo en Día de la infancia; Marina de Tavira por su lado se llevó la Mejor Coactuación Femenina por Roma; su equivalente masculino fue para la impresionante actuación de Leonardo Ortizgris en Museo; mientras que el Mejor Cortometraje Documental fue para Sinfonía de un mar triste de Carlos Morales. Cuando se entregó el premio al Mejor Cortometraje Animación se recordó al comparsa de Guillermo del Toro, Rito Mora, y el Ariel en esta franja se lo llevó Viva el rey de Luis Téllez; mientras que el Mejor Cortometraje Ficción fue para Arcángel de Ángeles Cruz quien agradeció en mixteco y después en español.

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