cultura | 23 de Noviembre de 2017

Arturo Márquez, compositor Foto IMER

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Ángel Vargas, La Jornada

Ciudad de México, 23 de noviembre.- Fusionar géneros musicales es inherente a la cultura mexicana y, en general, a las de América Latina, según el compositor Arturo Márquez, quien precisó que esa situación se debe a que son naciones surgidas de la mezcla cultural.

Debemos tener presente que la música es nuestra mejor cara, es parte de nuestra identidad. Finalmente, una fusión es el despertar del pasado pero unido con nuestro presente, sostuvo.

Durante la inauguración del séptimo Encuentro Nacional Tradiciones y Fusiones Musicales: Propuestas Indígenas, efectuada la noche del martes en el Museo Nacional de Culturas Populares, Márquez compartió su experiencia de trabajar con la fusión de lo académico y lo popular, que le ha valido el reconocimiento internacional.

Hay una creencia, y con sobradas razones, de que la música de concierto en América Latina, más que en la razón, está inclinada en la pasión y ésta tiene mucho que ver con las tradiciones, con la música popular, explicó.

Como parte de la jornada inaugural de ese encuentro, Arturo Márquez ofreció la charla Experiencias de aprendizaje y trayectorias musicales,al lado de Guillermo Velázquez Benavides, reconocido como uno de los exponentes del huapango arribeño más relevantes.

El compositor hizo una semblanza de su vida; contó que nació en una familia de músicos campesinos y cómo, siendo niño, fue que con ella emigró de manera indocumentada a Estados Unidos, donde su padre trabajó de carpintero y mariachi y él, a los 14 años, incursionó en el estudio del violín, la tuba y el trombón a pesar de la oposición de su madre, quien decía que como músico se moriría de hambre.

Música con sentido social

Márquez refirió que regresó a México en 1967 para evitar ir a la guerra de Vietnam y aquí, en el país, formó parte de una banda de música. En 1970, dijo, llegó a la Ciudad de México para estudiar piano en el Conservatorio Nacional y a los 25 o 26 años decidió estudiar composición.

Durante largo tiempo me dediqué a componer música experimental. Fue a los 38 años cuando hice un giro. Anduve en los bares de México para escuchar la salsa, la música caribeña y el son, y mi música cambió, empecé a fusionar el danzón y el son con la música académica, relató.

“Llegó 1994, año de la irrupción del movimiento zapatista en Chiapas, y en noviembre compuse Danzón número 2. Para entonces había visitado muchos salones de baile en la colonia Obrera. El resultado se escucha claramente en esa obra. A partir de los años 90 y hasta la fecha, mi música está totalmente basada en la fusión entre la parte académica y mis vivencias. Y desde 2000 me he involucrado en la música con un sentido social y de justicia.”

Según Arturo Márquez, la fusión de lo académico y lo popular en la música permite ir un paso adelante, pues posibilita otras maneras de creación y expresión. Pero hay que hacerlo con el corazón. A la música tradicional hay que acercársele con pasión, sentirla, hacerla tuya. Para fusionar hay que tener conocimiento amplio de los dos mundos.

Organizado por la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas de la Secretaría de Cultura federal, el séptimo Encuentro Nacional de Tradiciones y Fusiones Musicales concluye este viernes, con actividades en el Museo Nacional de Culturas Populares y en instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La idea es ofrecer a los participantes la oportunidad no sólo de presentar sus propuestas, sino de fortalecerlas con acciones de profesionalización, promoción y difusión que les permita su inserción en circuitos musicales amplios y reposicionamiento comunitario.

En esta edición –en la cual participan cerca de 100 músicos de 15 entidades, hablantes de 12 lenguas originarias– se sumó al proyecto la UNAM por conducto de la dirección de Atención a la Comunidad y el Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad.