Baja California | 23 de Mayo de 2019

Médicos y jefes del recinto de salud revelaron lo que ocurre entre sus paredes, donde condicionan cirugías urgentes a los recursos de pacientes y sus familiares; acusan abandono de las autoridades y mala administración de fondos que no alcanzan ni para saber de qué fallecen algunas personas. Foto Julieta Martínez / archivo

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Ángel Ramírez y Mireya Cuéllar

Tijuana, 24 de mayo.- En torno a la mesa están sentados los directivos del Hospital General de Tijuana (HGT). Por turnos toman la palabra para describir el día a día de sus áreas de trabajo. La doctora Julieta Pacheco, jefa de Neonatología, narra sin aspavientos cómo “atada de manos”, junto a los padres, ve morir a los recién nacidos por falta de insumos y equipo para atenderlos.

Refiere el caso de un recién nacido, hace un par de semanas, que requería una cirugía de urgencia, sin embargo como la mitad de las 28 camas del área están ocupadas por baleados -muchos de ellos heridos en actos delincuenciales- nunca hubo espacio para atenderlo y murió. La pobreza del hospital y de la familia del pequeño es tal que ni siquiera lograron saber de qué murió porque no tienen los materiales necesarios en los laboratorios, y la familia tampoco tuvo recursos para hacerlo por su cuenta.

La jefa de Neonatología tiene la palabra: “No tenemos los insumos que necesitamos para alimentar a los bebés que no están comiendo. Hace un mes que no envían nutrición parental. Tenemos un patronato que nos ayuda, pero llegará el momento en que nos diga que ya no puede, porque sale caro esta nutrición y es de todos los días, los bebes comen todos los días”.

“Pañales, jeringas, gasas, guantes, hasta desinfectante para manos deben comprar los padres si quieren entrar a ver a sus hijos (porque se tienen que lavar las manos); a veces no tenemos ni jabón, ni toallas”.

En lo que va del año, según su recuento, 13 recién nacidos han muerto en el Hospital General de Tijuana y todos ellos pequeños que se pudieron haber salvado, con una complicación que el nosocomio no pudo atender por falta de insumos y equipos: dos de ellos fueron en marzo; cinco en abril, y en los días que van de mayo ya son seis niños muertos.

También está ahí el director general, Clemente Zúñiga Gil, quien asiente con la cabeza. Las historias que se cuentan sobre lo que ocurre en ese hospital se conocen porque cada tanto algún familiar va con la prensa para hacer una denuncia. De boca de los médicos se sabe que hay carencias, pero en el encuentro a puerta cerrada con Jaime Bonilla, el candidato de Morena al gobierno del estado, los médicos fueron más específicos. Duró más de una hora y no se permitió el acceso a la prensa, pero el equipo de campaña transmitió en vivo por Facebook la reunión, como todas las actividades del candidato.

Foto: cortesía

Y no es problema de negligencia, sino de ausencia de equipo, medicamento, voluntad del gobierno del estado, apuntó el director. Los médicos narraron también cómo los familiares de los enfermos los agreden cuando les dicen que deben ir a comprar los medicamentos porque el hospital no cuenta con ellos, o el paciente muere.

Luis Adán Carrillo, jefe del área de urgencias dijo que, en 2018, el Hospital General atendió 72 mil urgencias, es decir, poco más de 197 casos cada día y recibe pacientes de Tijuana, Tecate y Rosarito. “Somos un hospital que atiende a la gente con menos recursos y el decirles que tienen que ir a la farmacia por ketorolaco para calmarles el dolor y saber que no tienen dinero”.

El hospital cuenta, en todo el edificio con apenas 220 camas y Clemente Zúñiga Gil apuntó que hacen falta 300 más para, “más o menos”, desahogar el trabajo que realizan. Aunque existen otro tipo de factores que no les permiten avanzar.

Pacientes llevan su propia silla; ahí los curan

“Ha llegado la Cruz Roja y les atoramos la camilla porque ya no tenemos capacidad para atender, este hospital cuenta con alrededor de 220 camas en la torre, medicina interna tiene 26, más pediatría, son 32 camas. Es muy pequeño para toda la población”, dijo el jefe de urgencias al tiempo que compartió que se han presentado casos donde los pacientes deben llevar su propia silla para esperar a ser atendidos en urgencias, y esa espera ha sido de hasta ocho días. Ahí sentados se les hace el tratamiento que se pueda”.

El área de cirugía tiene 28 camas, las cuales son usadas a diario para procedimientos de urgencias. Según el manual de procedimientos del hospital, se debería tener una cama disponible para cada paciente que llega al hospital. Una utopía, consideran, ya que nada más el Seguro Popular tiene en el padrón de la ciudad 500 mil afiliados y todos llegan al Hospital General.

El jefe de Servicios de Cirugía General, Gustavo Salazar Otárola, platicó que llegan a tener hasta siete pacientes aislados por tuberculosis en un cuarto de tres por tres; “no hay un plan de desarrollo para el hospital y es reflejo de la ineficiencia de los gobiernos. No han elaborado una estrategia, solo han venido a escuchar, ojalá y no sea el caso ahora. El gobernador vino un par de veces, dio dinero, pero no hay dinero que alcance ante una mala administración y una mala perspectiva”.

Hay días, dijo Salazar, que realizan siete cirugías y sin recursos para seguir haciéndolas, “hay gente que está esperando su cirugía de cáncer de pulmón, de cáncer de tiroides y se están muriendo; hay gente que le hemos reagendado su cirugía, tres o cuatro veces para darle atención a la gente baleada. Y nos quedamos sin nada ¡No tenemos material!”.

Foto: Ángel Ramírez

Paketeoperen, la realidad; Hospital Materno-Infantil, mal llamado
Hay un paquete “paketeoperen” –“le decimos un tanto en broma, pero es así, apuntó Salazar-, una lista con el material necesario para cirugía; “Y la gente llega con sus gasas, con su medicamento, con guantes y dice aquí está mi material, opérenme por favor'; la gente nos insulta porque el gobierno dice que sí hay todo (para operar) y la realidad es que no tenemos nada y tenemos que resolver, porque, por crudo que se escuche, llega el paciente aquí y, o se va vivo, o se va muerto”.

Guadalupe Duarte, jefa de Ginecobstetricia habló del “mal llamado Hospital Materno-Infantil” –que el gobierno del estado inauguró el mes pasado y anunció que iba a resolver el problema de atención a ese sector-; “no es un hospital, sino una unidad de corta estancia para recién nacidos y sus madres. Solo les permiten permanecer 48 horas, es decir que aquellas pacientes con un embarazo de alto riesgo, no pueden ser atendidas ahí”.

Dijo que el HGT atiende al 80% de los embarazos de alto riesgo de la región, los cuales le generan una ocupación hospitalaria de entre el 120 y el 130 por ciento de su capacidad. “Estamos saturados. No tenemos capacidad para atender las emergencias obstétricas. El mal llamado Hospital Materno Infantil, que está en operación desde abril, solo ha desahogado el 10 por ciento
del trabajo aquí realizado. Es decir, seguimos sobresaturados”, señaló la doctora Duarte.

El doctor Mario Alberto Ornelas, oncólogo pediatra, mostró su descontento y molestia por la situación que ha estado ocurriendo en el Hospital General de Tijuana. Dijo sentirse, junto al personal que labora, cansado del gobierno. “Soy oncólogo y me da mucha tristeza que pacientes hayan muerto por negligencias administrativas”, dijo; “aun así, este hospital tiene un bloque de médicos, enfermeras y personal, que está muy comprometido y gracias a ese compromiso el hospital ha salido adelante”.

Sin embargo, no todos los médicos han resistido la falta de condiciones para trabajar en el HGT. Bianca García, jefa de Enseñanza, informó que la semana dos médicos residentes renunciaron después de una crisis de ansiedad y depresión al ver rebasada su capacidad física con el compromiso adquirido. “El hospital requiere de 42 plazas de residentes, se cuenta con nueve; dos residentes para cada turno. Mis plazas son 42, pero mis necesidades son de 87 residentes y me los podrían dar, pero no tenemos cómo darles de comer, como asignarles un área de estar. Ahora estamos en un momento de saber cuántas plazas más me van a tocar, pero serán de vinculación, los residentes no ganarían nada” comentó la doctora García.

Dijo que existen residentes que tienen que pagar por su estadía en el hospital, concretamente a la UABC, dado que, aun cuando no están en clases, es parte del sistema educativo y el semestre debe ser cubierto, a veces por cantidades que superan los 6 mil pesos. La situación de esos jóvenes que desean ser buenos médicos, que ya fueron a la universidad, también es muy crítica. A los
egresados de Baja California se les manda a otros lugares –aunque el HGT los necesita- porque no hay recursos para ellos.

Los jefes de área entraron en detalles durante la reunión; hablaron de los contratos de mantenimiento de equipos que el gobierno del estado no ha pagado, de que se descomponen y ya no pueden hacer los estudios correspondientes; de una situación que los rebasa frente a la población económicamente más necesitada. Jaime Bonilla les dijo al final que de ser gobernador elaborarán una estrategia para ir atendiendo poco a poco las prioridades.

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