mundo | 22 de Febrero de 2019

"El pueblo santo nos mira y espera de nosotros, no simples y obvias condenas, sino disponer de medidas concretas y efectivas. Es necesario la concreción", expresó Francisco al inaugurar la cumbre titulada oficialmente como La protección de los menores en la Iglesia. Foto tomada de @Pontifex_es

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Bernardo Barranco / La Jornada

Roma, 22 de febrero.- "Escucharemos el grito de los pequeños que demandan justicia… El pueblo santo nos mira y espera de nosotros, no simples y obvias condenas, sino disponer de medidas concretas y efectivas. Es necesario la concreción", expresó el papa Francisco al inaugurar la cumbre titulada oficialmente como La protección de los menores en la Iglesia.

Enseguida, el pontífice presentó 21 puntos que pide orienten el conjunto de la discusión; dicho listado se estremece ante la demanda de mayor osadía y determinación de las víctimas.

En medio de tensiones, los cuestionamientos de las agrupaciones internacionales de víctimas, como la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes y la organización Término del Abuso Clerical levantaron su voz crítica para ser escuchados y tomados en cuenta. Sin embargo, hay una brecha entre ambos propiciada por la actitud del Vaticano. A pesar de haber sido recibidos por más de dos horas por los organizadores, fue solo para escucharles. En efecto, el miércoles los afectados demandaron al comité organizador de la cumbre del Vaticano contra la pederastia acciones contundentes, sentenciando: "El tiempo de las palabras, los perdones y las solicitudes de perdón han pasado".

Sin embargo, pareciera que ante el drama de la pederastia existen dos pistas. Hay serios problemas en la actitud del Vaticano hacia las víctimas que piden ser tomadas en cuenta. Quién mejor que ellas para entender, no sólo el problema sino sus medidas correctivas. Existe una dificultad en el lenguaje y contrariedad en los conceptos. Los organizadores hablan de escuchar y las víctimas desean ser escuchadas.

Los afectados demandan acciones contundentes, mientras el pontífice y los organizadores piden no tener tantas expectativas. Que este será un primer paso para ver frutos en el largo plazo. Los organizadores y el Papa hablan de las víctimas que vieron en videos y los agraviados reales apenas fueron escuchados en una breve reunión de dos horas como para que la prensa registre la buena disposición de eclesial.

El modus operandi encubridor debe acabar
Si la Iglesia quiere corregir su extravío y la crisis civilizatoria que afronta debe partir del enfoque de las víctimas en este vergonzoso episodio histórico que la ha debilitado como pocas veces. No basta tomar casos aislados con el argumento de la particularidad. Tampoco es válida la premisa de la enorme diversidad cultural, porque el modus operandi de la institución encubridora ha sido la misma en Estados Unidos y en Chile, en Australia y en México, en Irlanda y en Perú. No bastan los golpes de pecho mediáticos y no abrir las puertas a los perjudicados organizados a escalas nacional e internacional.

Por ello, resultó muy sensata la intervención del cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá, quien planteó que el "enemigo está dentro" de la Iglesia, la exhortó a no seguir huyendo de sus responsabilidades. Salazar, ante la asamblea de prelados, siguiendo a Francisco, cuestionó el clericalismo como ideología de poder en la Iglesia, y rechazó la "tendencia interna a afirmar que ésta no tiene que estar sometida a la autoridad civil, como los demás ciudadanos" sino que puede y debe manejar sus asuntos "dentro de su seno, regidos únicamente por el derecho canónico". Esta fue una afirmación clave, pues son las leyes locales y los estados quienes deben procesar a los criminales clericales y a sus encubridores. Sin importar si son sacerdotes u obispos. Los tribunales eclesiásticos cuando mucho sancionarían a un criminal eclesiástico reduciendo a la condición laical. Suspendidos de la Iglesia. Como si los laicos, es decir los católicos no religiosos, vivieran en condena eterna.

En la noche fresca de este jueves, las víctimas agrupadas en organizaciones civiles de diferentes países realizaron una vigilia. La Luna lucía esplendorosa y acompañó amorosamente sus testimonios y justas demandas. Con velas, cantos y tambores africanos clamaron justicia. La cruz ahí presente, simbolizaba el calvario que muchos han sufrido. Un vía crucis de cuerpos mancillados y almas destrozadas por la impunidad, complicidad e hipocresía institucional. Pese a la cumbre antipederastia, parece que muchas cosas cambian, pero para estas víctimas todo sigue igual o peor.

La Iglesia, pese a todas sus constricciones, parece no haber aprendido de la historia. Los tres papas anteriores han padecido el mismo flagelo. Juan Pablo II creyó estar en la vieja Polonia socialista y se justificó arguyendo montajes de abusos para desprestigiar a la Iglesia. Sólo así podemos extender su manto protector al retorcido de Marcial Maciel y sus Legionarios. Benedicto XVI, en sus memorias, reconoció a la pederastia como el problema más complejo y delicado de su pontificado. A pesar de algunas medidas y sufrimientos fue rebasado por la complicidad y la omertá institucional. Francisco tiene la oportunidad histórica de rectificar la eminente debacle, pero no quiere o no puede ir a fondo. Trascender los discursos y posicionamientos predecibles. Expertos creen que la autoridad del Papa está en juego, así como la viabilidad de la propia Iglesia. La catolicidad está amenazada por sus propias perversidades.

Este viernes la cumbre sinodal de obispos y cardenales abordarán la "rendición de cuentas". Se debatirán los protocolos de acuerdo con el derecho canónico para confrontar los casos en los que se ha fracasado y la Iglesia ha actuado con negligencia. El tercer día se dedicará la necesaria transparencia, en la llamada trasferencia de la Iglesia hacia las autoridades civiles, es decir, alas leyes seculares. Atención, Charles Scicluna, uno de los organizadores, en la conferencia de prensa adelantó que la Iglesia cuidará de sus recursos con fiereza. Finalmente, el domingo, las grandes conclusiones y cierre estarán a cargo del papa Francisco.

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