mundo | 21 de Febrero de 2019

El nombre de esta ONG viene del riesgo que puede haber en los ríos, donde todo se puede descontrolar por momentos, pero con la formación y orientación pertinentes, se puede retomar el cauce Foto Tomada de @cauceac / La Jornada

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Emir Olivares Alonso /La Jornada

Ciudad de México, 21 de febrero. La organización civil Cauce Ciudadano será galardonada por el Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP) por su destacada labor contra la violencia entre las juventudes mexicanas y de construcción de alternativas pacíficas para esa población en contextos marcados por la criminalidad.

El Premio ICIP Constructores de Paz 2018 se entregará el 12 de marzo en el Parlamento de Cataluña, lo que corresponderá hacer a la escritora colombiana Laura Restrepo.

Cauce Ciudadano fue fundada hace 19 años por jóvenes que entonces vivían en contextos de violencia, sobre todo ejerciéndola. Eran agresores, formaban parte de pandillas, hasta que un día la furia los rebasó: uno de sus compañeros, a quien veían como gran referente, fue asesinado en una trifulca porril. Eso los sumió en una profunda reflexión: era necesario un cambio.

Hoy, la base de su trabajo es precisamente eso: incidir en personas, sobre todo jóvenes, en contextos de violencia y motivarlos a que pueden tener opciones más allá de ésta. Es atreverse a romper el círculo de la violencia, afirmó Erika Llanos, directora general de la organización.

En una llamada desde Argentina –donde ahora está en visita de trabajo–, el presidente fundador, Carlos Cruz, secunda: Sí, les decimos (a los chicos) que venimos de ahí (de zonas violentas); ese es nuestro origen, pero no va a ser nuestro destino.

Interesada en el trabajo de la organización a la que en unos días entregará el premio del ICIP, Restrepo, también periodista, acudió a la llamada Casa Retoño, en el poblado de Los Reyes, en el municipio de La Paz, estado de México, una gran extensión de 2.5 hectáreas que la empresa francesa de vinos Pernod Ricard les donó en 2015. La idea de la escritora era conocer la labor de este grupo de personas, sobre todo jóvenes rescatados de contextos de violencia.

Se le informó prácticamente todo. Parte de la historia de la ONG y su misión, que es formar jóvenes como agentes de cambio social que desarrollen factores protectores entre pares mediante procesos de formación, servicios de capacitación y generación de oportunidades económicas, implementadas por una comunidad de facilitadores juveniles con alto sentido de ética y compromiso social, que contribuyan en la generación de capital social para prevenir, atender, mitigar y reparar los daños generados por las violencias y la delincuencia organizada.

También conoció los procesos de emprendedores, las capacitaciones y talleres, las 26 entidades de la República en que han tenido presencia, sus vínculos en otras naciones, como Argetina e Italia, y cómo a lo largo de estas casi dos décadas de trabajo han podido impactar directamente en medio millón de personas.

Cruz recordó que cuando empezó el proyecto con varios cómplices, todos decían que estaban locos. Pero justo esa locura es lo que los tiene en esta ruta (el nombre viene del riesgo que puede haber en los ríos, donde todo se puede descontrolar por momentos, pero con la formación y orientación pertinentes, se puede retomar el cauce).