cultura | 20 de Julio de 2018

Los poemas de Ko Un (Gunsan, Corea del Sur, 1933) ‘‘no pueden ser confinados en una categorización. A veces canto sobre las montañas, los océanos y las calles; hasta la muy dura soledad’’, explica. Foto Luis Humberto González

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Reyes Martínez Torrijos / La Jornada
Ciudad de México, 20 de julio.- La muerte de la poesía es necesaria; sin embargo, tiene un ciclo: ‘‘A veces está viva, muere, renace y vuelve a morir, como las olas del mar; ese es el ritmo del universo”, sostiene el poeta coreano Ko Un, en entrevista con La Jornada. El escritor vino al país para participar en el Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México 2018 y recibir el premio que otorga el festival.

A propósito de la publicación de su antología Poesía dejada atrás (Círculo de Poesía Ediciones) en México, el firme candidato al Premio Nobel de Literatura comparte que se siente ‘‘conmovido y emocionado porque varios poetas se unieron en la traducción y cada uno puso su alma; tanto, que el espíritu de Ko Un está unido con el de la poesía mexicana”.

Con voz profunda y clara, enuncia: ‘‘"La poesía tiene el milagro de la lengua materna. Los poetas y los poemas sueñan renacer en otra lengua. Creo que Corea y Asia están muy conectados culturalmente, antes que poéticamente, con México. Recuerdo que los poetas orientales se traducen mucho al español y vienen. Existe un intercambio muy profundo"”.

Refiere que la mayor influencia en su obra de un poeta mexicano es Octavio Paz, nuestro Nobel de Literatura, a quien conoció. ‘‘Los poetas latinoamericanos son muy leídos en Corea. Me gusta la literatura de Jorge Luis Borges y conocí a su esposa. También recuerdo a Pablo Neruda, que tomó su nombre del escritor checo Jan Neruda. Esta anécdota ejemplifica que el destino de un poeta no es un solo lugar, sino que trasciende Este y Oeste”.

Ko Un (Gunsan, Corea del Sur, 1933) afirma que sus poemas ‘‘no pueden ser confinados en una categorización. A veces canto sobre las montañas, los océanos y las calles; hasta la muy dura soledad” y ejemplifica con su libro Maninbo (10 mil vidas), que concibió cuando estuvo en la cárcel.

Relata que le llevó 25 años escribirlo, reúne más de 400 poemas y aborda la historia de Corea; menciona miles de nombres propios y ciudades y ha sido traducido a 10 idiomas. Al respecto, explica: ‘‘En él recuerdo que amo la naturaleza, las personas y los distintos lugares del mundo.

‘‘No puedo hablar de mí en singular, sino de los distintos Ko Uns, en plural, porque he escrito distintos libros en los que existen diferencias”, puntualiza.

Recibirá el Premio Nuevo Siglo de Oro 2018, el domingo

‘‘Nací en una época de muchos cambios. La guerra –prosigue Ko Un– donde la mayoría de mis contemporáneos murieron. Me ha tocado observar los periodos coloniales, la división del Sur y el Norte, problemas económicos y ahora el capitalismo. Son difíciles de sobrellevar pero, al mismo tiempo, son mi felicidad y mi infelicidad porque he podido vislumbrar, no digerir, una parte de ellos y ya pertenecen a mi sangre.”

Sobre la pervivencia de la poesía, asevera: ‘‘El último poeta que recibió un funeral de Estado en el mundo fue Paul Valéry, en 1945. Los poetas ya no son tan importantes. Por ejemplo, el tiempo que vivió Octavio Paz ya es diferente al de ahora. Este tipo de autor ahora no es imprescindible”.

Ko Un recibirá el Premio Nuevo Siglo de Oro 2018 el domingo 22, a las 12 horas, en el Museo de la Ciudad de México (José María Pino Suárez 30, Centro Histórico). Ahí se efectuará una charla con otros participantes del festival sobre la poesía moderna, el sábado 21, a las 10 horas.

Además, Ko Un leerá algunos poemas de la antología Poesía dejada atrás, que llegará a librerías la próxima semana, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia (Nuevo León 91, colonia Hipódromo Condesa), hoy a las 19 horas; y el domingo siguiente, en la librería Octavio Paz del Fondo de Cultura Económica (Miguel Ángel de Quevedo 115, Chimalistac), a las 17:30 horas.