Baja California | 19 de Junio de 2019

Emmanuel Farías, representante de Loto Rojo. Foto Jorge Ley

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Mireya Cuéllar / La Jornada Baja California

Tijuana, 19 de junio.-  Un grupo de 25 pacientes que usan regularmente medicamentos con cannabinoides para paliar o curar su epilepsia, parkinson o esclerosis lateral amiotrófica –conocida también como enfermedad de Lou Gehrig–, entre otros padecimientos de origen neurológico, presentaron hoy  un amparo colectivo a través de la fundación Loto Rojo, en el que solicitan la protección de la justicia federal para importar de California, y transportar por territorio nacional, sus tratamientos herbolarios.  

Loto Rojo atiende ya a un grupo de 300 pacientes en esta ciudad, pero inició su solicitud de amparo con los expedientes médicos debidamente protocolizados de 25 personas –niños y adultos– que usan en gotas, supositorios y cremas, entre otras presentaciones, los cannabinoides, mezclados con diversas plantas en sus tratamientos.

En junio de 2017 el Congreso aprobó –a propuesta del entonces Presidente– el uso medicinal del cannabis y sus derivados, pero nunca emitió la reglamentación correspondiente. Y la actual administración canceló los permisos de importación que Peña dio a 7 empresas asentadas en el país.

Hasta las instalaciones del Poder Judicial Federal, en zona Río, llegaron los representantes legales y un grupo de pacientes, para entregar la solicitud de amparo basada en el artículo 4 de la Constitución que garantiza el derecho de todos a la salud.

Ahí estuvo Alejandra, con su hija Aranza, una niña que cuando cumplió dos años fue diagnosticada con epilepsia severa. A los cuatro años, la menor sufría de hasta 90 convulsiones diarias y los médicos le dijeron a su madre que en algún momento le daría un paro cardiorrespiratorio en un episodio que la dejaría “como un vegetal”.

“Recorrimos a los 4 mejores neurólogos de Tijuana, y Aranza tomó todos los medicamentos alópatas que recomiendan los laboratorios. Pero no había mejoría. Un día escuché que la fundación Loto Rojo trataba con buenos resultados la epilepsia a base de herbolaria que incluía cannabis y aunque tenía muchos prejuicios, porque asociaba la palabra marihuana a una droga, estaba desesperada porque mi hija no caminaba, no hablaba y todo el día convulsionaba”, explicó Alejandra.  

Hoy la niña tiene cinco años; los protocolos dicen que ha mejorado en un 85 por ciento su condición de vida con tres gotas diarias, debajo de la lengua, de un medicamento a base de cannabis. Camina, habla y ha empezado a tener un desarrollo normal. Las convulsiones empezaron a disminuir 4 meses después de que empezó con el tratamiento.

Alejandra quiere la protección de la justicia para transitar con el medicamento: “En diciembre pasado fui a Sonora a ver a mis padres y llevé a la niña. En un retén los soldados me quitaron el frasco con el gotero. Les expliqué que mi hija necesitaba tomarlas para no convulsionar pero lo más que podían hacer por mí –dijeron– era no levantar cargos porque llevaba cannabis”.

Algunos de los pacientes de Loto Rojo –de hecho la fundación fue creada por un ingeniero forense que buscaba combatir su propio cáncer– son jubilados estadounidenses que viven en México, y desean ingresar sus medicamentos.           

“Estamos solicitando el amparo, ante el vacío de ley que existe. Mientras no exista en este país la legislación que respete mi derecho humano a la salud, el amparo es el recurso legal que tengo”, apuntó José Felipe Sucedo, uno de los fundadores de Loto Rojo.

“Es inmoral que la ley diga que si yo soy un enfermo de cáncer puedo transportar a través de la aduana fentanilo, morfina, codeína, productos radiactivos… y me prohíban el uso de mi té o de mis gotas de herbolaria, sólo porque los que traen heroína la portan con una marca farmacéutica”, apuntó.

Loto Rojo solicitó hace 18 meses el registro ante las autoridades mexicanas de los productos que ha desarrollado en Estados Unidos, y hasta el momento no ha tenido respuesta.

La fundación pretende obtener un permiso para importar sus compuestos –varios de ellos elaborados con base de hasta 17 plantas– y por ello sus pacientes se organizaron para demandar el amparo.

Su pretensión es que todos sus pacientes puedan tener la oportunidad de usar legalmente sus productos.