cultura | 18 de Diciembre de 2018

magen captada el 18 de agosto de 1968 en uno de los festivales organizados por el Consejo Nacional de Huelga en la explanada de Rectoría de la UNAM. A la izquierda, Agustín Aparicio, hermano de Clara; al centro, Juan Rulfo, y atrás, de pie, Juan Francisco Rulfo. Foto Cortesía Fundación Juan Rulfo

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Mónica Mateos-Vega / La Jornada

Tijuana, 18 de diciembre.- El mundo de Juan Rulfo (1917-1986) tiene diversas puertas. Se puede iniciar, en solitario, la lectura de Pedro Páramo o El llano en llamas, pero también avanzar de la mano de conocedores de la obra del autor jalisciense.

Esta última idea es la propuesta del reciente libro que publica la fundación que lleva el nombre del escritor, en colaboración con la editorial RM: Juan Rulfo y su obra: una guía crítica,de 400 páginas, que ofrece varias rutas para conocer los parajes creativos del narrador.

Especialistas y novatos hallarán en esas páginas material para entender un poco más a Rulfo, en un formato que se inspira en los companion,tradicionales guías literarias inglesas. ‘‘No es un género con características definidas”, explica en entrevista con La Jornada el director de la Fundación Juan Rulfo, Víctor Jiménez.

‘‘A veces un solo especialista aborda todos los temas, pero hay otros companion que parecen enciclopedias, con entradas alfabéticas acerca de obras o personajes. Lo curioso es que por ejemplo en España no hay un companion sobre Cervantes, mientras en Inglaterra sí lo hay, al igual que sobre García Márquez, Borges, Vargas Llosa y, por supuesto, Rulfo.

‘‘Es una tradición muy fuerte, y no quisimos quedarnos atrás, pues el companion inglés sobre Rulfo tiene deficiencias, el autor no es experto en Rulfo sino en varios escritores en español, por lo que no tiene la misma profundización ni el conocimiento de archivos.’’

Quehacer en la fotografía

‘‘Cumplimos ya 15 años publicando diversos materiales y conocemos a todos los estudiosos vivos importantes de Rulfo, algunos de ellos presentes en esta guía que no sólo es para lectores avanzados o especialistas’’, aclara Jiménez.

‘‘Está pensada para cualquier persona con la idea de que sirva lo mismo a quien desee hacer un trabajo sobre Rulfo en bachillerato o quizá en secundaria. Ahí están las fichas de El llano en llamas o Pedro Páramo, que es lo que más se lee en esos niveles.

‘‘Es un libro para estar en una biblioteca, pues es una guía de lecturas. Si se quiere profundizar en un tema viene bibliografía para cada uno.”

Juan Rulfo y su obra estuvo coordinada por Jiménez y Jorge Zepeda. Además de los libros del escritor, se analiza su quehacer de fotógrafo y se añade un glosario con algunas de las palabras que vienen en sus relatos.

‘‘También recuperamos textos que estaban perdidos, que son muy buenos, precisos y arrojan luz sobre algún ángulo de la obra de Rulfo”, continúa el director de la fundación; ‘‘por ejemplo, un prólogo de una edición de El gallo de oro que se hizo en Uruguay en 1981, de la editorial Banda Oriental para un club de lectores, el autor es Heber Raviolo, quien ya falleció. Su escrito comienza diciendo que es falso que El gallo de oro sea un texto para cine, dice que es una novela. Es un gran prólogo, una aproximación temprana a El gallo de oro, de un enorme valor pues un investigador difícilmente va a encontrar ese texto en una biblioteca”.

Otra aportación de la guía crítica es el análisis del etnomusicólogo José Luis Bobadilla acerca de Rulfo y la música. Además, contiene imágenes inéditas de sus libretas y sus discos, así como una cronología con datos que no se conocían sobre la obra rulfiana y la vida del autor, incluida una guía de lugares y personajes mencionados en la obra.

Destaca una foto de Rulfo en una pelea de gallos, a la que asistió invitado por su tío, quien era gallero, además de militar adscrito a guardias presidenciales y charro.

‘‘Con él vivió Rulfo en la Ciudad de México en los años 40, lo cual permite entender que El gallo de orono le cayó del cielo”, prosigue Jiménez; ‘‘estuvo familiarizado con ese mundo gracias a su tío. En cuanto al léxico que incluimos, hay gran cantidad de palabras que a veces Rulfo no aclara y que puede ser muy útil sobre todo para los investigadores extranjeros.

‘‘No elegimos temas al capricho. Recogimos mucho del trabajo realizado durante tres lustros y que nos hace saber cuáles son las necesidades de los investigadores o los traductores”, concluye el director de la Fundación Juan Rulfo.