mundo | 18 de Junio de 2017

El historiador y economista brasileño Marco Aurélio Garcia, en imagen del 24 abril pasado. Foto Carlos Ramos Mamahua

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Blanche Petrich, La Jornada

Ciudad de México, 18 de junio.- En América Latina se expande, en paralelo a la era Trump, un modelo político capitalista extremo, más radical que los regímenes neoliberales que experimentó la región en los años noventa, con jefes de Estado como Carlos Salinas de Gortari, Carlos Saúl Menem, Carlos Andrés Pérez y Fernando Collor de Melo. Marco Aurélio Garcia, historiador y economista brasileño, asesor de los presidentes Luis Ignacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, lo llama neoliberalismo.2 o neoliberalismo recargado.

Es –explica– algo mucho más radical de lo que ya conocemos; un modelo que ejerce violencia económica contra las mayorías: reduce al mínimo el rol del Estado, abarata al máximo la fuerza del trabajo, reduce o anula programas sociales en todos los planos –educación, vivienda, salud, pensiones, economía popular o campesina–, desmantela las industrias estratégicas paraestatales.

Es un modelo tan drástico que ningún gobierno puede aplicarlo en un marco de pleno ejercicio democrático, asegura el político y diplomático, que fue fundador del Partido de los Trabajadores en los años 70, en entrevista con La Jornada. Por eso es que Michel Temer, el mandatario que se apoderó de la presidencia después de un golpe parlamentario, puede aplicarlo hoy a rajatabla.

Garcia relata una anécdota que ilustra con crudeza la situación: poco después de que Temer asumiera el mando y empezara a imponer las medidas que dieron un viraje de 180 grados a la política económica del país, en agosto del año pasado, un integrante del llamado Consejo Económico Social, instancia del gobierno brasileño creada por la administración de Lula para monitorear el rendimiento de las políticas públicas, dijo al nuevo presidente: Ya que usted es tan impopular en este momento, aproveche para imponer todas las medidas antipopulares ­posibles.

Pero este ciclo de neoliberalismo recargado no será largo, prevé el ideólogo petista. Por lo menos en Brasil, para el sector financiero-empresarial que sostiene a Temer e impulsa sus contrarreformas hay un plazo corto y una fecha de caducidad, las próximas elecciones en 2018.

Lulismo, la política plebeya

Garcia, a quien algunos llaman el Maquiavelo de Brasil, no cree ciegamente en las encuestas en estos tiempos. A pesar de ello, sí ve un indicio fuerte en la posibilidad de un retorno de Lula y del lulismo, como un fenómeno de política plebeya, al Palacio de Planalto, en Brasilia.

“Más allá de esta campaña sórdida que él está sufriendo, en la que no hay ningún indicio real de corrupción, se mantiene en la memoria de la sociedad brasileña una imagen muy fuerte de un dirigente político con una problemática y un estilo que coinciden mucho con sus aspiraciones.

Se puede decir que fue insuficiente lo que se hizo en ese periodo y es cierto. Pero sin duda fue lo suficientemente importante para quedar grabado en la memoria del pueblo. Y la historia se hace también por la memoria.

Marco Aurélio Garcia es el hombre que habla al oído a Lula da Silva desde que ambos eran jóvenes. A sus 76 años es un personaje de la vida política brasileña que habla de la historia no sólo como el historiador, sino como protagonista. Estuvo, y sigue estando, en las grandes sacudidas de su país en más de medio siglo.

Esta última convulsión –reconoce– fue un golpe tremendo. Sobre todo porque este gobierno está imponiendo un plan que fue derrotado en las elecciones, rechazado por el pueblo. Es un proyecto que ha deteriorado la economía y que desdibuja completamente el rol que el Estado brasileño ha jugado en la historia contemporánea.

Y no sólo dentro, sino también en su proyección hacia el exterior. En los años de Lula se creó el bloque de potencias en ascenso, el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Tuvimos una política exterior fuerte, porque hubo una situación interna que nos lo permitió. Esa ya no existe, precisa.

Cuando Lula, el sindicalista, ganó la presidencia nombró al académico jefe de asesores en política exterior. En ese cargo permaneció desde 2003 hasta el día en que la Cámara de Diputados echó a la presidenta Rousseff del gobierno.

Neoliberalismo.2

Este modelo del neoliberalismo.2 –sostiene– va mucho más allá al neoliberalismo que aplicó el presidente Fernando Collor de Melo (1990-1992). Fue la época de los mandatarios neoliberales a ultranza, Carlos Salinas de Gortari, en México, o Carlos Menem, en Argentina. Se decía que América Latina estaba viviendo un nuevo periodo de desarrollo.

Eso ocurre a fines de los años 80. Lula pierde su primera campaña electoral casi al mismo tiempo del fraude contra Cuauh­témoc Cárdenas, en 1988. Es también el momento en que Carlos Andrés Pérez de Venezuela intenta llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que provoca el Caracazo, en febrero de 1989. Venezuela se hunde en una profunda crisis política y económica de 10 años.

Ese modelo neoliberal, en lugar de gran desarrollo prometido, generó las llamadas décadas perdidas, de estancamiento y multiplicación de la pobreza. Lo que se tradujo en una gran bronca social. Es por eso que empiezan a ganar las elecciones los proyectos progresistas. Primero fue Hugo Chávez en Venezuela, electo presidente en 1998. Luego Lula gana en su tercer intento en 2002. Sigue la ruptura en Argentina con el fracaso de lo que Garcia llama la loca aventura de la convertibilidad, de Fernando de la Rúa, y la consecuente elección de Néstor Kirchner.

Ahora algunos de estos gobiernos progresistas pasan por diversos impasses. En el caso de Brasil, la destitución de Rousseff.

Pero –apuesta– la contrarreforma profunda no tendrá un ciclo histórico largo. Tienen hasta agosto de 2018.

Aparente metamorfosis

–¿Quiere decir que el actual gobierno ya no va a pagar ningún costo político por ello?

–No. Sí van a pagar un costo político: en las urnas. Mire, en las últimas décadas tuvimos una aceleración de las transformaciones sociales muy rápida. A partir del siglo XXI los ciclos históricos son miniciclos. Hay un cambio histórico después del desplome de las Torres Gemelas en 2001; en 2008 con la crisis económica hubo otro cambio histórico. En América Latina vivimos en algunos países un ciclo de gobiernos progresistas por lo menos durante 15 años y que ahora parecen estar pasando por una metamorfosis.

Una de las características que estamos viendo hoy en el mundo es la imprevisibilidad, lo que dificulta mucho nuestros mecanismos de análisis y de acción política. Hoy en el caso del ciclo de Temer en Brasil el plazo es hasta el año próximo. Nadie con un mínimo de seriedad puede predecir lo que va pasar el año próximo.

–¿Cree usted que Lula esté llamado a jugar un rol en un próximo ciclo de Brasil y frenar este salto hacia un modelo neoliberal radical?

–Ahora puedo ver a Lula más a menudo que antes. Hace poco hablábamos de esto, justamente. Me decía que él lamentaba muchísimo que no se hubiera producido una renovación mayor de cuadros políticos en el país. En el fondo, yo creo que él lamenta estar en esta posición tan ventajosa para ganar las elecciones del año próximo.

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