Baja California | 18 de Enero de 2018

Silvia Ocampo llegó ilegalmente hace 25 años a San Diego, California, a donde viajó con su esposo y en ese entonces con su único hijo. Foto Alberto Elenes, La Jornada Baja California

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Alberto Elenes, La Jornada Baja California

Tijuana, 16 de enero.- Las políticas migratorias de Estados Unidos son la razón del sufrimiento de decenas de madres de familia que han sido separadas de sus hijos al ser deportas a México.

Si bien durante el 2017 hubo menos deportaciones de las esperadas con la llegada de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, la separación de familias continúa, algunas de ellas encabezadas por madres que dejaron a sus hijos con amigos o algún familiar.

“Este rompimiento familiar que estamos hablando de manera recurrente, diría que estamos hablando tan solo del año 2017, que estamos cercanos prácticamente 5 mil mujeres que fueron deportadas a Baja California, estás hablando tranquilamente de dos mil 500 casos de separación familiar, dos mil 500 niños o jóvenes que hoy por hoy que han sido separados de sus madres”, dice el presidente ejecutivo del Consejo Estatal de Atención al Migrante, Carlos Mora Álvarez.

El activista reconoce que la cifra no es exacta porque no preguntan a las madres sobre la cantidad de hijos, para evitar que la autoridad migratoria pueda conocerlo y pretender ir por ellos y también deportarlos en caso de que estén ilegalmente en Estados Unidos.

Una vez deportadass por la frontera de Tijuana, la mayoría de estas mujeres son enviadas al Instituto Madre Asunta, donde reciben atención psicológica por la separación de sus hijos que en algunos casos se quedan bajo el cuidado del hijo mayor.

“A diario se reciben mamás que dejan allá a sus hijos. Primeramente hablamos con ella, luego le ofrecemos el abogado, le ofrecemos la trabajadora social; está una psicóloga para que ellas puedan desahogarse, puedan hablar con ella; y después entonces vemos que ellas puedan comunicarse con sus hijos y también con las familias, si es que hay familias allá, siempre reciben esta atención para que puedan salir adelante”, explica la hermana Adelia Contini, directora de la asociación para mujeres migrantes.

En el Instituto Madre Asunta, atendido por las misioneras scalabrinianas, las albergadas permanecen por tiempo indeterminado, muchas deciden quedarse en Tijuana por su cercanía con el país donde se quedaron sus hijos.

Una de las madres deportadas en los meses recientes, es Silvia Ocampo, quien llegó ilegalmente hace 25 años a San Diego, California, a donde viajó con su esposo y en ese entonces con su único hijo.

Ya en Estrados Unidos, la pareja procreó tres hijos más. En una redada de la Patrulla Fronteriza, el marido y un cuñado de Silvia fueron detenidos y deportados, y ella se quedó en Estados Unidos con sus cuatro hijos.

Años más tarde, la mujer originaria de Acapulco, Guerrero, fue reportada con las autoridades migratorias por un compañero de trabajo y su pareja, por lo que apenas en noviembre de 20 17 también fue repatriada a México.

“Sentí que todo se venía encima de mí. (Cuando lo deportan) se desespera uno, es frustrante, por que uno lo que hace para ir a ese país, para una tener una mejor vida, nuestros hijos tengan una mejor vida”, expresa.

Desde entonces a la fecha, Silvia ha estado en contacto con sus hijos; un sobrino trajo consigo a Tijuana la más pequeña, quien tiene apenas 8 años y recibe educación especial; a otro de sus hijos, el de 16 años ha tenido oportunidad de verlo más seguido, pero prefirió que se quedara en Estados Unidos para que continuara con sus estudios; solo a los dos más grandes, uno de 22 y el otro de 26 no ha visto desde su deportación pero se comunica con ellos, del mayor prefiere no hablar porque tiene temor de que pueda afectar trámites migratorios en curso.

Las autoridades de Estados Unidos cometen una injusticia, considera Silvia, porque nunca fue una carga para el gobierno, trabajaba como camarera en un hotel, siempre pagaba sus impuestos y nunca se metió en problemas.

“Yo quiero, pues, pedirle al presidente (Donald Trump) que nosotros los latinos vamos solamente a trabajar, él piensa que vamos como a quitarle algo, (pero) todo lo hacemos con el sudor de nuestra frente y los latinos trabajos muy duro”, comenta.

Actualmente vive en Tijuana, con su esposo y su hija. En tres meses no ha podido conseguir un trabajo y asegura que su estado de salud se afectó a causa de su deportación y ha recibido apoyo de organismos como Madres y Familias Deportadas en Acción. No obstante, busca la manera de regresar a Estados Unidos mediante el apoyo de un abogado.

 

 

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