diputados federales | 17 de Agosto de 2019

“Sería un error pensar que todos los niños y jóvenes son hábiles o están bien informados”. Foto Cristina Rodríguez / Archivo La Jornada

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Redacción

Ciudad de México, 17 de agosto.- En México, al menos uno de cada siete menores de edad ha recibido solicitudes sexuales, generalmente de adultos que se hacen pasar por “amigos” en las redes sociales; 80 por ciento de los usuarios aceptan a desconocidos y 43 por ciento conversa con ellos.

Así lo señaló la diputada Dulce María Méndez de la Luz Dauzón, del partido Movimiento Ciudadano (MC), al sustentar un punto de acuerdo que analiza la Primera Comisión de la Permanente.

Alertó que entre las afectaciones psicosociales que sufren las víctimas de ciberacoso van desde culpa, vergüenza, aislamiento, miedo, agresividad, silencio, conducta retraída, alejamiento de amigos, negación a volver a utilizar redes sociales, e incluso el suicidio.

Explicó que de acuerdo con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) la captación de menores con fines sexuales puede llevar minutos, horas, días o meses, según los objetivos y requerimientos del agresor y las reacciones de los infantes.

En el punto, propuso exhortar a la Secretaría de Gobernación para que formule y coordine programas de prevención social y atención integral a niñas, niños y adolescentes víctimas de delitos sexuales cibernéticos, ya que son seducidos por adultos a través de manipulación y engaño, a través de Internet y redes sociales, con el objetivo de conseguir, generar y enviar material pornográfico.

Quienes tienen mayor peligro de ser manipulados psicológicamente, con fines sexuales, son en particular las niñas, y los adolescentes, en general.

Enfatizó que con base en planteamientos de especialistas, entre las causas por las cuales menores de edad realizan sexting están el despertar sexual, inclusión social, exceso de confianza, falta de cultura de privacidad, impulsividad y expansión de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Tic´s).

“Sería un error –expuso– pensar que todos los niños y jóvenes son hábiles por igual o están familiarizados del mismo modo con el entorno en línea, o que están bien informados”.

Un gran problema, identificó, es que “muchos de los padres viven lo que se denomina analfabetismo cibernético y las niñas, niños y adolescentes van a la vanguardia en la navegación en Internet, utilización de dispositivos electrónicos y manejo de aplicaciones”.

En la medida, añadió, en que se van haciendo más sofisticadas las formas de atentar contra el libre desarrollo de la personalidad de niñas, niños y adolescentes, el Estado debe emprender acciones concretas que alerten y protejan a los menores de edad contra el acoso y violencia sexual en el ciberespacio.

Por ello, las acciones preventivas, dijo, tienen un papel preponderante para reducir el riesgo y elevar la seguridad de los menores durante su navegación en el ciberespacio. Sin embargo, “algunos ya han sufrido daños y otros más se verán afectados”.

Es necesario, enfatizó, brindar tratamiento psicológico e integral a las víctimas, para que no incurran en actitudes de riesgo al utilizar redes sociales, que se fomente la confianza en ellos mismos y vuelvan a revalorizarse, para retomar el desarrollo normal de su vida.

Además, la asistencia y contacto con padres y maestros es necesaria para que comprendan las experiencias de sus hijos y alumnos en línea, y les ofrezcan apoyo integral en todos los espacios donde interactúan cotidianamente.

“El acompañamiento en los procesos de investigación debe proteger a las niñas y los niños abusados, para que no experimenten traumas adicionales de revictimización durante el proceso de investigación”, concluyó.