espectáculos | 16 de Agosto de 2017

Eugenio Polgovsky Foto Facebook

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Juan José Olivares

Ciudad de México, 16 de agosto.- El cineasta Eugenio Polgovsky filmó documentales que fueron premiados en los más importantes festivales del mundo.

El realizador falleció el pasado 11 de agosto en Inglaterra, según un comunicado del Instituto Mexicano de Cinematografia (Imcine).

Siempre escuchando, Polgovsky tomaba su cámara y se lanzaba intuitivamente a registrar temas como la pobreza en el campo, el trabajo infantil o el cuidado del medio ambiente.

Trópico de Cáncer, de 2004, que obtuvo un Ariel como mejor opera prima documental, o Los herederos,que ganó dos de esas estatuillas cuatro años después, lo hicieron destacar en el cine nacional.

En 2014 obtuvo otro premio de los mencionados por su cinta Salto de vida. En 2013 hizo Mitote y, dos años más tarde, Resurrección, su última película.

Actualmente, realizaba los retratos de las mujeres destacadas del Trinity College, de Cambridge, Inglaterra. La institución celebraba 40 años de la presencia femenina.

Eugenio Polgovsky, quien también fue editor, actor y productor, siempre siguió el camino de la denuncia y la reflexión.

Sé que mi trabajo es marginal, pero creo que los elementos tecnológicos abren puertas, así como algunos foros. Para mí, el placer es ver nuestras historias, por lo que voy a seguir luchando para mostrarlas, afirmó en una ocasión a La Jornarda.

El documentalista registraba la memoria colectiva: dar un punto de vista de mi ciudad, de mi país, al que amo, pero que me duele, decía.

Cuando rodó Mitote, comentó que vivimos mucha desigualdad social, un dolor brutal de racismo; en una sociedad de castas que no queremos ver. Vivimos en la filosofía del promocional, de la ficción política. La esperanza está en hacernos todos una limpia, una sanación, una catarsis colectiva.

Su producción más reciente era Resurrección, que estrenó en festivales de Francia y de México, como Ambulante e Internacional de Cine de Morelia.

En París ganó el premio especial del jurado del 33 Festival Internacional de Cine del Medio Ambiente, el certamen más antiguo del mundo en su tipo.

El tema ambiental era lo que lo atraía recientemente. Salto de vida y Resurrección seguían la historia de El Niágara mexicano: el Salto de Juanacatlán, en Jalisco, afectado por la contaminación y voracidad de fábricas que desaguaban en él.

Era un paraíso natural y eje del sustento y vida de los pueblos... con la llegada del desarrollo industrial y las promesas de modernidad para los campesinos y pescadores, se transformó desde hace tres décadas en una ruina: su cauce está lleno de tóxicos industriales, lixiviados de las basureras e innumerables descargas y desagües de drenajes de los pueblos establecidos a las orillas del río Santiago, que nace en el lago de Chapala y rodea Guadalajara antes de llegar al océano Pacífico, afirmó.

De la devastación nace la esperanza

Era nuestro Niágara mexicano, la séptima cascada más grande del mundo. Era el orgullo de los pueblos a sus orillas, El Salto y Juanacatlán, y muchos otros más como Tololotlán, de los pueblos más antiguos de Jalisco y por donde hoy fluyen por sus calles de piedra antigua los jugos de la basura, que está a sólo un kilómetro, y que llegan a sumarse a todas las formas de contaminación que entran al río.

Sin embargo, contaba Polgovsky, quien estudió cinefotografía y realización en el Centro de Capacitación Cinematográfica, que de estas cenizas y devastación nace la esperanza en la lucha pacífica de una familia ejemplar y el colectivo Un Salto de Vida: héroes anónimos que hoy son una cascada humana, sana y transparente de esperanza y energía vital.

Así fue el cineasta, un activista de la lente.