cultura | 16 de Abril de 2018

Con esos materiales, la convención defiende al pueblo wixárika de las mineras canadienses, así como su cosmovisión, rituales y territorio sagrado, que abarca los estados de Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Michoacán, Nayarit y Jalisco. Foto Roberto García Ortiz / La Jornada

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Israel Campos Mondragón / La Jornada

 

Ciudad de México, 16 de abril.- Protesta, reflexión, color y arte wixárika articulan la exposición colectiva Wirikuta, montada en la Galería José María Velasco del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Reúne 30 obras de jóvenes creadores que participan en la Convención Metropolitana de Artistas y Trabajadores de la Cultura.

Incluye serigrafías, grabados en linóleo y punta seca, además de 11 piezas de estambre y chaquira, confeccionadas por el pueblo wixárika, que facilitó el gobierno de Zacatecas.

La muestra se acompaña por textos del ensayista Ignacio Betancourt, el antropólogo Mauricio Genet, el crítico de arte Alberto Híjar y el promotor cultural Jacinto López, de ese pueblo originario.

Wirikuta es un proyecto que surgió en 2012, impulsado por maestros de la gráfica que invitaron a nuevos talentos para divulgar la cultura wixárika.

De ese modo surgió el vínculo con la Convención Metropolitana de Artistas y Trabajadores de la Cultura, colectivo que apoyó, con más de 10 mil carteles, al movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desde 1995.

Con esos materiales, la convención defiende al pueblo wixárika de las mineras canadienses, así como su cosmovisión, rituales y territorio sagrado, que abarca los estados de Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Michoacán, Nayarit y Jalisco.

Reúne diferentes generaciones
Felipe Hernández, Leopoldo Morales, Arturo Reyes y Antonio Valverde comparten a La Jornada la relevancia de esa muestra y explican sus obras, preocupados siempre por difundir la cultura wixárika y dispuestos a denunciar, desde el arte, los daños ambientales irreversibles en esa región.

“Todo el montaje de la exposición huele a lucha; tenemos artistas como Felipe Hernández, integrante del movimiento estudiantil de 1968, y Adolfo Mexiac, creador del famoso grabado Libertad de expresión y parte esencial del Taller de Gráfica Popular, que participan en esta exposición”, detalla Leopoldo Morales, artista tlaxcalteca, autor de Peregrinación, xilografía incluida en la muestra.

Morales la realizó a orillas del Cerro del Quemado (San Luis Potosí) y representa la cascada ubicada detrás de ese monte, donde se erige un centro ceremonial para el pueblo wixárika. Llegué solo, con mis tablitas, atrás del cerro y ahí me puse a tallarlas.

Otro aspecto determinante de esa exposición es que aglutina creadores de diferentes edades; hay una combinación de viejos con jóvenes, celebra Felipe Hernández, uno de los artífices de la Convención Metropolitana de Artistas y Trabajadores de la Cultura.

Hernández participa con la serigrafía dedicada al corazón sagrado de los compañeros huicholes, que es el cerro del Quemado.

Esta pieza, sin título, integra un corazón y dentro de éste un dibujo, hecho a mano, del cerro, cactos y biznagas, iconos representativos de esa región; también destacan las frases: Salvemos Wirikuta y Corazón sagrado de México.

Imukui, guardián de la tierra
Arturo Reyes, nacido en Zacatecas, rinde homenaje al arte wixárika con una obra en formato digital. La dificultad fue imprimirla; los integrantes de la convención se encargaron de tan arduo trabajo, explica el autor.

Vivió 25 años en el extranjero y comparte que en otros países el arte de los wixaritari es muy bien recibido, aunque en México nos gusta discriminarnos.

La mayoría de las personas dice que las creaciones del pueblo wixárika son artesanías, pero en realidad es arte, aclara Arturo Reyes.

Antonio Valverde se suma a la muestra con “una alegoría al guardián de la tierra wixárika, Imukui, que incluye símbolos como el peyote, dividido en cinco, número importante en la cosmogonía de ese pueblo y la entrada al mundo que se representa con el ojo de agua”, detalla.

Reconoce que existe un racismo disfrazado. Para la gente, todo lo indígena es aceptado, mientras sea para la historia, es bienvenido y hasta se sienten orgullosos, pero no se unen a la lucha; se hacen a un lado.

La finalidad de la exposición Wirikuta es motivar en el espectador que ese arte es contestatario y lleva a una acción.

La muestra en la Galería José María Velasco (Peralvillo 55, colonia Morelos) concluirá el 6 de mayo. La entrada es gratuita y la visita es de 9 a 17:30 horas, de martes a domingo.