espectáculos | 16 de Marzo de 2017

Los actores Ewan McGregor (izq.) y Robert Carlyle en una escena de ‘T2. Trainspotting’. Foto Agencias/Archivo

Por

Por 

Agencias

La nostalgia puede ser engañosa, imprimirle un tono rosa a recuerdos que quizás no lo merezcan. ¿Recordamos con cariño nuestra juventud porque era idílica o simplemente porque era nuestra, con tantos errores aún por cometer?

Esa es la pregunta central en T2 Trainspotting, que trata de la calidez difusa de la nostalgia, tanto por sus personajes como por su público.

Veintiún años después de que Trainspotting conmocionara a los cinéfilos con representaciones de uso de drogas y miembros sin rumbo de la generación X, T2 reúne al guionista, director y elenco originales para otra oportuna mirada a la vida moderna.

Estas personas que pasaron su veintena consumiendo heroína y cometiendo delitos menores en una película de culto que capturó la voz frustrada de una generación son ahora hombres de mediana edad, con toda la perspectiva y el remordimiento que puede traer el paso del tiempo.

Por supuesto, el director Danny Boyle, el guionista John Hodge y los actores Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner y Robert Carlyle han vivido ese mismo paso del tiempo, lo que hace que T2 sea aún más conmovedora que una película ordinaria sobre la amistad.

Aquí, los personajes ficticios y los protagonistas de la vida real enfrentan los mismos retos de la edad y la madurez; de volver a un lugar formativo luego de dos décadas y reflexionar sobre lo que ha ocurrido desde entonces.

Mark Renton (McGregor), que dejó las drogas y estafó a sus amigos en la Trainspotting original, regresa a Edimburgo en un momento en que la vida se le desmorona. Buscó exactamente el tipo de vida corriente contra el que clamó en el famoso monólogo del filme "elige la vida". Pese a tener esposa, hogar, empleo estable y membresía en un gimnasio, Renton se siente deprimido.

Encuentra que Sick Boy (Miller), ahora conocido como Simon, sigue viviendo en el suburbio. Con el mismo pelo desteñido que llevaba en sus 20s, Simon financia su adicción a la cocaína filmando en secreto a los hombres que duermen con su novia prostituta, a quienes luego chantajea.

Spud (Bremner) sigue luchando con su adicción a la heroína, y sus relaciones personales son un desastre. Begbie (Carlyle) sigue en la cárcel.

Todos guardan cierto rencor contra Renton, que ha venido a redimirse.

Hay una madurez y una seriedad en T2 que la original carecía. Si Trainspotting era un chico irreverente que consideraba la heroína un pasatiempo alegre y el hurto un componente esencial de la vida, T2 es el hermano mayor marchito que entiende las consecuencias. (Nota a los espectadores: aunque T2 ofrece suficientes explicaciones para poder verse independientemente, quienes vieron la original disfrutarán más la secuela).

Pero T2 todavía resulta muy divertida. Boyle juega con algunos de los trucos cinemáticos que fueron tan deslumbrantes en la original, aunque ahora lucen menos innovadores. También hay un atraco emocionante, una banda sonora contundente y una excelente actualización del discurso "elige la vida" de Renton.

Y Spud emerge como el centro de la historia.

Más que idealizar una juventud avivada por las drogas, T2 trata sobre aceptar esa realidad y darle su valor. Estos chicos no se burlan de la sociedad como lo hicieron hace 20 años. Reconocen que son parte de la sociedad, les guste o no, y que solo ellos pueden vivir sus vidas, por más que estén reducidas a escombros.

Es una historia de redención en la que cada uno de los personajes hace las paces con su pasado. Para estos cuatro tipos lo importante ahora no es la rebelión, sino la amistad, la familia y ver las cosas como son.

T2 Trainspotting, un estreno de Sony Pictures, fue clasificada R en Estados Unidos (menores de 17 años deben estar acompañados por un padre o representante adulto) por "uso de drogas, lenguaje soez, fuerte contenido sexual, desnudez y algo de violencia". La AP le da tres de cuatro estrellas.

La película se estrena el viernes en Estados Unidos.