espectáculos | 15 de Abril de 2019

De la Parra dirigió a la Orquesta Nacional de España. Foto Armando G. Tejeda

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Armando G. Tejeda / La Jornada
Madrid, 15 de abril.- Su energía, su elegancia en la conducción de la batuta, su hondo conocimiento de las partituras y la alegría con la que dirige llevó a la mexicana Alondra de la Parra a debutar de forma arrolladora en España. En el Auditorio Nacional, dirigiendo a la Orquesta Nacional de España, De la Parra ejecutó un repertorio contemporáneo –con piezas de Leonard Bernstein, George Gershwin, Arturo Márquez y Silvestre Revueltas–, para rendir un homenaje al cine y a la música latinoamericana de las décadas recientes, que provocó un aplauso cerrado de más 10 minutos con el público de pie, entregado a la joven directora mexicana que inicia una gira por varios países europeos. 
 

“Maravilloso”, “impresionante”, “a pesar de la dificultad del repertorio, la ejecución fue impecable” o “cuánto derroche de talento y energía”, fueron sólo algunos de los comentarios que provocaron las casi dos horas y media de concierto de la directora mexicana en Madrid, que se convierte en su debut en España, a pesar de que en su corta, pero brillante carrera, ya le ha llevado en el pasado a dirigir algunas de las orquestas más prestigiosas del planeta, como la de París, la Filarmónica de Londres, la de Zúrich, la de la Radio Sueca, la Sinfónica de Sao Paulo, la de la Radio de Berlín y la de la Academia Nacional de Santa Cecilia, entre otras. 

De la Parra dirige actualmente la Orquesta Sinfónica de Queensland, en Australia; además es embajadora cultural oficial de México. Entre sus virtudes más celebradas están su profundo conocimiento de la música clásica latinoamericana contemporánea, sobre todo la mexicana, la cual suele difundir adónde va su batuta. 

Para su debut en Madrid coincidió que participaba dentro de un ciclo que pretende alejarse de los repertorios tradicionales y hacer sonar en el templo de la música clásica de Madrid otras piezas, en este caso relacionadas con el cine. El ciclo al que fue invitada De la Parra se llama Cine y Música. Eso explica que todas las piezas elegidas, además de ser obras monumentales de compositores consagrados también formaron parte de la banda sonora de alguna película y en algunos casos de filmes que abarrotaron las salas por su música. 

Las primeras obras que dirigió De la Parra fueron las danzas sinfónicas de West Side Story, de Bernstein, que forma parte ya del imaginario colectivo y que la directora mexicana llevó a la Orquesta ibérica con rotundidad, contagiándoles su ímpetu virtuoso, su alegre cadencia y su magistral técnica para hacer brillar a cada sección de la orquesta, sacando la mejor versión del sonido de sus instrumentos. Estas danzas, inspiradas en Romeo y Julieta desde la perspectiva de la guerra de bailes en las fiestas de fin de curso, también sirvió para que la orquesta, junto con De la Parra, chasquearan los dedos y gritaran al unísono varias veces: “¡Mambo!” 

Después de la difícil e intensa pieza de Bernstein siguió uno de los momentos más bellos del concierto: la interpretación de la Rhapsody in Blue,de Gershwin, en la que estuvo acompañada por el mítico pianista dominicano Michel Camilo, más conocido por sus interpretaciones y composiciones jazzísticas, que lo han catapultado a ser considerado uno de los grandes maestros de la actualidad. Sus manos bailaban sobre el instrumento, mientras De la Parra mantenía la intensidad de una obra que fue compuesta para la ejecución de un piano y una banda de jazz. La directora mexicana llevó los vientos, las percusiones y los metales a una cota altísima de musicalidad, que congeniaba al milímetro con la interpretación memorable del dominicano. Por eso, y a pesar de ser sólo el intermedio, el público rindió el primer homenaje a esa dupla de maestros de la música con un fuerte aplauso de pie. Lo que motivó a que Michel Camilo regalara un bis, en este caso una canción popular caribeña con ribetes jazzísticos. 

Apoteósica segunda parte 

La segunda parte del concierto fue netamente mexicana. Primero con el bellísimo Danzón número 2, de Arturo Márquez, que, a pesar de que es una obra que se estrenó hace sólo 25 años ya se ha convertido en una de las más celebradas e interpretadas de la música culta mexicana. Además de De la Parra, quien lo ha interpretado muchas veces y tiene al menos una grabación, también es admirada por directores como Gustavo Dudamel, que también la grabó con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. 

El final del concierto fue La noche de los mayas, de Silvestre Revueltas, que no se había escuchado en España desde hace décadas y que además sirvió para que la propia De la Parra explicara que se trataba de una música que fue compuesta por encargo para la película con el mismo nombre y que cuenta la historia de una disputa amorosa de una maya que tiene que decidir si irse con un hombre de su comunidad o con un conquistador español. “En la obra se cuenta el coraje de un pueblo. Un coraje y un resentimiento que ya no existe. Aquí, en Madrid, me siento como en casa”, dijo la directora mexicana, provocando así la sonrisa cómplice y más aplausos. 

El público reconoció la entrega, la calidad de la dirección y el derroche de energía de la directora mexicana con más de 10 minutos de aplausos con el público de pie. Quizás el mejor regalo para un debut. 

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