Chihuahua | 15 de Abril de 2018

Griselda Triana, esposa de Javier Valdez (derecha), con sus hijos Francisco Javier y Tania, ayer en la Casa Refugio Ci­tlaltépetl. Foto Roberto García / La Jornada

Por

Por 

Blanche Petrich / La Jornada
Ciudad de México, 15 de abril.- El periodismo de Javier Valdez Cárdenas recuperó la voz y se hizo presente este día de su cumpleaños a través de la lectura a 10 voces de una selección de breves columnas que escribió hace ocho, 10 y 12 años, con el título de Malayerba.

Patrick Timmons, periodista británico, cuando llegó a este país se empeñó en traducir a su lengua los textos periodísticos del sinaloense, quien fue corresponsal de La Jornada en Culiacán, y, según confesó, irremediablemente se volvió adicto a ese estilo periodístico que muchos reconocen como la crónica en su más alta expresión. Fue por eso que Griselda Triana, esposa de Valdez, le pidió que para conmemorar la fecha montara una lectura a 10 voces con una selección de Malayerba, que tuvo lugar anoche en la Casa Refugio Ci­tlaltépetl, en la colonia Condesa.

Esas pinceladas de la realidad que conforman las crónicas de Valdez, en opinión de Timmons, no son, como sostienen algunos, tarjetas postales, sino algo más complejo, “trazos de un gran lienzo puntillista, al estilo de Seurat, que narran el día a día de la vida de los culichis en los terribles tiempos que corren”.

Malos tiempos que corren para el periodismo en todo el mundo, precisa la periodista española María Verza, una de las voces para revivir las crónicas de Valdez, quien recordó los asesinatos en estos últimos días de cinco colegas más: los ecuatorianos del periódico El Comercio, el reportero Javier Ortega; el fotógrafo Raúl Rivas y el conductor Efraín Segarra, ejecutados cerca de la frontera colombiana. Y también Abdullah Al Quadry, fotógrafo abatido en Yemen, y Yasser Murtaja, en Gaza.

María Verza dio vida con su lectura a la historia que escribió Javier Valdez para revivir el cruce fatal de caminos de un joven veracruzano quien, por su carácter bullanguero no pudo cumplir la recomendación de sus familiares: Si vas a Culiacán no voltees. No veas a la gente de otros carros. No grites ni reclames. No cambies de luces. No manejes en chinga, ni andes rebasando. Y si voltean a reclamarte y te cambian las luces y te gritan y te pitan y te pasan en chinga por un lado, rebasándote, no los peles.

El muchacho cumplió al pie de la letra hasta que se aclimató. Luego tuvo amigos. Y se echaban carrilla entre ellos, bromeaban. Hasta que a su cuate, El Ambriz, se le atravesó un día el mal genio, se hartó de sus bromas y le vació su pistola escuadra en la cabeza.

Del mismo modo, Daniela Pastrana leyó Dios no existe, sobre el profundo desencanto de la niñez; Alejandro Almazán leyó sobre la mujer luchona que visita a su amante narco en la cárcel; Marta Durán de Huerta leyó Las llaves de la ciudad, de la ocasión en que Julio Iglesias fue a cantar a un auditorio en Culiacán y despertó los peligrosos celos de un pistolero al que le encabronó la fascinación de su novia con el cantante español. Así, seis textos más y uno, inédito, agregado fuera de programa como una regalo sorpresa para la hija mayor de Javier Valdez, Tania, quien pronto cumplirá 23 años. El texto de cuando tenía cinco años y le dijo a su papá: quiero ver el amanecer, e inauguró un ritual que sacó a padre e hija todos los días de la cama antes de la salida del sol para ir a saludar los primeros rayos del nuevo día.

En 2017, cuando se reditó Malayerba, la periodista Mónica Maristain, de Sin Embargo, le preguntó:

–¿Eres persona especializada en el narco?

–Fíjate que yo siento que soy experto en gentes. Me he especializado en contar la historia de las personas, en el narco. Sí tengo información de los capos, de las raíces, pero mi trabajo ha sido más la gente que ha padecido el narco.