Baja California | 14 de Noviembre de 2015

El pino de Tecate sólo se localiza mayormente entre los arroyos de la región y su escasa proliferación se debe a que intervienen algunos factores como la latitud y altitud, el tipo de luz solar y la condición del microclima prevaleciente ahí. Foto Especial

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Notimex

Tijuana, 14 de noviembre.- Baja California cuenta con una franja de cadenas montañosas desde la Alta California, separadas por valles limitados en cuya superficie se reproducen algunas especies vegetales únicas por estar adaptadas a la escasez de agua, como es el caso del Ciprés de Tecate, que sólo crece en dicho municipio.

Ante el limitado recurso acuífero, el ecosistema se vuelve particularmente característico, inmerso en una condición mayormente entre desértica y mediterránea, aunque mucha vegetación local se desarrolla fuera de este último clima.

Árboles como el encino, manzanita, álamo, pueden ser encontrados aquí como en otras regiones del país; sin embargo, existe uno que sólo crece en el área de Tecate, se trata del ciprés (cupressus forbesii) o pino de Tecate, que sólo se desarrolla a muy baja escala, porque incluso, en el resto de los municipios no crece.

El encargado de Forestación y Viveros del Sistema Municipal de Parques Temáticos, Jorge Tapia Búrquez, reconoció que este árbol es poco conocido debido precisamente a su área limitada de reproducción y a los escasos ejemplares que prevalecen.

El pino de Tecate sólo se localiza mayormente entre los arroyos de la región y su escasa proliferación se debe a que intervienen algunos factores como la latitud y altitud, el tipo de luz solar y la condición del microclima prevaleciente ahí.

El agrónomo Jorge Tapia recordó que en alguna ocasión se produjo esa variedad de pino en el vivero del cual es responsable, pero fue donada a ese municipio ante las escasas posibilidades de que se desarrollara en la región de Tijuana.

Sin embargo, lamentó que al proyecto de incrementar el número de individuos en Tecate no se le haya dado seguimiento luego de la referida donación, pues sólo esa región es propicia para la adaptación de la variedad.

Consideró que debido a los pocos pinos de Tecate que prevalecen es necesaria la diseminación en un área más amplia de sus semillas para su propagación, pues esta especie ocupa poco mantenimiento y una vez que se desarrolla se aferra al suelo.

La principal característica de las especies nativas de la región, explicó, es su adaptación a las condiciones de sequía o de poca agua, de tal manera de que si ésta fuera trasplantada a un lugar donde el líquido abundara, simplemente no sobreviviría.

Tanto el clima desértico como mediterráneo de la entidad propician un tipo específico de vegetación para cada uno de ellos, pues mientras una constituye una de las regiones más áridas debido a la escasez de las precipitaciones pluviales, la otra es moderadamente húmeda.

En esta última condición climatológica es característica la proliferación de neblinas, las que contribuyen al desarrollo de estos organismos, aunado también al ambiente en ocasiones provocado por temporadas húmedas y frías.

Matorrales costeros, marismas, chaparral y coníferas, entre otras, forman parte de las cuatro mil 452 especies de plantas nativas distribuidas en 795 géneros que existen en la región mediterránea, llamada también región californiana.

En cambio, en la zona desértica que ocupa un gran porcentaje del territorio bajacaliforniano, la vegetación en el suelo arenoso es capaz de sobrevivir debido a su capacidad para almacenar el agua necesaria, pero de lento crecimiento por la escasez de nutrientes.

Géneros como las cactáceas, existen cerca de 500 especies a lo largo de la península bajacaliforniana; arrancarlas de su hábitat la ha puesto bajo amenaza, por su lento crecimiento.

Aunque las cactáceas no son exclusivas de esta región, su área de distribución y existencia son las zonas desérticas, y su característica para captar la mayor cantidad de agua para su almacenamiento, le ha permitido desarrollar raíces de hasta 30 metros.

Esta longitud por el subsuelo, inclusive de hasta 30 metros para la captación de la mayor cantidad de agua posible, por las escasas lluvias, ha impedido la erosión de la tierra en las zonas áridas donde ésta crece.

Esta característica ha provocado que investigadores, ecologistas y conservacionistas hayan puesto empeño en su protección y desarrollo en estas zonas, e incluso haya reservas ecológicas de cactus como la del Valle de los Gigantes, en San Felipe.