cultura | 14 de Mayo de 2019

“A partir de la sensación de que es un abuso y de que la mediatización de los eventos polariza más a la sociedad, surge esta idea de hacer un texto que contenga una anécdota en que pueda hacerse visibles estas opiniones”, según el coautor. Foto Jesús Villaseca / La Jornada

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Merry MacMasters / La Jornada  

Ciudad de México, 14 de mayo.- Las redes sociales, los linchamientos mediáticos, estereotipos, lugares comunes y el victimismo, todo cae bajo sospecha y se cuestiona en Tal vez mañana sea un día cualquiera, obra de teatro escrita por Alejandro Ricaño (Xalapa, 1983) y Luis Eduardo Yee, que se estrena en el Foro Lucerna.

Después de una fiesta de cumpleaños, llena de excesos en su casa, Ema (Sara Pinet) ya recuperada se da cuenta de que su amigo Nico no contesta sus llamadas. Indaga sobre su paradero con quienes estuvieron en la fiesta, sin embargo nadie sabe nada. Después de dos días se va a un ministerio público para denunciar la desaparición del antropólogo Nico, aunque el agente Valdemar (Héctor Trujillo) le resta seriedad por falta de pruebas. Ema se da cuenta que tendrá que investigar por su cuenta.

Para Luis Eduardo Yee -también actor que interpreta a Pat, amigo de Bernie (David Calderón), ex novio de Ema, acusado de asesinar a Nico- alimenta la obra acontecimientos que “luego se vuelvan inquietudes para escribir sobre ciertos temas, como el uso de las redes sociales o la mediatización de la personalidad”. Es decir, “ahora parece que lo que pones en tus redes es más verídico de lo que sucede fuera de ellas”.

Entonces, “a partir de la sensación de que es un abuso y de que la mediatización de los eventos polariza más a la sociedad, pues surge esta idea de hacer un texto que contenga una anécdota en que pueda hacerse visibles estas opiniones”, detalla el coautor.

Tal vez mañana sea un día cualquiera, sin embargo, es una obra colectiva: “Todo el equipo hizo una estructura, luego se discutía la anécdota y el ensayo/error. Se leían versiones y se corregían cosas hasta que llegamos entre todos a un acuerdo. Entonces, Ricardo y yo tuvimos la tarea de unificar los estilos, de apretar algunas tuercas para que funcionara de mejor manera”.

A Sara Pinet, quien ha trabajado con Ricaño antes, le resulta distinta una obra como esta más enfocada hacia el suspenso, de tipo thriller. “Es una obra que tiene su ojo puesto en la intriga que se genera, y en el trabajo de los personajes en torno a eso”. El proceso actoral, sin embargo, fue distinto a obras anteriores ya que “no trabajamos juntos todo el tiempo, sino que ensayábamos en parejas. Después hubo que hacer un ensamblaje. Fue una exploración muy interesante a nivel actoral tener que crear con mi pareja cada escena –en cada escena sólo aparecen dos actores a la vez-- y después tener que reunirnos todos con Ricardo, y con la ayuda de la dirección crear la versión final”.

Paula Watson (Irene) tampoco había tenido la experiencia de un trabajo en pareja “desfasado de toda una obra”. De allí que “tener que ir juntos sin estarlo fue un reto que personalmente me costó trabajo. No obstante, poco a poco platicamos, complementamos con conversaciones, opiniones, ya sea aparte hasta lograr ese trabajo en equipo, al que tal vez yo estaba más acostumbrada. Todavía descubro muchas cosas de la obra que aun tengo que integrar”.

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