cultura | 14 de Abril de 2018

Los artistas trabajan permanentemente, pero su situación laboral suele ser intermitente y la cobertura social nula; en la imagen, foro de economía y cultura promovido por el candidato Andrés Manuel López Obrador, en la cual participa Alejandra Fraustro, su prospecto para ocupar la Secretaría de Cultura. Foto Cortesía

Por

Por 

Vianka R. Santana

México es un país con un patrimonio cultural de excepción, con un legado histórico como el de pocas naciones, con una diversidad cultural pluriétnica, una cultura indígena viva, latente, con un legado arqueológico que no deja de sorprendernos y que habla por sí solo de la grandeza de nuestros antepasados. Un país con reservas de la biósfera, con una flora y fauna extraordinaria, y una extensa geografía en la que caben todos los paisajes. Una república laica, pluripartidista, con una Carta Magna que da testimonio de los encuentros y desencuentros sociales, pero también, de las asimetrías económicas. Ese es el territorio en el que se inscribe la Cultura Mexicana.

Como cada seis años, los artistas, creadores, artesanos, académicos y gestores, nos llenamos de esperanza y lanzamos al aire una apuesta cargada de voluntad y deseo, esperamos ansiosos que el eco de nuestras peticiones, de nuestras reflexiones con respecto a la situación que guarda el arte y la cultura, reverbere de algún modo en el recuerdo de aquellos que llegan a ocupar los puestos de elección popular, y esperamos ansiosos que "algo" suceda, que algo cambie definitivamente. Y tercos como somos, al final de cada sexenio, vaciamos nuestro bolso lleno de desencanto y lo volvemos a llenar de una esperanza nueva.

No somos los ilusos soñadores que no se cansan de creer en imposibles. Somos arduos trabajadores del arte y la cultura, que creemos en lo que hacemos y que estamos convencidos y dispuestos a defender nuestra posición, a dignificarla ante los ojos de los gobiernos y las instituciones que nos han mirado de lado, y que históricamente nos han visto  como sujetos de asistencia y no, como sujetos de derecho.

Los artistas y creadores, no queremos subvenciones y bolsas de recursos sujetas a la circunstancialidad política, no queremos "becas", "apoyos", "estímulos", ni convocatorias cooptadas por los mismos "consejos" integrados a modo.  Queremos mecanismos nuevos, transparentes, abiertos y plurales, que permitan una verdadera promoción del arte y la cultura, es decir, programas que favorezcan verdaderamente la producción de nuevos bienes y servicios culturales, desde la consideración de que son los artistas y creadores, quienes con su trabajo y  obra, dan vida y sentido a las instituciones de cultura. Porque hemos llegado a un punto en el que pesan más, mucho más las estructuras burocráticas, que las posibilidades reales de atención al reconocimiento, difusión, promoción y producción del arte.

En estas consideraciones, cabe recordar que México firmó desde 1981 el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, pero que aun ahora, a la vuelta de 37 años, no contamos con los mecanismos y protocolos de exigibilidad, por lo tanto, muchos de estos derechos culturales, derechos de tercera generación, siguen sin proveerse a los ciudadanos mexicanos.

No es mi interés ni sería correcto desestimar el trabajo que a lo largo de este sexenio pudo realizar el gobierno federal a través de la Secretaría de Cultura, no podría pretender negar la importante labor en materia de trabajo comunitario que ha podido realizarse a través de los proyectos intersectoriales con los organismos civiles y las instituciones estatales y municipales a lo largo del territorio mexicano. De la misma manera, habría que reconocer y agradecer que los tijuanenses, de manera excepcional con respecto al resto de las ciudades del país, podamos contar con la única institución federal de cultura desconcentrada, me refiero desde luego al Centro Cultural Tijuana, que desde hace poco más de tres décadas, ha sido el referente cultural y artístico de la frontera y del Noroeste de México, y ha sido nuestra casa.

En este periodo se han realizado importantes proyectos, y se ha logrado tejer una valiosa red de trabajo intersectorial, pero aún hay una larga agenda pendiente, una larga lista de asuntos no resueltos, que bien vale la pena ponerlos una vez más sobre la mesa, en el interés de que puedan ser integrados, considerados, en este Proyecto de Nación que nos convoca y nos llena de esperanza a tantos mexicanos.

En la agenda pendiente, la Protección Social del Artista es un tema relevante. Se requiere incorporar una nueva modalidad en el sistema de estímulos a creadores de trayectoria, que permita a los artistas y creadores de la tercera edad, contar con servicios médicos y con una pensión para  vivir con dignidad y producir libremente en la etapa de mayor madurez creativa, sin el agobio de la desprotección ante la enfermedad, la falta de vivienda y la falta de los medios necesarios para la subsistencia. Existe una iniciativa suscrita por un grupo ciudadano que ya no está en activo, pero que puede rescatarse como punto de partida. En 2005 el Foro Cultural Ciudadano FOCUC, planteó un amplio proyecto en el que con la concurrencia de los gobiernos federal y estatal, se puede integrar un fondo con esta finalidad, vigilado a través de un consejo constituido por miembros de la comunidad artística y cultural, con la necesaria participación de las instituciones de salud locales y regionales.

Los artistas trabajan permanentemente, pero su situación laboral suele ser intermitente y la cobertura social nula. Los artistas y creadores de trayectoria a lo largo y ancho de la república, no son solamente aquellos que logran acceder al Sistema Nacional de Creadores, la gran mayoría, después de una vida enteramente dedicada a la creación y el magisterio, a brindar belleza y enaltecer con su inteligencia a la sociedad, concluyen sus días en un abandono social y en la desprotección. La Protección Social del Artista, es un derecho referido en el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

En la agenda pendiente, el Patrimonio Cultural Material e Inmaterial, que requiere atenderse de una forma más amplia. Los Consejos Consultivos y las Comisiones de Patrimonio no están haciendo su labor a cabalidad, no se están dictaminando los edificios históricos y en consecuencia, los estamos viendo caer para contemplar el surgimiento de edificios comerciales. Los denominados "pueblos mágicos", se han vuelto una trampa de la astucia del empresariado, y como un decorado escenográfico, se han maquillado sin atender las dinámicas culturales que les dieron esa vocación de inicio.  El trabajo de rescate arqueológico requiere también de la concurrencia y participación de la Secretaría de Cultura, aunque el INAH sea la instancia por definición, dado que también alrededor de la investigación arqueológica y del rescate patrimonial, existe la necesidad de documentar, registrar y preservar, desde la óptica de la antropología y la investigación social, aquellas expresiones artísticas y culturales que muchos de los casos, vienen aparejadas.  El patrimonio inmaterial también está presente en la producción artística. En estas consideraciones la UNESCO declara como ¨Tesoros vivientes¨, a aquellos hombres y mujeres que en sí mismos son un testimonio vivo de culturas y expresiones artísticas originales. La producción artística, debe ser vista también como lo que es: un patrimonio cultural.

En la agenda pendiente, el estímulo a la producción de arte para niñas, niños y adolescentes.

La creación artística para público infantil y juvenil,  requiere un espacio abierto. Es necesario dejar de mirar con soslayo a los creadores cuya labor está centrada en la creación de obras artísticas para niños en todas las disciplinas. Es tiempo de reconocer que la literatura infantil y juvenil es acaso igual o más compleja que la literatura para adultos, lo mismo la dramaturgia, la danza, la producción audiovisual. El arte para niños no es un arte menor, requiere de un especial compromiso y tiene una función social de excepción en términos de construcción de ciudadanía.

Se requieren mayores recursos y programas para que los creadores que trabajan para este importante sector de la sociedad, puedan multiplicar sus esfuerzos y llegar cada vez a más mexicanos, y a las zonas de escasa cobertura de bienes y servicios culturales.

En el terreno de la música se ha avanzado considerablemente con las Orquestas y los Coros Comunitarios, pero no debemos olvidar las otras disciplinas artísticas, cuyo poder de resiliencia es igualmente poderoso.

En la agenda pendiente, la vocación de los Centros Estatales de las Artes. La infraestructura cultural para la enseñanza artística a nivel de formación profesional, constituye un instrumento fundamental para el desarrollo cultural en los estados. La vocación de estos Centros es clara y contundente, y no debe permitirse que la finalidad en términos de profesionalización del quehacer artístico, se pervierta para convertirlos en centros de replicación cultural, es decir, en grandes espacios para realizar "eventos culturales", o en el peor de los escenarios – y el más recurrente-, en elefantes blancos, en estructuras acéfalas en las que caben todas las disciplinas, pero en las que no existe un mínimo compromiso por ofertar programas debidamente estructurados, con docentes certificados y planes de estudios debidamente formulados. Si bien las Casas de Cultura tienen una vocación de iniciación, sensibilización e integración de las comunidades de referencia, no deben ser imitadas por los Centros Estatales de las Artes. La problemática es profunda y en mucho responde a que el ejercicio presupuestal,  privilegia la estructura burocrática por sobre la creación de condiciones para que los maestros de arte puedan concentrarse exclusivamente a su práctica docente, y no, a la venta de espacios al interior del aula, de los que sólo podrá obtener al final del día, un indigno 50% del costo de las colegiaturas.

Los Centros Estatales de las Artes, fueron concebidos para actualizar, fortalecer y profesionalizar el trabajo de artistas y creadores, para abrir espacios para la creación artística, para reconocer las fortalezas de sus creadores y ejecutantes, y generar procesos formativos con altos estándares competenciales y de eficiencia terminal.

Necesitamos que las deudas políticas de los partidos y los gobiernos, no se salden con la conducción de nuestros Centros Estatales de las Artes.  Se requiere que la Secretaría de Cultura ejerza a cabalidad su derecho legal –de conformidad a normativa de los Centros-, de participar en la designación de titulares, así como en la vigilancia para que la conducción pedagógica sea llevada por especialistas en las diferentes disciplinas.

En la agenda pendiente, la vigilancia y el escrutinio del cumplimiento de los proyectos, de aquellas asociaciones civiles, fundaciones, patronatos y demás organismos civiles, que acceden a importantes recursos federales a través de la mediación de los diputados en la Cámara, y que han encontrado en el arte y la cultura una oportunidad de negocio, pero que no constituyen una empresa creativa, y no aportan en los hechos a sus comunidades de referencia. Existen importantes proyectos que gracias a los subsidios federales, han verdaderamente logrado mantenerse e incidir en las comunidades a través de diferentes disciplinas e intervenciones artísticas. Festivales, Coloquios, Jornadas, Encuentros, Proyectos de arte mural, orquestas, coros, teatros itinerantes, intervenciones en zonas marginales, en poblaciones vulnerables, en ámbitos de reclusión, espacios culturales independientes, y en un largo etc,  son proyectos que han logrado acercar el arte y la cultura a sectores olvidados. Sin embargo, muchos otros proyectos – a falta de expertos para hacer labor de lobby en la Cámara- se han perdido ante la falta de apoyos e interés, mientras que otros, han perfeccionado el mecanismo sin afinar la vocación social.

Es importante que los recursos lleguen a más proyectos, y que exista una verdadera vigilancia para evitar la generación súbita de entidades legales, que acaparen recursos necesarios para aquellas organizaciones que cumplen una verdadera labor.

En la agenda pendiente, la necesaria ampliación de las publicaciones, no sólo en el contexto de la literatura, sino también en la difusión de la obra de los creadores de artes visuales, el registro de las artes escénicas y la producción musical. Al margen de los certámenes literarios, abrir canales para que aquellos que cuentan con proyectos editoriales independientes, puedan acceder a recursos y programas de difusión, lo mismo que las entidades municipales.

En la agenda pendiente, la articulación de una verdadera política cultural, que de manera transversal se ponga en marcha a nivel regional y nacional, considerando las asimetrías económicas y sociales que guarda el país, y estableciendo una ruta de trabajo conjunto e intersectorial, con la concurrencia de la comunidad cultural y artística de México. Una política cultural que ponga en marcha la cobertura de los Derechos Culturales, y cambie el paradigma del valor y la pertinencia del trabajo cultural y artístico ante la sociedad, reconociendo la dignidad de los creadores y artistas, para que sean vistos como sujetos de derecho y por lo tanto, tratados en estricto respeto de su condición de protagonistas del desarrollo cultural.

En la agenda pendiente, la atención de los mexicanos en el extranjero a través de las redes consulares, para allegarles una oferta artística y cultural que les permita fortalecer su sentido de identidad. Esto además, constituiría una oportunidad para generar empleos e itinerar el trabajo de los artistas en otras latitudes.

De  la misma manera, la atención de los migrantes en las zonas de mayor movilidad y fluctuación poblacional, mediante programas y políticas culturales que atiendan no en la urgencia y la emergencia, sino en la prevención de condiciones que les permitan incorporarse social y culturalmente. En otros países, los museos han jugado un papel fundamental en este tipo de contextos, a través de la interlocución entre las instituciones de migración y los centros de cultura, para realizar intervenciones y experiencias estéticas, que a los migrantes les permitan vincularse con una nueva realidad, a partir de hacer suyo los espacios públicos emblemáticos. 

En la agenda pendiente, fortalecer el sistema de bibliotecas públicas, ampliar la infraestructura, en coordinación con las instituciones de cultura y a través de un trabajo dirigido a convertirlas en epicentros culturales en las comunidades. En este tema, no solo es necesario dotarlas de acervos y de condiciones óptimas, es necesario también, abrirlas a la posibilidad de la concurrencia de artistas, creadores, activar proyectos alternos de artes y oficios, así como de divulgación de la cultura nacional.

En 2001 por primera vez en se emitió una Recomendación de una Procuraduría de Derechos Humanos en el tema del derecho a las Bibliotecas Públicas, emitida por el ex procurador Raúl Ramírez Baena, en un ejercicio inédito de atención a los Derechos Culturales. Esta recomendación se emitió en Tijuana Baja California.

En la agenda pendiente, resignificar la infraestructura cultural existente, dotarla de vitalidad y sentido, a,  través de proyectos permanentes que apuesten por la continuidad, exigiendo perfiles adecuados para la conducción de las instituciones, adelgazando la estructura burocrática y optimizando la operatividad. En otras palabras, aligerar las instituciones para que exista mayor recurso para la promoción y difusión del arte y la cultura. Sencillamente, no es viable que algunas instituciones de cultura destinen más de un 70% a su estructura burocrática, dejando un estrecho margen para la eficacia.

La agenda pendiente es evidentemente muy amplia, quisiera poder enunciar cada uno de los asuntos inconclusos, pero seguramente a lo largo de estos foros se irán sumando cada vez nuevas visiones y voces.

Me quedo con una última petición: Que los programas y proyectos que han dado resultados se mantengan. Que no se invente todo cada seis años. Que las personas que han ganado experiencia y demostrado capacidad, puedan tener la oportunidad de continuar aportando, y no sean desplazados para que otras, ajenas al arte y la cultura, sin la formación profesional necesaria y a manera de "cuotas políticas" vengan a aprender y reinventar espacios y programas que ya estaban dando resultados, o en el peor de los escenarios, a entorpecer la marcha de las instituciones.

Agradezco la oportunidad de externar mi personal punto de vista, que considero es compartido por muchos otros, y deseo sinceramente que el Proyecto de Nación pueda ser puesto en marcha.

Académica, artista y promotora cultural
artsmagisterium@gmail.com

Sondeo

¿Cuál es la causa de la ola violenta que se vive en Tijuana?