Baja California | 13 de Noviembre de 2018

Hernández Gálvez señala que fue torturado por el propio Leyzaola y aunque logró demostrar que había sido víctima pasó 3 años en la cárcel, antes de ser absuelto de supuesto robo. Foto tomada de Facebook 

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Fernando Camacho Servín / La Jornada

Ciudad de México, 13 de noviembre.- En caso de que el ex militar Julián Leyzaola Pérez gane las elecciones para la alcaldía de Tijuana, a realizarse en junio de 2019, la población de dicha ciudad estaría ante el grave riesgo de que la gobierne un personaje con múltiples acusaciones de tortura, las cuales nunca han sido investigadas seriamente y por lo tanto siguen en la impunidad, señaló el policía municipal José Luis Hernández Gálvez.

En entrevista con La Jornada, Hernández recordó que en 2010 fue detenido de manera arbitraria y con exceso de violencia por los escoltas de Leyzaola, cuando éste se desempeñaba como secretario de seguridad pública de Tijuana, para “fabricarlos” a él y a otros compañeros como culpables de un caso de robo cometido en contra de turistas.

Al negarse a asumir una responsabilidad que no le correspondía, Hernández Gálvez fue torturado por el propio Leyzaola y sus guardias privados, y aunque logró demostrar que había sido víctima de malos tratos, pasó tres años en la cárcel, antes de ser absuelto, recuperar su libertad y más tarde su trabajo como policía municipal.

Tras la experiencia vivida, afirmó el agente, se dedicó a denunciar los actos de tortura que ha cometido Leyzaola en los cargos públicos que ha tenido en Tijuana y en Ciudad Juárez, los cuales han provocado que la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como las estatales de Baja California y Chihuahua, hayan dirigido un total de 27 recomendaciones contra el ex militar.

A decir de Hernández Gálvez, los señalamientos que ha hecho contra su ex jefe tuvieron incidencia para que éste perdiera las elecciones de 2016 para ser alcalde de Tijuana, en las cuales compitió bajo las siglas del Partido Encuentro Social.

Cuando Leyzaola anunció que volvería a competir por la alcaldía de la ciudad fronteriza (otra vez por el mismo partido), Hernández comenzó a recibir amenazas de muerte para que cese su campaña de denuncias, pero dice que no va a hacerlo, porque si eso llegara a ocurrir, no sólo él y otros policías estarían en riesgo de sufrir nuevos ataques, sino que la sociedad tijuanense estaría expuesta a un torturador y “estaríamos construyéndole un monstruoso monumento a la impunidad”.