mundo | 13 de Julio de 2017

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Leonardo Bastida Aguilar, Letra eSe

En la terminal de autobuses del poblado de Santa María, al sur de Brasil, en el municipio de Rio Grande del Sur, muy cerca de Uruguay y de Argentina, Cilene se hace cargo de la limpieza del lugar, en específico, el área de los sanitarios. Esa es una de las pocas opciones que le quedaron después de abandonar la escuela tras sufrir constante violencia por parte de sus compañeros y ser abusada sexualmente por el psicólogo de la institución educativa.

Limpia ambos baños, los de mujeres y los de hombres, porque a diferencia de sus compañeras, ella puede entrar a los dos pues se considera “una mujer con pene”. Tiene cierta dualidad porque lo mismo se pueden referir a su persona como “él” o como “ella” y no le genera ningún problema identitario, pues siempre responde e interactúa con las demás personas sin congojarse por la manera en que la llaman.

Con rasgos marcadamente afrobrasileños, comenzó su transformación corporal en medio de muchas problemáticas al interior de su familia, que no la aceptó y la cuestionó hasta obligarla a abandonar su casa. Intentó volver varias veces pero la respuesta siempre fue la misma, conflicto, repudio hacia su cuerpo. Su padre siempre se refirió a ella por su nombre masculino, incluso cuando lo cuidó de una grave enfermedad, y le recalcaba el asco que sentía por ella. Sus hermanos siempre le reiteraron la aversión hacia su persona.

Con cambios visibles en su cuerpo, ingestión de hormonas y silicón en sus pechos, ahora vive con su madre pero su vida no es muy distinta a la de otras travestis de la pequeña ciudad, considerada como una ciudad cultural, por albergar una de las universidades más grandes de la región. Todas se enfrentan a golpizas, peleas, drogas, bebidas, heridas, robos e investigaciones por parte de la policía. Cuando le preguntan cómo se define, Cilene indica que es hija de Oxun, en alusión a la diosa yoruba de la belleza, los ríos de agua dulce, la salud y la fertilidad, con cuerpo de Xapana, amo y señor de las enfermedades y las pestes, tanto para curarlas como para causarlas, convirtiéndose en una narrativa totalmente diferente a la conocida, mostrando la carencia de vocabulario en las lenguas y que algunos conceptos como naturaleza, tradición y modernidad van perdiendo su significado habitual cuando se presenta esta dualidad identitaria que no desea encasillarse en una sola identidad, género o sexo, sino por el contrario, los abarca a todos y a ninguno de manera simultánea. 

Un cuerpo modificado de una persona del interior de Brasil es como el antropólogo brasileño Pedro Paulo Gomes Pereira describe, o más bien, refiere, pero no clasifica, a Cilene, a quien observa como una persona alejada de todos los conceptos que se han construido alrededor de la identidad de género, el cuerpo y la sexualidad. Y que a través de realidades como la de ella le han llevado a dilucidar sobre la posibilidad de que construcciones teóricas críticas como la teoría queer y la propuesta de una decolonización del pensamiento se conjunten en algún punto de sus trayectorias epistemológicas.

Lo decolonial

De visita en México, a propósito de una estancia académica en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género en la Universidad Nacional Autónoma de México, el especialista en temas como cuerpo, salud, enfermedad, VIH, sida, biomedicina y tecnología de la Universidad Federal de Sao Paulo considera a lo decolonial como aquello separado del aparato ideológico y cultural que ha mantenido la superioridad de los países del Norte global, aquellas naciones que históricamente han dominado otras partes del mundo, sobre los del Sur, dominadas por otros países a lo largo de gran parte de su historia. Esto da pie “a la apertura de puertas a otras historias, otros movimientos, otras experiencias y a otros temas y asuntos encubiertos por la lógica de la colonialidad”. Esta construcción conceptual deriva de la propuesta de Aníbal Quijano, sociólogo peruano que demuestra cómo a pesar de los procesos de emancipación de Europa de las naciones latinoamericanas, el pensamiento colonial permaneció intacto en gran parte de América, permitiendo la réplica de la misma estructura sociopolítica sin necesidad de una dominación externa sino una de corte local, más asimilada a la cultura europea que a la local.

Para el autor de De cuerpos y travesías: una antropología de cuerpos y afectos, es importante comprender que colonialidad y colonialismo no significan lo mismo. El colonialismo implica la existencia de una matriz colonial de poder y de administración que ayuda a mantener la dominación mientras que la colonialidad es todo aquel contexto que pervivió, incluso, una vez terminada la dominación colonial y tiene sus remanentes en la estética, el cine, la publicidad, hasta el día de hoy, pues permite la dominación y la funcionalidad de muchas formas coloniales de pensar.

Lo contrario a la pervivencia de dicha estructura sería la decolonialidad, es decir, el desprendimiento de esa lógica colonial y de sus efectos. “Realizar una operación de alejamiento de la visión eurocéntrica del mundo y abrir el pensamiento a otras experiencias, teorías e ideas, pero sobre todo, a los otros, aquellos descalificados históricamente por una visión colonial”, propone el estudioso crítico de las teorías de género y autor de numerosos artículos sobre las diferentes realidades sociales del género.

Lo queer

Ante la postura de un mundo en el que sólo existían dos posibilidades de ser: hombre o mujer, asumiendo que el sexo determina el género de las personas, cercando las posibilidades de sexualidad e identidad a un contexto binario, surgen planteamientos teóricos cuestionadores de esa visión. Uno de ellos es la teoría queer, nacida bajo la idea de reconceptualizar sexualidades e identidades alejadas de la homogeneización cultural.

Con muchos años de experiencia reflexionado sobre lo que implica el vocablo queer, el investigador brasileño considera que el término surgió como una crítica hacia los intentos de establecer categorías identitarias con respecto a la orientación sexual, identidad o expresión de género de la persona, de agrupar a los cuerpos disidentes, de visualizar al mundo como binario, únicamente con la posibilidad de existencia de dos sexos, privilegiando la epistemología heterosexual dominante en muchos campos de la ciencia y de la sociedad, e incluso la normalización de los términos lésbico y gay que han impedido la visibilización de otras orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género.

A esto se suma que dentro de lo queer tiene cabida lo malentendido como “lo extraño”, eso alejado de las definiciones identitarias e inconforme con la visión eurocéntrica, heterosexual y blanca, orgulloso de su manera de ser. Por tanto, no podría concebirse una sola explicación del concepto ni un intento por universalizarlo y convertirlo en una categoría única de conocimiento. Por el contrario, para el especialista, el origen del planteamiento de lo queer, recargado en la idea que es una indagación crítica alejada de la pretensión de llegar a un consenso universal, implica una permanente duda, un riesgo latente de transformación, una alejamiento constante de la interpretación tradicional de los cuerpos, una decolonización de dicho conocimiento.

Nuevas generaciones

¿Qué ocurre si la teoría queer sale del espacio donde fue concebida, el Norte global, y aterriza en otras latitudes geográficas como el Sur? Para Gomes Pereira la respuesta apunta a que se encontraría con el pensamiento decolonial, pues ambas visiones interrogan a las propuestas teóricas que generalizan presupuestos y eluden de sus formulaciones a los otros. De cierta manera, ambas posturas critican “la colonialidad del poder”, ya sea sobre los cuerpos, las sexualidades o las sociedades, y por tanto, continuarían con su tarea crítica al no aceptar imposiciones teóricas excluyentes en las que aquello cuyo lugar en las construcciones epistemológicas y sociales tradicionales no tiene cabida pero que desde estas perspectivas tienen un lugar fundamental y preponderante. 

Así, lo queer decolonial sería un movimiento que busca eliminar las distancias derivadas de la excesiva categorización recurrente del pensamiento occidental a través de la apuesta por otros cuerpos, saberes y experiencias. Este es el lugar de Cilene, un discurso inacabado, cuya provocación deriva en la apertura a otras formas de pensamiento y de ver las realidades.

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