cultura | 12 de Octubre de 2017

El director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan” dedicó la distinción a las madres y padres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa Foto La Jornada

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La Jornada

Ciudad de México, 12 de octubre.- El Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan” y su director, Abel Barrera, recibieron esta noche el Premio Amalia Solórzano de Cárdenas 2017 por su incansable trabajo en favor de las comunidades de la montaña de Guerrero. Barrera dedicó el reconocimiento a las madres y padres de Ayotzinapa, “quienes luchan porque veamos un México donde la verdad impere, y donde los desaparecidos sean recordados en todo momento”.

Durante la ceremonia de premiación, que se realizó en el Palacio de Minería, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, presidente del Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano -agrupación que otorga el reconocimiento- destacó que desde su fundación, en 1993, el Centro Tlachinollan “ha librado una desigual lucha por la defensa de los derechos de la gente de la montaña de Guerrero en primer lugar, pero también de los derechos de todos los mexicanos, enfrentando la bandera de la ley, con valor, firmeza y dignidad, a autoridades corruptas, insensibles socialmente y al dolor humano, violadoras de la justicia y de los derechos a vivir, a ser y a progresar”.

Por su parte, el académico Adolfo Gilly, integrante del Consejo del Premio, indicó que esta organización civil y sus miembros se juegan la vida día a día, “serenos y silenciosos en la defensa de la vida y los derechos del pueblo de Guerrero”.

El director del Centro Tlachinollan enfatizó que “en este día (12 de octubre) de la resistencia y la combatividad de los pueblos de América, es muy significativo recibir este reconocimiento. Llega en un momento sumamente crítico, desvastador, por la violencia que nos avasalla y la impunidad que atrofia nuestro  sistema político. Es significativo por lo que han representado para nuestro país Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, porque entregaron su vida en la defensa de la soberanía nacional”.

Agregó que en contextos tan cruentos como los que hoy se viven en Guerrero, invocar los derechos humanos suele ser una voz perdida en la montaña. “Es picar piedra, muchas veces parece ser un esfuerzo ingenuo o inútil, ante tanta impunidad y violencia. No en pocas ocasiones la desesperanza nos lleva incluso a cuestionarnos sobre la relevancia de fincar nuestras acciones desde este paradigma”.

Sin embargo, subrayó, el equipo de la Hong ha resistido gracias al ejemplo de las comunidades originarias indias de la montaña. “Nos han enseñado que la gesta por los derechos humanos no es en vano, más bien implica reciedumbre, sacrificio y mucho valor. Sin evocar este término, han dado lecciones al país de lo que representa defender la vida y el territorio con la propia vida”

Mención especial hizo para las madres y los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos desde el 26 de septiembre de 2016, caso que ha sido acompañado por su organización civil. “Han irrumpido en la escena nacional para desenmascarar el pacto de impunidad que coexiste entre las altas esferas del poder y las organizaciones criminales. A más de tres años, son el reservorio moral de un país de muertos y desaparecidos, un país que nos duele, donde los rostros de los 43 se han transformado en los emblemas de nuestra esperanza. Los papás y mamás son una luz en esta noche turbulenta, marcada por la catástrofe y la devastación política. Su inquebrantable búsqueda por la verdad ha desbaratado la verdad histórica y ha hecho un socavón a la felonía del gobierno”.

Recordó una reflexión del presidente Lázaro Cárdenas: “El gobernante que pretende encausar a su país hacia la democracia tiene que empezar por ser un verdadero demócrata, y demostrarlo tolerando la oposición, por más cruda que se ejerza en el mitin, en la prensa, en la diatriba personal”. En ese sentido refirió que a lo largo de tres años de lucha de los padres de Ayotzinapa han aprendido lo que significa dignidad”.

“Han sido estas familias quienes han enseñando al país cómo los derechos humanos no pueden estar alejados de la solidaridad nacional ni de las luchas sociales que los interpelan a todos debido a su intrínseca relación.  Doña Amalia, un ejemplo vivo de esta solidaridad latinoamericana que estuvo siempre en el corazón de las mujeres y hombres que lucharon en su país para acabar con gobiernos dictatoriales. No podemos olvidar que ella fue una entusiasta promotora del movimiento de liberación nacional. su corazón grande la llevó a brindar apoyo al exilio chileno y a establecer lazos con organizaciones solidarias de otros países”.

Barrera señaló que hoy se viven tiempos adversos para que los defensores de derechos humanos reivindiquen su vocación de trabajar por la defensa de estas garantías.  “Los saldos de la crisis de violencia que vivimos no permiten ningún tipo de optimismo en un país que se ha poblado de víctimas, donde la sociedad se debate en medio del fuego cruzado de la violencia estatal y de la no estatal. Sin embargo, para Tlachinollan en este contexto adverso, a más de dos décadas de nuestra formación, los derechos humanos concebidos desde el lado de las víctimas, siguen erigiéndose como un bastión de resistencia frente a los poderes que amenaza la vida digna, de ninguna otra forma podríamos seguir el paso a las familias de Ayotzinapa”.

Por su parte, Cuauhtemoc Cárdenas aseveró que la organización ha sido denunciante y defensora de innumerables casos de violaciones, asesinatos, desapariciones, y en varias ocasiones ha sido la única. 

Resaltó que ninguna otra organización como Tlachinollan ha luchado porque se haga justicia para que se esclarezca la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa. “Sabemos que existen responsables de la desaparición de los 43, que incluso hay ya inculpados por ello, que se encuentran detenidos; son éstos, en todo caso, autores de delitos ejecutados por órdenes de otros. Se tiene Conciencia por lo tanto que existen otros responsables, autores materiales o intelectuales a quienes de diferentes maneras, autoridades del Estado han venido protegiendo con impunidad, evitando así que enfrenten la justicia”.

El ex candidato presidencial subrayó que en ningún caso se debe culpar a las instituciones por estos delitos. “El o los responsables de cualquier hecho que se trate, son siempre individuos con nombres y apellidos, en todo caso, funcionarios de instituciones que faltan a su deber; a éstos es a quienes indebidamente, en casos como el de los normalistas de Ayotzinapa, se brinda impunidad”.

Gilly de su lado resaltó que el Centro Tlachinollan ha acompañado de manera ininterrumpida casos grandes y no tan mediáticos de violaciones a los derechos humanos y destacó que organizaciones nacionales e internacionales han reconocido y premiado la labor de la organización y de su director.

El centro ha acompañado, dijo, a los padres de los normalistas en una epopeya en la búsqueda de la justicia y la verdad. Gracias a esa lucha, la verdad histórica de la PGR fue desmantelada. Es una epopeya que continúa sin reposo, dijo, pues ha resultado muy complejo y pesado luchar contra la indiferencia.

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