cultura | 12 de Julio de 2019

Además de la lectura de fragmentos de su obra, se interpretaron melodías alegres y populares que gustaban al autor de Chin Chin el teporocho. Foto Cristina Rodríguez / La Jornada

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Reyes Martínez Torrijos / La Jornada

Ciudad de México, 12 de julio.- El escritor Armando Ramírez pidió un funeral sencillo, lúdico y con música. Ayer se rindió al también cronista un homenaje de cuerpo presente en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia.

La titular de la Secretaría de Cultura federal, Alejandra Frausto Guerrero, anunció que desde el próximo lunes se proyectará gratuitamente en la Cineteca Nacional la película Chin Chin el teporocho, basada en la novela homónima del también periodista.

La funcionaria añadió que se efectuará un acto in memoriam, en fecha por definir, en la Galería José María Velasco, así como la participación del colectivo Tepito Arte Acá; además, se concretará un programa entre los institutos Mexicano de Cinematografía y Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal).

‘‘Armando fue una voz siempre presente, retratando realidades muy drásticas a veces, pero con una inteligencia que siempre se vio reflejada con el sentido del humor, en su prosa extraordinaria. Se va un grande, un personaje de la cultura de México muy querido”, sostuvo Frausto.

Su pluma nunca va a parar

Durante la mañana, en el lanzamiento de un programa de turismo social, el titular de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, José Alfonso Suárez del Real, pidió a los presentes ‘‘un aplauso para el gran cronista de la ciudad Armando Ramírez”.

En breve alocución, Jimena Ramírez Sánchez, hija del finado, dijo que la pasión de su padre ‘‘era la urbe. Adoraba su ciudad y el Centro Histórico. Un recuerdo de él era su caminar en el Centro. Sé que ahí seguirá el fantasma de Armando Ramírez. Él no perdió la maravilla de ir viendo los edificios. Me quedo con eso. Y con el padre y maestro de mi vida. Lo voy a extrañar mucho y sé que va seguir escribiendo donde esté. Su pluma nunca va a parar”.

Armando Ramírez, según el parte médico, falleció a los 70 años.

El también cronista Alfonso Hernández refirió que su amigo Armando Ramírez deseaba una despedida sencilla y lúdica, sin tristeza y con la música que le gustaba.

Destacó que el escritor recreó ‘‘la esencia no sólo del barrio de Tepito, sino la de todos los pueblos y barrios originarios, donde pervive la esencia de lo mexicano, donde no se consume fayuca cultural, y que el ser tepiteño es un estado de ánimo, una forma de vida pero sobre todo un estado mental”.

La primera guardia de honor estuvo integrada por la viuda del narrador, Araceli Sánchez Mecalco, y sus hijos Jimena, Marcela y Armando Ramírez Sánchez. Más tarde fueron relevados por familiares, allegados, Frausto, y la directora del INBAL, Lucina Jiménez.

Armando Ramírez Sánchez dijo que su padre era una ‘‘persona muy introvertida; no le gustaban mucho las cosas grandes”.

‘‘Este no es un momento para estar tristes. Quizá se va a extrañar el ‘¿Qué tanto es tantito?’ y el ‘Ay ojitos pajaritos’, sus historias y sus formas de narrar, pero deja un gran acervo, grandes enseñanzas y él va a seguir ahí.”

Armando ‘‘era nuestro contacto vivo con el barrio’’

Durante la tarde en ese recinto ubicado en la colonia Hipódromo se leyeron varios fragmentos de las obras del autor y periodista, y amigos de Armando Ramírez contaron anécdotas que afianzaron sus vínculos con el autor, mientras se escuchaban melodías alegres y populares que propiciaron un ambiente de algarabía.

Por otra parte, el actor Carlos Chávez, quien protagonizó la película y un montaje teatral de Chin Chin el teporocho, expresó que la filmación funcionó porque Armando Ramírez estuvo ahí; ‘‘él era nuestro contacto vivo con el barrio”. Gracias a eso, continuó Chávez, ‘‘trabajar en la película en Tepito fue una maravilla. Todo el barrio participó activamente sin ningún problema”.

Por la tarde reinó la paz.

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