espectáculos | 12 de Marzo de 2018

La forma del agua conecta con el público, luché por hacerla muy personal; despierta cosas positivas, pero también negativas, lo cual es parte de la experiencia, señala el cineasta. Foto Arturo Campos Cedillo / La Jornada

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Jorge Caballero / La Jornada

Guadalajara, Jal., 12 de marzo.- Guillermo del Toro, enorme por el lado que se le vea, se sonroja cuando se le pregunta si ya es un hombre con una agenda demasiado apretada para atender todas las solicitudes de entrevistas: ¡No tengo ni asistente! Tengo más de 500 correos electrónicos que no he revisado y un chingo de mensajes de voz. Soy un solo güey.

Agregó: Se pueden imaginar el nivel de trabajo que tengo que todavía no aterrizo. Estoy continuo desde el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia hasta ahora.

Sentado en un sillón verde, el laureado director afirmó: “Con La forma del agua se sumaron muchas cosas, aunque sé que todo viene junto, pues es parte de la misma experiencia; es un balance de fuerzas. Siempre llega lo bueno; siempre hay un halo de plata en cada nube. Tengo una película que conecta con el público, que luché por hacer muy personal, que despierta cosas positivas, pero también negativas, lo cual es parte de la experiencia. Tengo 25 años en esto y siempre es así: cuando surge lo negativo tienes que asumir que no son dos cosas opuestas, sino parte de lo mismo”.

No comparto 99 por ciento de mi existencia

Guillermo del Toro, quien ha desbordado esta ciudad con singular alegría, señaló que han sido tantas las especulaciones que todos han querido encontrar diferentes lecturas a un montón de rumores, pero no creo que me esté convirtiendo en un mito; mi existencia la mido desde otros lugares. La manera en la que interactúo con el público es uno, mi vida privada es otro y cómo vivo las cosas no pueden coincidir. Es decir, un reportero puede conocer .5 por ciento, mi parte pública; a lo mucho uno por ciento, pero hay 99 por ciento que no voy a compartir ni tengo por qué hacerlo. En eso hay que tener cuidado. Cuando alguien tiene una opinión de mí debe venir con un papel activo.

A la pregunta de cómo llegó a ganar cuatro premios Óscar por su reciente película, el director de Hellboy: el ejército dorado, respondió: “Todo vino con un chingo de trabajo y con muchos azares; por ejemplo, El laberinto del fauno fue a Cannes tuvo una ovación de veintitantos minutos, una cosa alucinante, pero no ganó; esa historia se queda sin contar, pero ese azar yo lo viví. Esa ovación fue curativa para una película que fue difícil de hacer.

“Ahora llega La forma del agua y todos decían que ganaría el Óscar; obtiene cuatro y al día siguiente tienes que dar explicaciones de por qué no ganó cinco.”

Reflexiona y señala: “El director es un corredor en un laberinto, tiene que saltar todos los obstáculos, pero en ellos está la oportunidad. Ese es un instinto que desarrollas a lo largo de décadas de oficio.

“Voy a contar una anécdota que sucedió durante el rodaje de La forma del agua. Para uno de los shots quería meter una grúa, la cual no cabía porque había un poste de luz que impedía que entrara. Ese día, cuando filmábamos, el actor Michael Shanon pierde el pie: su coche de 1961 se queda en drive, no en neutral, va directo hacia mí, que estaba en la unidad de video, pero se estrella en un último poste de concreto, se apaga, nadie sale lesionado, pero todo mundo está asustadísimo, y digo: ‘Ahora sí hay que meter la grúa’. A ese instinto es al que me refiero. Donde algunos ven caos yo veo una oportunidad”.

Del Toro, inquieto, se acomoda en el sillón y dice: “Tampoco soy un iluminado. Ningún cineasta lo es. (Los realizadores) heredamos una fórmula de hacer cine, que es argumental y de personajes; lo heredamos de la literatura y de la dramaturgia tradicional. Lo que se crea en el cine es una fusión plástica, de movimiento, luz y sonido que es única; ahí sí, la mirada tiene que ser la suma de tu experiencia y la experiencia que tengo yo es muy diferente, por las coincidencias, infinitamente bizarras, de cultura, origen, religión y educación. Eso es lo que sucede en mis películas; desde Cronos hasta La forma del agua mis cintas no hubieran existido si no las hago yo con el equipo creativo”.

Del Toro cruza pies y manos. A la pregunta de qué es lo que le asusta, si vive con monstruos, responde: Lo que realmente me asusta son las macroestructuras construidas para que sean una molienda humana a escala mundial. Por ejemplo, los valores que tenemos y celebramos son profundamente temporales; no tienen permanencia ni continuidad, eso asusta más que cualquier monstruo.

Luego se para pies y manos, y contesta a la pregunta de cómo ve a México desde fuera. Señala: “Lo importante de irse es volver, darse cuenta de que no es un viaje de un sólo sentido, sino de ida y vuelta, es continuidad. Este periplo se exige a casi todas las disciplinas. Picasso pasó grandes temporadas en París, de hecho es uno de los principales sospechosos del robo de la Mona Lisa; lo ven como un personaje oscuro e ilícito. Lo que hay que hacer es no tener miedo de viajar ni a nivel narrativo ni geográfico.

No se ve con sospecha que un artista de provincia salte a Ciudad de México; eso se mira como una migración natural. Lo que se observa sospechoso es que vayamos a Europa o a Asia a vender una pintura, una escultura o a filmar una película. Para mí, dos décadas de producir con Betha Navarro, absolutamente impecable, ha sido de continuidad.

Sobre el anillo que porta en el dedo anular de la mano izquierda, Del Toro dice que es para recordar que tiene que filmar En las montañas de la locura,del escritor Howard Phillips Lovecraft, y que si no la hace se lo llevará a la tumba, agrega el también escritor de La trilogía de la oscuridad. “La historia (del anillo) es cierta. No es que sea la película más importante para mí, simplemente es un acto de terquedad.

“Significan más Juan Rulfo, Mary Shelley y Jorge Luis Borges que Lovecraft, lo que no quiere decir que vayan a estar presentes en la obra que voy hacer, pero son pilares de creación. Cuando quiero escribir en inglés tengo que cambiar el switch. En La forma del agua por primera vez escribí diálogos en ese idioma, de lo que estoy orgulloso; me costó un trabajazo de más de dos décadas. Cuando cambio el switch al inglés leo a Robert Louis Stevenson, pero cuando quiero escribir en español leo a Rulfo.”