méxico | 12 de Marzo de 2018

Ricardo Anaya, durante su registro como candidato a la presidencia por la coalición Por México al Frente. Foto Cristina Rodríguez / La Jornada

Por

Por 

Arturo Cano / La Jornada

Ciudad de México, 12 de marzo.- Un viejo militante del Partido de la Revolución Democrática (PRD) tiene lista la consigna que ha ensayado con sus huestes, unas señoras gritonas de Iztapalapa. La consigna fue grito de guerra en la crispación esperanzada en 1988 y se dirigía a Cuauhtémoc Cárdenas: ¡Ya llegó, ya está aquí, el que va a chingar al PRI!

El grito ya no toma las calles sino un patio del Instituto Nacional Electoral (INE), y el destinatario es Ricardo Anaya, el joven panista de carrera meteórica, bueno para los duelos verbales y mejor aun para pisotear los cráneos que deja en el camino.

Anaya arrancó el sexenio con la boca llena de elogios para Enrique Peña Nieto y sus reformas, las que el Partido Acción Nacional (PAN) siempre quiso, el sueño azul hecho paquete legislativo. En el camino a su candidatura, Anaya se distanció de Peña Nieto. Desde el gobierno usaron a su oficina jurídica, la Procuraduría General de la República (PGR), para apachurrar al candidato.

El tiro por la culata
Así llegamos a este día. Anaya, herido de un ala, cree que al cuarto de guerra de Los Pinos le saldrá el tiro por la culata. Desde hace días ha llevado su nuevo papel (¡oh, Dios, sí sabían ser de oposición!) al límite de prometer cárcel para Enrique Peña Nieto.

Al candidato del Presidente no le dedica solo frases ligadas a la palabra corrupción. La chinampina del día la reserva para el puntero en las encuestas: Debatamos, si tiene pantalones, reta, machito y ovacionado, a Andrés Manuel López Obrador. Poco antes, Anaya ha cubierto la formalidad de entregar los papeles que requiere la ley y ha escuchado al consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova. El funcionario electoral pasea por los lugares comunes acostumbrados, sobre la autoridad vigilante y los partidos obligados a respetar las leyes. Pide a los candidatos hacer campañas tan ríspidas como sea necesario, pero también sustantivas. Y de paso nos avisa que, hagan lo que hagan el INE o los candidatos, nada pasará: El 2 de julio, dice, la vida en nuestro país continuará gane quien gane.

El mensaje central –algún día llegará la hora de las propuestas– lo resume Dante Delgado, dueño del Movimiento Ciudadano: “Dejamos de lado ambiciones personales y posturas partidistas para construir un frente… desde el principio sabíamos que enfrentaríamos la mezquindad del régimen”.

Dante, es de suponerse, no quiere ser ave de mal agüero cuando refiere que él sí sabe lo que significa enfrentar al poder. Dice que lo vivió en carne propia y que estuvo un año en la cárcel. Por supuesto, no culpa al operador de su aprehensión, Miguel Ángel Yunes, a quien todos acaban de mirar en una gran pantalla deseando suerte al candidato, sino a un presidente torpe, pequeño y traidor. Ernesto Zedillo, of course.

La fila de honor revela las jerarquías del frente. En el centro, el candidato. A su diestra, su esposa, seguida de Damián Zepeda, una figura del PAN nacional muy conocida en Sonora. A la siniestra de Anaya, en estricto orden jerárquico, Miguel Ángel Mancera, Alejandra Barrales (encarnación de la izquierda caviar, según Mikel Arriola) y Manuel Granados, encargado de despacho en el PRD.

El presidente de Acción Nacional se sumerge en las banderas blancas y azules del PAN, las amarillas del PRD y las naranja del MC para advertir al país que lo que hoy está bajo ataque no sólo es un hombre honesto, íntegro, lo que está bajo ataque es la democracia.

Nadie se atreve en este escenario a pedir explicaciones a Anaya sobre sus operaciones inmobiliarias, aunque en distintos espacios incluso algunos de sus simpatizantes le han pedido hacer aclaraciones que despejen toda duda.

Mancera llega tarde. Aunque hace rato habla el veracruzano Dante, los trabajadores de una empresa de transportes que ganaron lugar detrás de las vallas, no abandonan sus porras: ¡Mancera, Mancera! y ¡Barrales, Barrales! El candidato Anaya tiene agradecimientos especiales para ambos.

Yunes no es el único gobernador ausente. De hecho, solo asisten seis de 16 que llegaron con las siglas del PAN y el PRD. Graco Ramírez tampoco viene, y panistas de Morelos no se quedan con las ganas de acusarlo: Ya le dije a Graco, se dirige a Jesús Ortega un morelense, podemos ganar tres distritos, si no acordamos se los lleva Morena.

Los colores del PRD no podrían aparecer más deslavados. Con Mancera, lo que queda del PRD se entrega a Anaya con su inventario y sus consignas.

Va al fin de la mano del partido que, desde 1989 y a la hora de las votaciones en el Congreso estuvo siempre del lado del PRI. Por eso suena un tanto forzado que lo presenten como el enemigo del régimen.

De pie en el centro del escenario, yendo de un lado a otro como pastor que dicta sentencia, Anaya va contra las ideas antiguas de Morena y acusa a López Obrador de llegar al extremo de pactar perdón e impunidad con Peña Nieto.

Antes que las papeletas multicolores sean lanzadas al aire, antes de que las banderas caigan por los suelos, Anaya se monta nuevamente en la amenaza que soltó hace unos días: Con nosotros van a enfrentar la justicia y eso incluye al presidente Enrique Peña Nieto.

¿Agua y aceite en campaña? No para las militantes de base del PRD que portan orgullosas sus playeras amarillas y agitan a todo tren los banderines del PAN.

Sondeo

¿Cuál es la causa de la ola violenta que se vive en Tijuana?