mundo | 11 de Octubre de 2017

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España Foto Captura de pantalla

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Armando G. Tejeda, correponsal

Madrid, 11 de octubre.- Unas horas después de la declaración y segundos después de la suspensión de la independencia unilateral de Cataluña, el presidente del gobierno español, el derechista Mariano Rajoy, reunió muy temprano a su Consejo de Ministros para analizar la situación creada a raíz del discurso del mandatario catalán, Carles Puigdemont.

En virtud de la confusión creada con la sesión parlamentaria de ayer, Rajoy instó a Puigdemont a que aclare por los mecanismos oficiales si había decretado o no la independencia de Cataluña para, en caso de ser así, poner en funcionamiento el artículo 155 de la Constitución española, que supone la suspensión de la Autonomía y la destitución de los principales cargos públicos.

Del esperado discurso de ayer de Puigdemont nadie salió con una visión clara de lo que había pasado. Ni los propios diputados que apoyan la secesión; para unos se trató de una decisión clara y necesaria para encausar el diálogo con el Estado español, y para otros, sobre todo para los diez parlamentarios de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) se trató de un paso atrás y hasta de una “traición” al movimiento independentista.

El caso es que Puigdemont declaró la independencia y ocho segundos después anunció su suspensión a la espera de abrir una vía de diálogo con el gobierno español para hacer una transición pactada hacia el nuevo modelo que pretenden construir en Cataluña y que tendrá, según el proyecto separatista, forma de república soberana.

Sin embargo, la declaración no fue votada -tal y como establecía la propia ley de referendo que aprobaron los partidos soberanistas- y el único documento que se firmó no tiene ni membrete ni fue sometido a votación y ni siquiera se rubricó en el hemiciclo del Parlamento, sino en un salón contiguo. En dicho documento se decretó la independencia de Cataluña y se instó a la comunidad internacional a reconocerla como tal.

Pero la confusión no sólo se hizo patente en los propios independentistas, que criticaron con dureza el discurso de Puigdemont, sino también en el resto de partidos políticos, medios de comunicación y países aliados. Lo mismo ocurrió con el gobierno español, que después de analizar el discurso y el documento firmado por los 72 diputados separatistas, no tenía hasta hoy claro si se había declarado o no la independencia.

Por eso Rajoy compareció ante los medios de comunicación después de su reunión extraordinaria con el Consejo de Ministros para instar a Puigdemont a informar oficialmente y en un plazo de 48 horas si había declarado o no la secesión. Si lo confirma, entonces se activará el artículo 155 y se suspenderá la autonomía y las competencias delegadas en el gobierno catalán.

Además, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, que también reconoció lo confuso de la situación creada por el discurso de Puigdemont, anunció que había acordado con el presidente Rajoy abrir una reforma constitucional para analizar la mejor forma en la que se encaje Cataluña en el Estado español y para abrir una negociación dialogada para la resolución del conflicto.

El gobierno catalán de momento guarda silencio sobre la petición expresa y oficial del gobierno español, pero sí advirtió que en el caso de que se aplique el 155 quedará en “evidencia su talante” para solucionar una crisis que requiere de “diálogo y más diálogo”.