mundo | 11 de Septiembre de 2017

Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001 Foto Agencias

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La Jornada Baja California

“Nuestra guerra contra el terror inicia con Al-Qaeda, pero no termina ahí. No terminará hasta que todo grupo terrorista de alcance global sea encontrado, detenido y derrotado.”

 - George W. Bush (septiembre 20,2001)

El 11 de septiembre del 2001 Estados Unidos recibió el ataque más grande registrado en su historia. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados con el objetivo de impactarlos contra tres de los sitios más icónicos del país, el World Trade Center (Torres Gemelas), el Pentágono y el Capitolio. El gobierno de Estados Unidos señaló a la organización paramilitar Al-Qaeda como la autora del ataque debido a su violento historial.

Los primeros dos aviones colisionaron contra las Torres del World Trade Center en Nueva York, el tercer avión cayó sobre el Pentágono. La aeronave que se dirigía hacia el Capitolio, en Washington D.C., impactó en un campo de Pennsylvania luego de ser tomada por los  pasajeros que evitaron que llegara al destino planeado por los secuestradores. Se estima que más de tres mil personas fallecieron en esta catástrofe. Sin embargo, en otras partes del mundo el número de víctimas ha aumentado como consecuencia indirecta de los atentados a lo largo de los 16 años desde que ocurrió.

El 11 de septiembre permitió el surgimiento de un discurso que justificaría intervenciones y asesinatos masivos por parte del gobierno estadounidense bajo la bandera de la democracia y los derechos humanos. Los atentados dieron como resultado la “guerra contra el terrorismo”, expresión que se ha utilizado como herramienta política para posicionar la opinión pública de los ciudadanos estadounidenses a favor de acciones militares en Medio Oriente y África, siendo los casos más conocidos las intervenciones en Afganistán, Irak y Siria.

Cuando Estados Unidos entró en Afganistán, Al-Qaeda no había asumido la responsabilidad de los ataques, por lo tanto, no se le podía juzgar como el grupo terrorista culpable. Sin embargo, aún cuando no tenía pruebas, la milicia estadounidense inició una guerra que fue inmediatamente respondida por Al-Qaeda. Estados Unidos atacó esperando ser atacado de vuelta, técnica que ha utilizado en distintas ocasiones para conseguir el apoyo de sus ciudadanos. Al infundir miedo en la población, esta accede a que el gobierno haga la guerra en países lejanos, siempre y cuando la amenaza de otro ataque se esfume.  

Las intervenciones que se han justificado con el discurso del terrorismo, tienden esconder trasfondos económicos. La excusa para permitir una invasión es la seguridad nacional o salvaguardar la democracia, en este caso, fueran o no culpables a Estados Unidos le convenía entrar a Afganistán para apoderarse de sus enormes reservas de petróleo, oro, hierro, cobre, litio y otros minerales.

Desde el siglo XIX, las potencias se han inmiscuido en la organización política y económica de Medio Oriente sin tomar en cuenta diferencias culturales. Los conflictos actuales son el resultado de aquellas intervenciones descontextualizadas. Representan la reacción muchas veces radicalizada ante la búsqueda de la autonomía y el respeto a su historia y costumbres. Es sabido que los países que financian a los grupos terroristas son siempre los mismos: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Arabia Saudí e Israel. No es coincidencia que sean precisamente estos los que constantemente reciben ataques, encontrando en ellos la justificación para invadir.

Actualmente Al-Qaeda continúa operando, al tiempo en que surgen y se fortalecen decenas de grupos paramilitares como el Estado Islámico, que buscan reducir la influencia occidental en sus países utilizando la guerra como instrumento.

Siendo víctimas de la opresión, ¿existe el derecho a contestar las agresiones?

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