cultura | 10 de Enero de 2019

Mis libros, para bien o para mal, están confeccionados con los hechos insólitos de la historia de México, señaló Ignacio Solares, en entrevista con La Jornada Foto Yazmín Ortega Cortés

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Mónica Mateos-Vega

El escritor Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) reúne el trabajo que ha realizado en los pasados 40 años en el volumen Novelas históricas, integrado por siete narraciones y una colección de cuentos que no sólo despojan a varios personajes del oropel o el bronce que imprime el paso del tiempo, sino que revelan los aspectos insólitos de la historia de México.

Ahí queda mi obra, en este libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, casa editorial que tiene una tradición que no se acabará. Este libro es una suerte de resumen de lo que ha sido mi oficio de escritor, al grado de que, al verlo, me da flojera escribir y pienso que ya cerré el changarro, bromea el autor en entrevista con La Jornada.

Madero, el otro (1989), La noche de Ángeles (1991), Nen, la inútil(1994), Columbus (1996), La invasión(2005), Ficciones de la Revolución Mexicana (2009), El Jefe Máximo(2011) y Un sueño de Bernardo Reyes(2013) conforman la obra que plasma la fascinación de Solares por los detalles inusuales de la historia de México.

Hechizo y sorpresa

El hechizo y sorpresa que le causan al narrador algunas situaciones que han sucedido en el país está a flor de piel cuando habla, por ejemplo, del primer presidente elegido democráticamente en la República, Francisco I. Madero, quien fue espiritista, y a quien los espíritus le anunciaron que tenía que morir para fortificar la Revolución, que debía empezar a perdonar a quien lo asesinaría ya estando en el poder; eso lo dice en una carta de 1903.

Solares reconoce que entró a la historia de México “por la puerta trasera, porque no soy historiador. Hago novelas o cuentos fantásticos, pero tuve la suerte de hacerme amigo de Manuel Arellano, un historiador que fue gran amigo de doña Sarita Pérez de Madero, quien le entregó los originales de los diarios espíritas de su esposo. Tuve acceso a todas las cartas, conocí la letra espírita de Madero, porque él fue médium escribiente.

“Ahí me volví historiador sin darme cuenta, porque me fascinó el tema. Siempre he creído en lo sobrenatural, lo mágico, lo excepcional. Por más seguro que parezca el suelo que pisamos o el sol que nos alumbra, estamos rodeados de demonios que en cualquier momento pueden causar una hecatombe. Esa es la historia humana y no tiene remedio.

Elías Calles y el fantasma

“Desde chico me encantaba el tema porque en casa de un tío hacían sesiones espiritistas. Entonces, al conocer los escritos de Madero comencé un libro, y de ahí siguieron los demás, por ejemplo, el dedicado a Plutarco Elías Calles, quien también se volvió espiritista. Tuve acceso a una de sus cartas en la que confiesa que por las noches, en su estudio, a solas, ‘he empezado a ver fantasmas’.

“El fantasma no podría ser otro que el del padre Pro, al que mandó fusilar en el centro de la Ciudad de México, convocando a la prensa, aun cuando su jefe de policía le advirtió que no podían fusilar al clérigo porque la gente decía que era un santo, a lo que Elías Calles respondió: ‘Por eso, porque dicen que es un santo, hay que dar una lección, porque este país no progresará mientras no salga del fanatismo’.

“Calles, ese hombre tan pragmático, tan cerrado con respecto a lo religioso, se volvió espiritista y no dejó de asistir a sesiones todas las tardes, una vez a la semana, en una casona de Tlalpan. Pensar que nuestra historia está marcada por dos espiritistas es algo que, si no hubiera sucedido, nadie me habría creído. La realidad supera la ficción.

“En Chihuahua, Luis Buñuel me platicó que en Ciudad Juárez había un burdel de enanas que tenía mucho éxito con los estadunidenses, De inmediato pensé que ese era otro dato digno de novelar. Comencé a investigar, y un chino era el dueño del burdel.

La bandera en Palacio Nacional

“Los actos insólitos que salen de lo común, los demonios que nos rodean son fascinantes, y más al encontrarlos en la historia de México. ¿No es fascinante que en Palacio Nacional haya estado izada la bandera estadunidense? Bueno, pues Guillermo Prieto cuenta que al primer soldado que comenzó a izarla lo mató un disparo anónimo que seguramente salió de la Catedral.

“Después conocí la historia de un padre jesuita que vino a México a luchar por la religión católica, porque la invasión estadunidense también tuvo que ver con un problema religioso, ya que el protestantismo se enfrentaba con nuestro catolicismo. Me fascinó la idea de un sacerdote español jesuita que vino a México a disparar sobre el primer soldado que intenta poner la bandera de Estados Unidos.

Claro, esto último lo inventé, porque el trabajo de un escritor, sobre todo si está metido a historiador, es encontrar lo insólito. Mis libros, para bien o para mal, están confeccionados con los hechos insólitos de la historia de México, eso es lo importante, concluyó el autor.

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