méxico | 09 de Diciembre de 2018

Reaccionan bandas dedicadas al robo de combustible ante el cierre de la red Minatitlán-Querétaro: PGR. Foto Alfredo Domínguez

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Gustavo Castillo García / La Jornada
Ciudad de México, 9 de diciembre.- Tras el cierre de los ductos que conducían hidrocarburos a través del llamado Triángulo Rojo en los estados de Puebla y Veracruz, las redes de distribución y la refinería que se localiza en Guanajuato, se convirtieron en el principal punto en disputa para las bandas dedicadas al robo de combustible, un negocio que en esa zona incluye a células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), señalaron mandos de la Policía Federal y de la Procuraduría General de la República (PGR).

En agosto de 2017 Petróleos Mexicanos cerró por tiempo indefinido los ductos que corren desde Minatitán hasta Quéretaro, provocando que los grupos delictivos que operaban en El Triángulo Rojo, en los municipios de La Esperanza, en Veracruz, hasta San Martín Texmelucan, en el estado de Puebla, transformaran sus actividades ilícitas de huachicoleros a robo de autotransportes, extorsiones y asalto a trenes de carga.

En ese contexto, explicaron las autoridades, los municipios de Amozoc, Tecamachalco, Quecholac, Palmar de Bravo y Atzitzintla, en Puebla, se mantienen como zonas de alta violencia, ya que además de afectar a sus pobladores, los grupos delictivos se disputan las rutas por las que ahora se trafica combustible robado de los ductos que pasan por el Estado de México, Hidalgo y Querétaro.

A principios de este año se detectó presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación en la zona del Triángulo Rojo y disputas territoriales con integrantes de Los Zetas quienes controlaban la extracción y venta de combustible robado en carreteras de Veracruz, Oaxaca y Puebla.

Sin embargo, el cierre de los ductos y la movilidad de los grupos delictivos, principalmente del CJNG, y de la célula criminal que se escindió y a la que se ha denominado Cártel de Santa Rosa de Lima, han generado violencia en distintas zonas y regiones del estado de Guanajuato, al perder el control que tenían de la refinería de Salamanca en contubernio con ex trabajadores de Pemex.

El punto, señalaron los funcionarios consultados, es trascendente para la distribución de combustible ya que no sólo se surte a entidades como Aguascalientes, Jalisco y Guanajuato, sino que de allí corren los ductos que abastecen a regiones en el norte del país.

A principios de este año, además de las medidas de vigilancia dentro de la planta de Pemex, en Guanajuato se puso en marcha un nuevo sistema de medición y control de la cantidad de combustible transportado por las pipas hasta su entrega a las gasolineras o empresas y el monitoreo –por regiones– de los volúmenes de combustible transportado en los ductos, lo que ha permitido disminuir el número de tomas clandestinas, situación que también hay generado confrontaciones entre los grupos delictivos por mantener sus zonas de extracción ilícita.

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