cultura | 09 de Julio de 2017

Juan Villoro el pasado jueves, durante la charla que ofreció en la Fonoteca, cuya sala abarrotó Foto Yazmín Ortega

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Fabiola Palapa quijas, La Jornada

El escritor Juan Villoro, quien recientemente finalizó el espectáculoMientras nos dure el veinte, con historias musicalizadas de su libro Tiempo transcurrido, ofreció este jueves una charla en la Fonoteca Nacional sobre el rock progresivo que definió las costumbres de una generación, su experiencia con algunas bandas, la relación que encontró entre la música y la literatura, así como su participación en el programa El lado oscuro de la Luna, que transmitía Radio Educación.

La velada con el autor comenzó con los recuerdos de su infancia, cuando en casa escuchaba la música de los Beatles y, según le contó su mamá, a los dos años le encantaba el rock. Después, en su adolescencia, descubrió que la experiencia de la música era compartida, porque se escuchaba en grupo, alrededor del tocadiscos y que ahora eso muy diferente con el uso de los audífonos.

"La experiencia era comunitaria porque comprábamos discos entre cuatro personas y cada uno tenía el disco una semana e íbamos los mismos a escucharlo a otra casa, así es como fui creciendo; si no hubiera sido por esa experiencia compartida no me hubiera gustado tanto la música."

Villoro, quien estuvo acompañado por el etnomusicólogo y diyéi Bruno Bartra, recordó también la aventura que implicaba conseguir un disco o una revista extranjera. Las disqueras nacionales casi no fabricaban acetatos no comerciales, entonces tener a un amigo con una tía hospitalizada en Houston fue algo importante en su vida, ya que cada vez que cruzaba la frontera con la tía, regresaba con un pedido de discos y cuyos títulos les resultaban muy extraños como Flying Burrito Brothers.

Las palabras del escritor fueron acompañadas por la música. El público escuchó por ejemplo The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, y algunas piezas cuya letra escribió Villoro y que canta el grupo Café Tacvba.

Un mundo de mensajes encriptados

En el acto que estuvo abarrotado, por lo que incluso se colocó una pantalla en el patio de la Fonoteca para transmitir la charla, Villoro comentó que no era fácil descifrar las letras de las canciones de los grupos de rock y a los jóvenes les interesaba saber dónde vivían los artistas y lo que pensaban.

"Todo ese mundo de mensajes encriptados me parecía extraordinario; quizá lo que más me gustó de la música es que era una narrativa para nuestra vida. Yo no sabía que iba a escribir. Todo lo que estoy diciendo tiene que ver con historias, con un contexto donde ocurren las historias; fue una preparación, sin que me diera cuenta para luego escribir de este mundo contracultural."

Al referirse al programa de radio El otro lado de la Luna, donde participó como guionista, el escritor comentó que el título además de parecerle muy poético y extraordinario también “alude al reverso de las cosas, a lo que no puedes conocer, y en cierta forma la música de rock era una zona desconocida para la mayoría de las personas.

"Lo que tratábamos de denotar era que la música de rock, en su sentido más profundo, siempre ha estado interesada en búsquedas culturales y sociales, y que muchos grupos han propuesto otra manera de ver la realidad, de ver el mundo, otra manera de transformación, espiritual o social. Por ejemplo, la guerra de Vietnam se ejerció en la música de rock de manera muy consistente."

Durante la charla que sostuvo con Bruno Bartra, el autor expresó que en su literatura siempre regresa en cierto modo el tema del rock, por eso acaba de escribir una puesta teatral relacionada con Lou Reed. “La obra se llama La guerra fría y se ubica en Berlín, donde vivía Lou en tiempos de la guerra, pero en la pieza de teatro la guerra fría es entre una pareja; se trata de una relación tortuosa y esto tiene que ver con Reed y su disco Berlín, que tiene toda una narración”.

Villoro, quien confesó que prefiere los discos de acetato que al formato digital, también adelantó que tiene otro libro que saldrá proximamente con el título El vértigo horizontal, texto personal sobre su vida en la Ciudad de México. Indicó que el título surgió de la canción Laberinto que escribió para Café Tacvba, donde habla de la mancha urbana, Tenochtitlán.

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