cultura | 09 de Febrero de 2015

El muralista Álvaro Blancarte inaugurará su obra 'Ancestros' en las instalaciones de la garita de Tijuana, este martes 10 de febrero.
El muralista Álvaro Blancarte inaugurará su obra 'Ancestros' en las instalaciones de la garita de Tijuana, este martes 10 de febrero. Foto Miguel Cervantes Sahagún.

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Miguel Cervantes Sahagún

Tijuana, 9 de febrero.- El muralista Álvaro Blancarte optó por dejar de lado las controversias modernas del mundo fronterizo y se fue a los orígenes, a una época en que no había muros o mallas. Su obra, Ancestros/Tipei Ñakor Yaak, plasmada en una pared de más de 100 metros que será inaugurada este martes 10 de febrero en la garita de Tijuana, nos remite a la cosmogonia kumiai. La obra será lo primero que vean de México quienes ingresan desde Estados Unidos o lo último cuando se sale del país, en el cruce fronterizo de El Chaparral. Su elaboración forma parte del Segundo Festival Cultural Internacional.

“Quise mejor hacer un tema reflexivo sobre quiénes fueron los primeros habitantes de la región. La etnia kumiai vivió en esta zona que ahora está marcada por líneas, fronteras y represión”, explica Blancarte (Culiacán, Sinaloa, 1934) en entrevista con La Jornada Baja California.

“Me propuse plasmar un mensaje ancestral, relacionado ciento por ciento con esos primeros habitantes que vivieron desde Escondido a Ensenada y desde Playas hasta La Rumorosa”, indicó el artista sobre esta etnia, que enfrentan constantemente el arrebato de sus tierras y la extinción.

“Que mejor que ubicar a la etnia que vivió en un gran espacio, en una gran extensión, antes de que existieran las restricciones impuestas por políticas en esta zona”, dijo el artista.

Historias ancestrales de la modernidad

Residente de la ciudad de Tecate, el muralista sinaloense Álvaro Blancarte confió en que ha tenido muchas conversaciones con jefes y tradicionales kumiais, quienes le han explicado las historias del nacimiento del hombre de acuerdo con su mitología y sus tradiciones.

“Este trabajo en la garita de Tijuana lleva mucho de lo que me contó el kumiai y lo que yo cuento a través del mural”, dijo Blancarte, entre cuyas obras destacan también los murales América Unida por el Arte, realizado de manera colectiva en Panamá en 1993; Medicina Azteca, en Gaza, Palestina, en 1998; Orígenes, en el vestíbulo del teatro del Centro Cultural Tijuana (Cecut), en 1995; y La entrada, en el andador que une a San Ysidro con Tijuana.

El mural Ancestros/Tipei Ñakor Yaak, originalmente propuesto por el Colegio de la Frontera Norte (Colef) a representantes de Aduanas en la ciudad de México, fue autorizado el año pasado y el impulsor fue el catedrático Manuel Valenzuela.

El maestro Blancarte se tomó mes y medio para hacer realidad una narrativa pictórica, a la cual no considera de técnica tradicional del muralismo mexicano, del que asegura tuvo un rompimiento hace décadas, sino de estilo propio basado en su experiencia.

Contó con ayuda de tres asistentes que le confiaron haber aprendido más sobre el muralismo durante la elaboración de la pieza, que el tiempo que pasaron en la escuela de artes plásticas.

La obra narra el nacimiento del mundo kumiai, a través de una mujer que da a luz a la fauna mediante una fuente, que con la energía del sol y de la luna propician las condiciones para la llegada de los primeros hombres.

Todo esto sobre dos serpientes que significan el agua y la tierra de la región.

“Presenté tres proyectos y se decidieron por el segundo, mismo que significó una adición pues había visualizado la obra para un espacio de 50 metros, y tuve que ampliarlo a poco más de cien”.

El autor recomienda que para apreciar la obra, el observador tendrá que estar informado sobre lo que significa la etnia milenaria de los kumiai en la región y así podrá conocer mejor el significado de la obra.

Los kumiai sobreviven ya en pocas zonas de Baja California, principalmente en reservas entre San José de la Zorra, rumbo a Ensenada, y en Juntas de Neji y Peña Blanca, entre Tecate y El Hongo. Son unos centenares, en su mayoría ya absorbidos por la modernización. Sólo un puñado, alrededor de 15, habla el antiguo idioma kumiai.

Desde el punto de vista lingüístico, los kumiai se encuadran en la familia yumana, al igual que los demás aborígenes del norte de la península de Baja California, como los cucapás, pai pais, cochimíes, kiliwas, según señala el historiador David Piñera en su libro Tijuana en la historia.

El mes pasado, La Jornada Baja California publicó reportajes sobre la situación de extinción que atraviesa el pueblo kumiai, su cultura y lenguaje, y sobre el caso de Aurora Meza, una mujer de la etnia guardiana de sus tradiciones e idioma, que en diciembre fue encarcelada en el penal de La Mesa, en Tijuana, procesada por abigeato.

Obra transfronteriza

El mural será inaugurado por el autor y el 10 de febrero en las instalaciones de la garita de Tijuana, en el cruce fronterizo de El Chaparral, en el contexto de las las actividades que conforman el II Festival Cultural Internacional “El Gran Mexico, las culturas mexicanas más allá de las fronteras”, que organiza el Colef, junto con otras instituciones federales y locales.

El mural se encuentra en la cara norte del muro sureste de salida del puerto fronterizo, al costado oeste del personal de la Secretaría de la Defensa Nacional, en la puerta México, donde puede ser apreciado por todas las personas que ingresen al territorio tijuanense desde Estados Unidos, por San Ysidro.

De acuerdo con la descripción que difunde el Colef sobre el mural, en la obra del artista sinaloense resaltan distintas figuras representativas del pasado del territorio transfronterizo.

“Es una obra matérica que hace uso de materiales como la arena, el aserrín, el vidrio, o de cortes o desgarros, con colorido variado, diferenciando las zonas trabajadas con materia de las demás, la cual recupera elementos simbólicos provenientes de los pueblos nativos de la región, particularmente de la cultura kumiai, en cuyo territorio se asienta la ciudad de Tijuana”, señala el Colef en su presentación del mural.

El mural se destaca, además, por el rescate a través de las imágenes, de diversos elementos característicos del escenario primitivo bajacaliforniano como el coyote, la serpiente, la luna y el borrego cimarrón, así como los colores y texturas que identifican el paisaje natural y espacio urbano de la ciudad.