cultura | 08 de Agosto de 2017

Aspecto de una sala del Museo Vitra Design, construido por el canadiense Frank Gehry, donde se exhiben reproducciones en miniatura del mobiliario de diseño para vivienda, oficina y espacios públicos fabricado en el complejo industrial, en el que tienen cabida innovadoras propuestas artísticas y culturales. Ese museo mostrará el archivo profesional de Barragán Foto Mónica Mateos-Vega

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Mónica Mateos-Vega, enviada

Weil am Rhein, 8 de agosto.- En unos dos años, el archivo profesional de Luis Barragán Morfín (1902-1988), que resguarda en la actualidad la fundación que lleva el apellido del arquitecto mexicano, podrá ser apreciado por todas las personas que acudan al Museo Vitra Design, con sede en esta ciudad alemana.

En ese recinto, uno de los más importantes espacios en el mundo dedicados a la arquitectura y al diseño industrial, se acondicionará un lugar para mostrar de manera permanente parte del acervo del ganador del Premio Pritzker 1980.

Barragán es hasta ahora el único mexicano que forma parte de los valiosos legados que posee la empresa suiza Vitra, entre ellos los archivos de los diseñadores Verner Pantom (1926-1998), danés; del neoyorquino Alexander Girad (1907-1993), y del matrimonio estadunidense formado por Charles Eames (1907-1978) y su mujer Ray (1912-1978).

Sin embargo, la colección más espectacular del grupo Vitra son, ni más ni menos, sus propios edificios corporativos, diseñados por los arquitectos más relevantes del siglo XX.

Tadao Ando, Zaha Hadid, Frank Gehry, Nicholas Grimshaw, Álvaro Siza, el grupo suizo Herzog & de Meuron, Richard Buckminster Fuller y Jean Prouvé, así como la firma japonesa SANAA, son creadores que han dejado huella en el campus Vitra, un catálogo vivo de lo mejor de la arquitectura contemporánea en 26 hectáreas.

Al año, 350 mil visitantes

El campus, que recibe 350 mil visitantes al año, se ubica en Weil am Rhein, lugar privilegiado, pues la ciudad alemana tiene frontera con Suiza (con Basilea, donde actualmente está la Fundación Barragán), y con Francia. La región es considerada el corazón cultural de Europa por su amplia cantidad de museos.

Vitra (fabricantes de mobiliario de diseño para vivienda, oficina y espacios públicos) se fundó en los años 50 del siglo pasado a iniciativa de Willi Fehlbaum, quien era dueño de una tienda de muebles. Un gran incendio en 1981 destruyó la mayor parte de sus edificios de producción. Fue la tragedia que dio un giro a la historia de la empresa.

El hijo de Willi, Rolf Fehlbaum (Basilea, 1941), aprovechó la oportunidad inesperada para incorporar la arquitectura al proyecto Vitra, sobre todo porque se les solicitó que reconstruyeran lo antes posible, de lo contrario el seguro no les pagaría.

Invitó al arquitecto británico Nicholas Grimshaw (Hove, 1939) a diseñar el primer nuevo edificio, que estuvo listo en unas cuantas semanas, y a elaborar un plan maestro para el desarrollo unitario del campus.

Sin embargo, narra Rolf, “poco después de mi encuentro con Frank Gehry (Toronto, 1929, en esa época no muy conocido a escala internacional) sustituí la idea de una reconstrucción homogénea por el concepto del collage. Así nació lo que ahora es el campus de Vitra en Weil am Rhein”.

El legendario arquitecto estadunidense Philip Johnson (1906-2005) fue uno de los primeros que se maravillaron con las obras que de manera paulatina fueron germinando en los campos alemanes, y escribió al respecto: Desde la fundación de la Weissenhofsiedlung de Stuttgart en 1927 (una exposición de arquitectura moderna), en ningún lugar del mundo se habían construido más edificios de los arquitectos más destacados del hemisferio occidental.

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Vista de la Vitra Haus, diseñada por Jacques Herzog y Pierre de Meuron en el campus Vitra, ubicado en Weil am Rhein, AlemaniaFoto Mónica Mateos-Vega

Hoy los amantes de la arquitectura acuden por miles a disfrutar los paseos por los edificios que también alojan innovadoras propuestas artísticas y culturales. Tan sólo el Museo Vitra Design (construido por Gehry en 1989) alberga uno de los fondos más importantes: sillas de diseñador, con unas 7 mil piezas, y más de mil lámparas. Cada año es visitado por unas 120 mil personas.

También es muy popular la estación de bomberos (ahora en desuso), la primera obra de diseño internacional de la arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid (1950-2016), inmueble que mezcla polígonos con estructuras triangulares, características de los proyectos de la primera mujer reconocida con el Premio Pritzker en 2004.

Ese espacio se inauguró en 1993, año en el que también abrió sus puertas el hermoso y sobrio pabellón de conferencias hecho por el japonés Tadao Ando (Osaka, 1940).

Un año más tarde estaba listo el pabellón de fabricación de Álvaro Siza (Matosinhos, Portugal, 1933).

El año pasado se inauguró el Vitra Schaudepot, diseñado por los arquitectos del despacho suizo Herzog & De Meuron (encabezados por Jacques Herzog y Pierre de Meuron). El edificio de pequeños ladrillos rojos presenta la exposición permanente de 400 sillas, que datan del siglo XIX a la actualidad.

Ahí se pueden apreciar iconos del modernismo clásico de autores como Le Corbusier, Alvar Aalto o Gerrit Rietveld, hasta piezas de plástico de colores de la era pop, o los últimos diseños de las impresoras en tercera dimensión.

Lejos de parecer zona industrial

Exposiciones, visitas guiadas, foros académicos, talleres, áreas de esparcimiento para niños, incluida una agradable caminata de cinco kilómetros para cruzar la frontera con Suiza, con paradas diseñadas por el artista Tobias Rehberger (Esslingen am Neckar, Alemania, 1966), simplemente para contemplar los campos alemanes, son parte de esta fábrica de muebles que dista mucho de parecer una zona industrial.

Luego de la publicación del catálogo razonado sobre el archivo del arquitecto Luis Barragán que prepara la Barragan Foundation (cuyos detalles adelantó La Jornada en estas páginas el pasado 26 de julio), se adecuará un sitio para que los documentos del mexicano puedan ser apreciados por el público en general, como sucede con el legado de Eames, Panton y Giraud, que en total suma unas 100 mil piezas.

En conjunto, los acervos, incluido el de Barragán, documentan la historia y el presente de la arquitectura y el diseño. Hay que seguirlos investigando en un contexto más amplio, consideran curadores y directivos en el campus Vitra.

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