cultura | 08 de Mayo de 2015

Los autores conquistaron al público que se acercó al pabellón de la Ciudad de México, invitada de honor de esta edición, con la lectura de poesías en lengua nahua y zapoteca, que luego tradujeron al español. Foto Notimex

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Notimex

Buenos Aires, 8 de mayo.- La poesía indígena mexicana resonó hoy en voz de los escritores Mardonio Carballo y Natalia Toledo, en el marco de la 41 Feria Internacional del Libro (FIL) de Buenos Aires.

Los autores conquistaron al público que se acercó al pabellón de la Ciudad de México, invitada de honor de esta edición, con la lectura de poesías en lengua nahua y zapoteca, que luego tradujeron al español.

La cadencia de dos de los idiomas ancestrales mexicanos fue aplaudida por representar una reivindicación cultural, no solo lingüística, por parte de los pueblos originarios de América Latina.

Con una colorida blusa oaxaqueña, Toledo, nacida en Juchitán, recitó poesías que apelaron a los recuerdos, al petate, al canto, la lucha por vivir, la luna, el cielo, el tiempo e incluso antiguas onomatopeyas zapotecas.

También contó la leyenda que cuenta que el pavorreal le debe su hermoso plumaje a un generoso pájaro que se lo prestó solamente por un rato, pero nunca se los devolvió.

La escritora explicó que parte de su poesía trata de descifrar “qué quedó de mí, del zapoteco con el que todavía nos comunicamos pocas personas, pero aunque lo hable conmigo misma, es una manera de hablar también con el universo”.

“De mis manos De mis manos crecieron flores rojas/ largas y hermosas/ cómo olvidar el miedo con que fui despojada de toda certeza./ Caminé con las manos/ y metí mi cuerpo donde había lodo/ mis ojos se llenaron de arena fina./ Me llamaron la niña de los nenúfares/ porque mi raíz era la superficie del agua”, recitó.

En su oportunidad, Carballo explicó uno de sus poemas con base en otra leyenda que recorre la cultura mexicana, y que se resume en la frase: “se me subió el muerto”, referida a “una sensación que se presenta durante esa etapa del sueño y la vigilia, es una pesadez que impide articular palabra o movimiento alguno”.

“Pero si nos imaginamos también que cada uno de esos muertos, sobre todo a esos, a los que la muerte les llegó de manera repentina, en una esquina por una bala, por una esquirla. Sin tener tiempo de recorrer los caminos, lugares, amores. Sin posibilidad alguna de recorrerlos por última vez, sin despedidas, ni ritos”, recitó.

Para escapar de la tristeza también es posible bailar y gozar de la esperanza, señaló antes de leer su poema “Nereidas”, una especie de homenaje al clásico danzón.

Finalmente, los poetas coincidieron en que México todavía está imposibilitado para ver y valorar sus raíces, por lo que las expresiones artísticas en cualquiera de las 68 lenguas indígenas que todavía existen en el país se erigen como un acto de rebeldía.

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