mundo | 08 de Enero de 2019

Vicente Zambada Niebla durante su captura en la Ciudad de México Foto captura de video

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David Brooks / La Jornada

Nueva York, 8 de diciembre.- Traiciones, un último adiós entre compadres, grandes escapes, "juguetes" y jaguares marcaron el inicio de la octava semana del juicio de Joaquín Guzman Loera, El Chapo, en un tribunal federal de Brooklyn.

“No es mi enemigo mi compadre Chapo”, aclaró Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo –hijo del líder del cártel de Sinaloa Ismael Zambada, El Mayo–, en su tercer y último día en el banquillo de testigos. Al concluir el contrainterrogatorio de la defensa del testigo cooperante con la fiscalía, insistió en que El Chapo sabía que había sido arrestado y que "estaba cooperando".

Reviró contra la afirmación de la defensa de que él estaba brindando información a los funcionarios, y que le pidieron aún más datos, números de teléfono y "coordenadas" a su padre para pasárselas a las autoridades a cambio de mejorar sus condiciones penales y legales aquí, afirmando que El Mayo y El Chapo “dieron esa información al gobierno de Estados Unidos por conducto de sus abogados… (información) sobre sus enemigos”.

Pero el abogado defensor Eduardo Balarezo insistió, mostrando fotos de varios socios del cártel de Sinaloa que han sido encarcelados, incluyendo a El Chapo, o que han muerto, concluyendo que “sólo El Mayo está libre y sigue a cargo del cártel de Sinaloa”.

La fiscalía intentó revertir esa narrativa, guiando a su testigo a nombrar a varios familiares, incluyendo él mismo, sus dos hermanos y su tío –El Rey Zambada– que han sido encarcelados. Los fiscales también lo hicieron reiterar que “su compadre Chapo” –como El Vicentillo insistía en referirse al acusado– era socio de su padre, y que él tenía autoridad propia. Por ejemplo, el hecho de que El Chapo tenía sus propias relaciones corruptas con autoridades federales "en todos los niveles".

Con ello concluyó el turno de uno de los testigos estrella de este caso, quien ahora espera una reducción de la condena que aún aguarda. Bajó de la silla de testigos, y mirando hacia la mesa de la defensa donde estaba sentado El Chapo, con un traje gris oscuro con corbata azul, se despidió moviendo su mano, inclinando un poco la cabeza, y una breve sonrisa. Por primera vez desde que llegó, El Chapo respondió bajando tantito la cabeza.

Un agente especial de la FBI lo sustituyó en la silla de testigos del gobierno para contar que, como encargado del sector de Baja California para la coordinación de acciones antinarcóticos con contrapartes mexicanas y de otras agencias estadunidenses, participó en lo que fue uno de los grandes escapes de El Chapo.

José Moreno detalló, bajo interrogatorio de fiscales, sobre cómo ubicaron una casa en Cabo San Lucas, donde pensaban que se encontraba Guzmán en 2012, justo cuando estaba por celebrarse ahí la cumbre del Grupo de los 20 y cómo prepararon el asalto en ese barrio de lujo. Aunque nunca lo afirmó, dio todos los elementos para concluir que el operativo con elementos de la Marina y grupos especiales del Ejército Mexicano, en coordinación con la FBI y la DEA fracasó porque obviamente alguien alertó a El Chapo.

Primero señaló que los grupos de operaciones especiales llegaron tarde a la cita, y que aparentemente violaron el protocolo de una redada al no asegurar la parte posterior de la casa, donde se ubicaron huellas de alguien saliendo. Adentro hallaron a dos mujeres y un hombre, pero no al narcotraficante, quien aparentemente dejó atrás a su novia, su cachucha de beisbol y algunos apuntes de alguien ligado al cártel, entre otras cosas. En videos y fotos grabados por el agente en el interior de la casa, se mostraron pares de tenis calzado 9, camisas Lacoste y Banana Republica tamaño mediano, varios pantalones de mezclilla talla 32×30 y hasta calzones tamaño mediano. También había zapatos y prendas de mujer, y una colonia Eternity de Calvin Klein (no se precisó si de dama o de caballero).

Balarezo, de la defensa, hizo el contrainterrogatorio resaltando que el agente de la FBI no tenía prueba de evidencia –con ADN o huellas– de que la casa, el vehículo o la ropa fueran de El Chapo.

El día concluyó con otro testigo cooperante preso, pero este de un nivel local, quien, aunque decía trabajar para el cártel de Sinaloa y bajo órdenes de Guzmán, sólo hoy logró ver por primera vez en su vida a su supuesto ex jefe. Édgar Galván se dedicaba a mover droga –mariguana y cocaína– entre Ciudad Juárez y El Paso, y a veces armas en sentido contrario para Antonio Marrufo El Jaguar, empleado de El Chapo que estaba encargado de tomar control de esa "plaza" en 2000 aniquilando al cártel de La Línea.

El Jaguar tenía una casa que funcionaba como matadero en Juárez, y era quien ordenaba a Galván y sus amigos el traslado de drogas y de "juguetitos", como llamaban a las armas, incluyendo juguetotes mortales, como un rifle calibre 50.

El cuento continuará con el desfile de testigos presentando por la fiscalía, donde se prometen algunas "sorpresas".

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