cultura | 07 de Octubre de 2019

México se encuentra en tercer lugar de las aportaciones. Foto Luis A. Boffil / La Jornada

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Alfredo Valadez Rodríguez / La Jornada

Zacatecas, Zac., 7 de octubre.- Cincuenta y cuatro por ciento de las patentes de alta tecnología registradas en Estados Unidos son producidas por científicos radicados en esa nación, pero originarios de otros países, entre quienes los mexicanos ocupan el tercer sitio por su número.

Bastaron dos décadas de una intensa política de atracción de talentos por parte del gobierno y las empresas de ese país para que ese porcentaje aumentara desde el 16 por ciento en que se encontraba a finales del siglo pasado.

Los científicos mexicanos no sólo emigran al vecino país del norte. Existen 300 mil egresados de maestrías o doctorados dispersos en al menos 67 países de los cinco continentes, entre ellos Bélgica, Australia, Japón, Noruega, Corea, Francia y Suiza.

"Y no trabajan de taxistas, sino en áreas estratégicas del conocimiento, produciendo patentes y tecnología de última generación", reveló el doctor Raúl Delgado Wise, director de la unidad académica de Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas, uno de los investigadores que trabajan en la actualización del estudio elaborado conjuntamente por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Programa de Gestión de las Transformaciones Sociales (Most) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Delgado Wise, especialista en migración internacional y en su importancia estratégica, plantea: "¿Cómo se puede aprovechar esta diáspora altamente calificada para contribuir a transformar a México?" De acuerdo con el Conacyt, son un millón 200 mil los mexicanos en el extranjero (con licenciatura concluida al menos), de los cuales "más de 300 mil son posgraduados y entre éstos existen al menos 30 mil doctores".

El número de esos posgraduados "equivale a otro Sistema Nacional de Investigadores en el extranjero, en áreas clave del conocimiento".

El grupo de trabajo de alto nivel del Conacyt y Most-Unesco, al que pertenece Delgado Wise, viajó a ciudades de Estados Unidos y Europa para entrevistarse con los científicos mexicanos que laboran allá.

En Sidney, Australia, "una compañera investigadora que estaba haciendo un estudio sobre la diáspora (científica) encontró que el grupo más altamente calificado en Australia es el de los mexicanos". En Estados Unidos, de acuerdo con la American Community Survey, los científicos mexicanos laboran en áreas relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

"No son migrantes altamente calificados que se van al extranjero a trabajar de taxistas desperdiciando todo su talento, sino al revés: hay una política muy fuerte en Estados Unidos y en Europa para atraer a estas personas". Por eso es necesario cambiar la visión que se tiene en México de estos migrantes, dijo el investigador de la UAZ.

Refirió que, en otras sesiones de trabajo en Silicon Valley, California, así como en Chicago, Illinois, con integrantes de la diáspora altamente calificada, "íbamos de sorpresa en sorpresa, encontrándonos líderes mundiales en muchos campos del conocimiento. Porque el mexicano es muy creativo y está en posiciones de vanguardia en el extranjero". Y todos estos connacionales laboran con algunos de los sistemas más avanzados, en procesos complejos.

"En Estados Unidos hay un sistema caníbal de innovación, pero hay otros menos agresivos, como en Europa, donde no están orientados a la gran corporación, sino más bien a las necesidades sociales y tratan de ser muy respetuosos con el ambiente, con la naturaleza.

"Afortunadamente, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene interés en iniciar programas piloto de vinculación y repatriación de talento mexicano, que serían fundamentales para una verdadera transformación" del país.

Entre los científicos mexicanos radicados en el extranjero, recordó Delgado Wise, están el regiomontano Héctor García Molina, quien en la Universidad de Stanford fue profesor de Larry Page y Sergei Brin, creadores de Google, y asesoró a los fundadores de Cisco Systems.

Otro es Héctor Flores, líder mundial en nanotecnología para dispositivos fundamentales en las industrias militar y automovilística en Estados Unidos.

En cuanto a Europa, en las ciudades de Bruselas y Estrasburgo "tuvimos reuniones con algunos mexicanos muy interesantes. Uno fue actor importante en el descubrimiento del bosón de Higgs. Manejaba directamente el acelerador de partículas entre Francia y Suiza".

También contactaron a un mexicano que realiza trabajos de vanguardia de big data en Barcelona. Asimismo, David Oliva, en Bruselas, descubrió un dispositivo para extraer, sin destruirlas, células de tumores cancerosos en el cerebro.

"Él tiene dos doctorados que hizo en Europa, y después de eso el gobierno de Bélgica lo ciudadanizó y fue representante de ese país en innovación ante la Unión Europea, donde coordinó la asociación de universidades europeas". En otro caso, dijo Delgado Wise, hay un científico zacatecano que coordina los talentos mexicanos en Japón.

Cuando por conducto del programa de Conacyt y el Most de la Unesco se solicitó información a las mujeres y hombres altamente calificados radicados en el extranjero, informó Delgado Wise, "nos llegaron 18 mil currículos y al azar comparamos 500 con igual número del Sistema Nacional de Investigadores nivel 3, que es lo más granado de México, y encontramos que son prácticamente equivalentes y en algunos campos superiores los que están en el extranjero. Es un potencial impresionante. Si no lo vemos, estamos ciegos, y si no lo aprovechamos se nos irá el tren como país".

""Hay una paradoja muy interesante: Estados Unidos depende cada vez más de la capacidad científica del sur. Decíamos que (en América Latina) somos atrasados, pero somos quienes estamos dando capacidad científica al servicio del norte y en contra del sur, por el subdesarrollo en que nos mantenemos al no retener a esos científicos.

"Podemos revertir y aprovechar esta emigración altamente calificada para cambiar México. Pero no es una respuesta automática ni fácil. 'Hay que ir construyendo todo el andamiaje para que esto sea posible. El aparato productivo de México está desmantelado y desarticulado con todos estos años de política neoliberal; dependemos de Estados Unidos, somos los eslabones más débiles de la cadena productiva y los más precarios. Todo eso se tiene que ir cambiando"'.

–¿Cuánto representa la transferencia de capital, la inversión de los gobiernos latinoamericanos, como el de México, para formar a los científicos que terminan en el extranjero?

–Hay un financiamiento muy grande de México. Hicimos una estimación basada en que por lo menos la mitad de los que emigran a Estados Unidos se formaron en universidades mexicanas (sobre todo públicas) y la otra mitad se doctoró en Estados Unidos. Tienen una doble formación.

"El problema es que aquí fueron formados, por supuesto, por el gobierno mexicano, y además con becas públicas. Pero allá también fueron financiados por el gobierno mexicano y, peor aún, allá se tenía que financiar además el pago de rentas y las colegiaturas, que son enormes las que cobran (instituciones) como el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y las universidades de Berkeley, Harvard, Stanford, etcétera". Así, durante décadas, "de alguna forma el gobierno de México estaba subsidiando el sistema de educación superior en Estados Unidos".

Además, señaló, algunas agencias de Estados Unidos, entre ellas la National Science Foundation, que se encargan de diseñar estrategias para cuando los mexicanos egresan de su doctorado allá "tratan de retenerlos en lugar de ponerles muros, como a la mano de obra no calificada. Los apoyan para que se lleven a sus familias y les ayudan a conseguir una casa".

Eso también ocurre en algunos países de Europa, donde incluso "les condonan los impuestos, como incentivo. Son cazadores de talentos".

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