espectáculos | 07 de Junio de 2018

Fotogramas del filme Foto cortesía

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Juan José Olivares/La Jornada

Sin muertos no hay carnaval no sólo es un retrato del Guayaquil actual. Muestra la lucha eterna de David y Goliat, de pobres y ricos. Habla sobre la falta de respeto a la tierra.

El tema, que se reproduce en todos los países de Latinoamérica, versa sobre las invasiones de tierra que realiza una clase marginada y desprotegida, y de los desalojos de los dueños y de los ambiciosos corruptos, que abundan en las naciones de este continente.

Es el reciente filme del ecuatoriano Sebastián Cordero (Quito, 1972), quien vuelve a exponer su cine de realismo social con un tema que se repite en muchas naciones.

Es importante que se vea, porque eso que sucede en mi país, donde los terratenientes exigen su derecho sobre el de los desprotegidos, lo vemos constantemente. Me han dicho que en Colombia, Perú y en México se ve mucho. Por ello, siento que es relevante contar la realidad de nuestras ciudades y de cómo ha ido creciendo el tema de las invasiones de tierra y la desigualdad social, asuntos que vivimos en el día a día y que vemos de cerca, pero no retratados en el cine, asegura a La Jornada el realizador, quien es director, escritor y editor de todas sus películas, las cuales desde inicios de 2000 se han exhibido y han sido reconocidas en festivales como Venecia, San Sebastián y Sundance.

Postal de una nación sacudida por la pobreza

Cordero debutó con Ratas, ratones, rateros, postal de un Ecuador sacudido por la pobreza y la delincuencia. Su segundo largo, Crónicas, fue reconocido en Sundance y en 2004 se proyectó en Cannes en la sección Una Cierta Mirada.

Rabia, que llevó al cine a partir de un texto del escritor argentino Sergio Bizzio, fue su tercer trabajo largo, el cual profundizó de igual forma en lo social. En 2010 volvió a Ecuador para rodar Pescador, basada en la crónica Confidencias de un pescador de coca.

“La marginalidad me ha parecido interesante, porque lleva a los personajes a situaciones extremas. Es decir, les sale lo mejor o lo peor, y eso, siento, da mucho. En el caso de Sin muertos no hay carnaval, hay personajes oportunistas y ambiciosos; también están los que juegan del lado que les conviene, y eso es común en gente de Latinoamérica. Esa doble cara hace interesantes a las personas, pero me gusta porque al final retrata el alma humana y los conflictos de intereses”, sostiene.

En la actualidad “no hay respeto a la tierra, y el tema de ésta y los conflictos a su alrededor son complejos. En cada lado: el de los poderosos y el de los desprotegidos, hay un argumento válido, porque si como terrateniente dices: ‘esa tierra la compré o me la heredaron’, hay un derecho; pero del otro lado, también pueden justificar: ‘yo la trabajo y tengo derecho a ella’, y en eso hay validez”.

Cordero asegura que, como narrador, los conflictos tienen riqueza para un filme, porque no hay una salida fácil. En un trabajo fílmico es bueno ese planteamiento, pero cuando lo ves como realidad es duro salir, puesto que cada lado jalará a su parte. Los que ganan son los que se imponen con fuerza o abuso de poder, y eso hay que retratarlo.

Considera que la proyección de la cinta es relevante porque el tema es de los que no llegan a difundirse. En este caso es una coproducción Ecuador-México y se luchó mucho para estrenarla.

El cineasta explica: Tienes que pegar en un festival grande para garantizar que la gente vea la película, si no, se queda en exhibición local. Si quieres exponer a una sociedad, tienes que mostrar cada uno de sus retratos...

El guion fue escrito a cuatro manos: Sebastián Cordero y el actor Andrés Crespo (quien ha participado ya con el director), quien tuvo la idea original y se la propuso al realizador, a quien le alucinó la historia. Cabe mencionar que Crespo, actorazo ecuatoriano, y quien encarna a un aboganster (al que el espectador puede odiar en el filme) es el ejemplo de la complejidad de los personajes.

Un buen nivel actoral

Cordero afirma: Cuando haces una cinta de muchos personajes que comparten los protagónicos, el trabajo actoral con cada uno es esencial. Quieres, aunque esto se lea obvio, que estén en un nivel alto, y el reto del director es tenerlos en ese lugar porque sabes que vienen de sitios distintos, tanto en su trayectoria como geográficamente. Dentro del proceso de producción tienes que lograr que cada uno explore a su personaje, para que le dé alma. Hay que entender también la humanidad de los histriones, o sea que cada uno es una persona con aspiraciones.

Gira por circuito alternativo

La película comenzará el viernes su corrida en Cineteca Nacional y luego hará gira en circuito de cines alternativos, como el Tonalá, en la multisala de la colonia Roma.

El público que la querrá ver es el que uno busca, el que está atrás de alternativas que no son las salas de grandes cadenas que, por cierto, nos tienen invadidos con superhéroes y pelis de terror, algo que sucede en todo el mundo y que es lo que le quita espacio a nuestro cine, que al final es el que capta nuestros temas..., remata Cordero.

La producción de Sin muertos no hay carnaval es de Cordero y Arturo Yepez, y de las mexicanas Bertha Navarro y Mónica Lozano.

La fotografía es de Tonatiuh Martínez; la música, de Toño Cepeda, Leonardo Heiblum, Andrés Sánchez. El elenco lo conforma: Daniel Adum, Andrés Crespo, Erando González, Maya Zapata, Diego Cataño y Víctor Aráuz, entre otros.