cultura | 07 de Enero de 2018

Por tal razón, la autora Dolores Payás hace una recopilación de historias con las que logra matar ciertos clichés que se atribuyen a la nación asiática, al tiempo que refuerza otros en menos de una frase Foto La Jornada

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Diego Illanes Martínez de la Vega

México, 7 de enero.- "China no goza de buena reputación. Es un país inhóspito, duro de roer". Con esa frase se inicia este hermoso libro que incluye "una mezcla desacomplejada de géneros literarios, de tonos y ritmos".

Desde el comienzo de los tiempos, la humanidad se ha dedicado a colocar etiquetas a culturas ajenas y, probablemente, el país que más lo sufre es China (situación un poco irónica, ya que conferimos a los habitantes de este país el estereotipo de tener estereotipos).

Por tal razón, la autora Dolores Payás hace una recopilación de historias con las que logra matar ciertos clichés que se atribuyen a la nación asiática, al tiempo que refuerza otros en menos de una frase.

Son cuentos basados en las experiencias de la escritora, pero también leyendas urbanas y relatos inspirados en eventos históricos. El tiempo que pasó la autora viviendo en China le dio mucho material con qué trabajar y crear historias que descubren varios misterios de esta cultura, tan diferente a la nuestra. Por ejemplo, describe la peculiar ausencia de ratas en Hong Kong o la extraña verdad sobre la contaminación en las ciudades colosales de ese país.

Algunas de las historias no son experiencias directas de la autora, pero las que sí lo son están contadas desde una perspectiva muy personal, lo cual da la oportunidad de conocer a varias personas que forman parte de su vida, esto hace que el lector se encariñe con la mayoría de los personajes, o al menos que los mire con familiaridad.

Uno de los relatos particularmente disfrutable es el capítulo que lleva por título Templando las gaitas, en él que se narran los eventos graciosos y hasta trágicos que le ocurren a un personaje extraño llamado Guang Lee, originario de China, pero obsesionado con Escocia y todo lo relacionado con aquella nación, resultando en un comportamiento obsesivo que lleva al personaje a hacer cosas como aprender a tocar la gaita y a cambiarse el nombre a Angus McCormick. Es una historia que acaba de forma inesperada. Vale la pena echarle un vistazo, ya que no sólo ayuda al lector a hacerse una idea de lo que será el libro, sino que le da buenas razones para reírse.

La obra describe, con maravilloso detalle, gran cantidad de lugares increíbles y encantadores, con lo que mantiene la atención constante del lector: sitios como el gran mercado de artesanías en el centro de Hong Kong o las frías y misteriosas montañas de las afueras de esta famosa ciudad llena de vida. Otro de los muchos personajes interesantes es el compañero de la autora que, aunque no sabemos su nombre, en el libro se refiere a él como G.

En algunos momentos, el lector deja de ver los pasajes como relatos de una tierra lejana y empieza a sentirse inmerso en ellos, gracias a la forma fresca de tratar las historia (o más bien la recopilación de éstas), tan bien investigadas y contada desde una fuente tan directa, en contraste con gran cantidad de malas informaciones, llenas de estereotipos y clichés a los que muchos estamos acostrumbrados.

Desde una bicicleta china, publicada por la editorial Harper Collins deja una buena carcajada y una sonrisa en lectores de todas las edades.

Las ilustraciones de Gustavo Contepomi que se incluyen en esta maravillosa obra literaria añaden un sentido divertido y convierten lo que ya es una buena experiencia en algo todavía mejor.

Dolores Payás nació en Barcelona en 1955, en una gran familia de siete hermanas y un hermano. Desde edad muy temprana empezó su afición a la lectura, se enseñó a sí misma a leer a los cuatro años, o al menos eso dice su familia, pero ella no lo recuerda de ese modo.

De cualquier forma, la literatura y las letras se quedaron con ella para siempre. Estudió cinematografía en la Universidad Nacional Autónoma de México y durante los años en que vivió en la Ciudad de México se ganó la vida tocando el piano. Antes de acabar la carrera ya escribía guiones. Poco después de terminar sus estudios volvió a España, donde siguió su carrera como guionista y eventualmente llegó a dirigir seis películas, entre ellas Mejor que nunca y Em dic Sara.

En 2009 hizo una transición a la literatura, empezó haciendo traducciones y escribiendo artículos culturales, luego siguió escribiendo hasta publicar su libro: Drink Time!, y más tarde Patrick Leigh Fermor, los cuales fueron traducidos al inglés y al griego.