espectáculos | 06 de Abril de 2018

Este ritmo "viene de barrio, de la gente, es una forma de denuncia, de expresión, de compartir los problemas, de llevar nuestras ideas, (de transmitir) lo que estamos viviendo en México para que lo conozcan en otros lugares. Tal vez es una forma de unir fuerzas, de crear solidaridad. La música sirve para unirnos". Foto Tania Sánchez Hernández / La Jornada

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Tania Sánchez Hernández / La Jornada

Ciudad de México, 6 de abril.- La "necesidad de expresar la realidad, lo que ocurre en la Ciudad de México y en el país”, como la inseguridad y la delincuencia, fue lo que llevó a Carlos Toledo a escribir Un mismo son, una pieza de salsa brava que toca temas como el feminicidio y los desaparecidos, y que interpreta al lado de la orquesta Cápsicum.

La canción retoma "básicamente las cosas que afectan más en la nación, como la violencia. Es algo de lo que se tiene que estar hablando, y si la salsa y el baile son una forma de que la gente disfrute y, al mismo tiempo empiece a escuchar (sobre esos) temas, pues hay que aprovecharlo, para que se interesen en lo que tratamos de decir", explicó en entrevista con La Jornada el fundador y líder de la agrupación con base en la CDMX, pero que cuenta con músicos de Oaxaca, Veracruz y Coahuila.

Así es la salsa brava, subgénero que tiene su origen en las décadas de los 70 y 80 en Nueva York, que se extiende a Puerto Rico, y que toma influencias del jazz (armonías, arreglos y solos instrumentales), pero que también abre su abanico lírico a lo social, al barrio y la vida cotidiana.

Con esta música "es bastante común tratar esas temáticas; solo que en la más comercial, la que llega a México, no es lo habitual", comentó Toledo. La salsa "viene de barrio, de la gente, es una forma de denuncia, de expresión, de compartir los problemas, de llevar nuestras ideas, (de transmitir) lo que estamos viviendo en México para que lo conozcan en otros lugares. Igualmente, viene música de otras partes (del mundo) denunciando lo que está pasando allá. Tal vez es una forma de unir fuerzas, de crear solidaridad. La música sirve para unirnos".

Un mismo son, que se estrena hoy, es uno de sencillos del disco Prueba el Sabor, ópera prima de Cápsicum, orquesta cuyo nombre es retomado de la denominación “científica de la familia de los chiles, elegido porque suena distinto, pero al mismo tiempo es muy mexicano y muy de la salsa”, cuyo principal ingrediente “son los chiles. Además, buscaba algo diferente, que no sonora a nombre tradicional de orquesta”, explicó el también contrabajista y arreglista del grupo.

En cambio, los ingredientes que esta agrupación emplea para su salsa brava normalmente son piano (Manuel Ortega), trompeta (José Ángel Martínez), saxofón (Dania Gabriela Ruiz), trombón (Francisco Becerra), batería (David Moreno), timbal (Antonio Vilchis), congas (Sim Bringas), contrabajo (Toledo); además de la voz de Milton Muñoz y Nabiel Bernal.

El resultado es una “salsa original, basada en las sonoridades de aquella de Puerto Rico o Nueva York, pero con letras interesantes”, detalló Toledo, quien agregó que trata que el “sonido mexicano esté presente. Hay momentos en que llegamos al son jarocho o la música norteña. Tratamos de meter mucho sabor para que la gente se anime a bailar… y a escuchar también”.