cultura | 06 de Enero de 2019

En entrevista, el periodista plantea una realidad en la que la civilización da muestras de que algo no funciona bien a escala ambiental y en las relaciones entre hombres y mujeres, que se han vuelto muy violentas. Foto María Luisa Severiano

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Fabiola Palapa Quijas

Ciudad de México, 6 de enero.- Para el periodista y escritor uruguayo Raúl Zibechi (Montevideo, 1952), en América Latina la revolución mundial de 1968 “generó un cambio cultural importante que afectó las relaciones interpersonales, el patriarcado; además, mujeres y trabajadores cambiaron su lugar en el mundo.

Dice el colaborador de La Jornada: “Hubo un claro deterioro de la hegemonía de Estados Unidos; de un mundo unipolar estamos entrando a uno multipolar y de crisis, no sólo económica. Estamos en un momento en el cual la civilización moderna está dando muestras de inquietud, de que algo no funciona bien a escala ambiental y en las relaciones entre hombres y mujeres, que se han vuelto muy violentas.

El tejido social parece desgarrado, donde el profesor, el padre y la madre, las autoridades tienen menos legitimidad. Si tuviera que resumirlo, diría que estamos entrando en un mundo donde lo caótico ya no es raro, extraordinario, sino que lamentablemente está ingresando en nuestras vidas cotidianas de muchas maneras.

El autor conversó con este diario sobre su libro más reciente, Los desbordes desde abajo: el 68 en América Latina, publicado por Bajo Tierra Ediciones, en el que invita a reflexionar sobre el momento actual, las resistencias al capitalismo y la discriminación contra las minorías.

Migración en masa: nuevo movimiento social

Respecto de las consecuencias de los movimientos sociales de 1968, Zibechi asegura que todo cambió, los poderosos tuvieron más dificultades para imponer su voluntad y los dominados tendieron a salir de ese lugar, y lo que se vive ahora con la oleada migratoria a Estados Unidos es resultado de una “falla sistémica.

“Este fenómeno migratorio tiene dos características: se masificó y cada vez será mayor, porque lo que vemos en México es un cambio cualitativo de aquella migración gota a gota de una persona o una familia: ahora es una migración en masa, es como un nuevo movimiento social.

“Quizá los migrantes hayan decidido hacerlo así porque la migración individual es riesgosa por la violencia y los desaparecidos y de esta manera se sienten protegidos, pero lo cierto es que hay un cambio cualitativo que nadie esperaba, y si esta primera oleada de 7 mil migrantes llega a buen puerto podemos asegurar que vendrá una segunda o tercera y muchas más, porque es una nueva modalidad para conseguir aquel objetivo de llegar al ‘paraíso’.”

Zibechi expresa que si las mercancías pueden traspasar las fronteras libremente por qué no las personas, además de que tienen un argumento muy sencillo: es la política de Estados Unidos en Centroamérica, en Honduras, la que ha generado esta migración. También es uno de los cambios de la cultura, porque la gente ya sabe que existe el cambio climático, la violencia contra las mujeres, sabe que existen los derechos de los niños y, por supuesto, conocen estos mecanismos”.

El colaborador de este diario considera que sobrevivir como especie humana es elemental. Aquí hay algo que es superior a la izquierda, a la derecha, a los del norte o del sur, a los hombres, las mujeres: es sobrevivir como especie.

Añade que otro reto que tiene la humanidad es hacer el planeta más vivible y asumir que hay una crisis ambiental, ahí están los incendios en California, y han ocurrido catástrofes en otras partes del mundo. Tenemos que pensar que esto no es casualidad y que la vida en el planeta tiene algunos riesgos y más vale que los miremos de frente.

Otro cambio que debe existir en las sociedades, de acuerdo con el autor, son las relaciones de hombres y mujeres, y entre generaciones, en particular con los niños y los ancianos. Deben ser relaciones de apoyo mutuo, de reciprocidad. No pueden ser de competencia, en las que siempre pierden las más débiles; la competencia nos destruye.

Opresiones distintas, en diálogo

En el libro, Raúl Zibechi detalla que la revolución mundial de 1968 fue un ciclo de luchas impresionantes que cambió la cara a la región, en el que participaron partidos de izquierda, sindicatos y guerrillas, obreros, campesinos y estudiantes, siendo los jóvenes y las mujeres los protagonistas más destacados.

Hay un diálogo no real, sino virtual, entre mujeres e indígenas, como dos opresiones distintas pero que mantienen un diálogo, y es a través de la autoafirmación, eso que se llama empoderamiento, y es el autoconocimiento y respeto que van cambiando su lugar en el mundo.

Añade que las mujeres cambiaron su lugar en el mundo sin crear guerrillas, partidos, ni sindicatos. “Cómo lo han hecho, de eso tendríamos que aprender en cada lugar, en el trabajo, en la casa, en el barrio, en la colonia, en cada lugar se han puesto de pie para decir: ‘yo soy un ser humano y aquí estamos’”.

Sobre el sistema económico, que no ha funcionado, expresa: por supuesto no puede haber un sistema económico exitoso donde la mitad de la población está atorada y en situación de sobrevivencia. Hay que reorganizar nuestras sociedades profundamente y nuestras ciudades tienen que ser a escala más humana, no podemos vivir en este torbellino de autos, de polución y de competencia.

El autor afirma que el movimiento de 1968 no comenzó en París, sino en la periferia, en Argelia, China, Vietnam, Argentina y en México. Los estudiantes de París estaban preocupados por la guerra en Vietnam, por lo que había sido la guerra en Argelia y la revolución cultural china, así que salir del eurocentrismo me llevo a escribir este libro.

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