cultura | 04 de Junio de 2018

Cristina Villaseñor Oviedo, hija de Justina Oviedo, con su inseparable telar, en su casa, una choza de palma en San Mateo del Mar. La maestra Justina, quien falleció en 2013, dejó un legado que enorgullece a sus hijas, nietas y bisnietas Foto Diana Manzo

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Diana Manzo/La Jornada

San Mateo del Mar, Oax,4 de junio de 2018.- En San Mateo del Mar, las hijas de la artista textil Justina Oviedo, fallecida en 2013 a los 75 años, heredaron su sabiduría y amor por el telar.

Cristina, Victoria y Elena Villaseñor Oviedo son quienes hoy transmiten su cultura ikotjs mediante la confección de diversas prendas que aprendieron a elaborar mirando a su madre abrazar su telar de cintura, oficio al que dedicó más de 50 años.

Los textiles de Justina se han exhibido en museos de América Latina y Europa por ser considerados únicos, debido a que cuentan con un tejido a doble vista sin dejar un solo espacio en blanco.

Cuenta la escritora y antropóloga Flavia Cuturi en su reciente libro El mundo ikoots en el arte de tejer de Justina Oviedo que el quehacer de la maestra artesana significó el renacimiento del telar en San Mateo del Mar, porque se había olvidado.

“La labor de müm Justina fue incansable; demostró que el tejido era todavía un arte atractivo en términos simbólicos y económicos, porque éste se había dejado en el abandono y ella lo rescató, además de contarnos la vida de su pueblo a través de prendas que realizó en el telar”, dijo la escritora.

A la muerte de Justina, sus hijas, que ya confeccionaban también prendas como blusas, pantalones, vestidos, enredos (falda elaborada con hilo de algodón) y accesorios como servilletas, bolsas y carteras, comenzaron a tejer como homenaje y reconocimiento a su madre, pues para ellas su herencia es inagotable. Ahora, las nietas y bisnietas de Justina también aman tejer.

Los sismos de septiembre de 2017 destrozaron las viviendas de las hermanas Villaseñor Oviedo, pero no los telares. Se han repuesto y continúan tejiendo, porque es lo que saben hacer con amor.

Telar amarrado a la cintura

En una choza recién construida con palma y piso de arena, vive Cristina, la hija mayor de Justina. Todas las mañanas y por las tardes toma su telar, lo amarra a su cintura y comienza a combinar los hilos de algodón.

Al igual que sus hermanas, Pedro y León aprendieron la herencia de su madre. Hilar ha sido su principal fuente de ingreso para sobrevivir.

"Mamá era muy amorosa; nunca nos enseñó a tejer, su herencia la tenemos porque siempre mirábamos lo que hacía. Después, cada vez que nos veía tejer, algunas veces nos llamaba la atención cuando no le gustaba una prenda o la forma en que lo hacíamos; ella siempre nos dijo que lo hiciéramos desde el corazón", explica Cristina en entrevista con La Jornada.

Justina colectaba el algodón para sus hilos en los campos, con una piedra de cal retiraba todos los residuos hasta dejarlo fino; después con una aguja de madera los hilaba hasta dejarlos listos para usarlos en su telar.

“Ahora ya se usa poco el hilo de algodón puro –continúa Cristina–, porque la prenda aumenta de valor. Lo que hacemos es comprar hilo fabricado que también es de algodón y viene en diversas tonalidades. Los clientes, por fortuna, aman nuestro trabajo; algunos llegan hasta nuestras casas y otros lo compran en Oaxaca, en el Museo de Arte Textil, donde es muy admirado.”

Victoria y Elena, las otras dos hijas de Justina, también tienen en sus hogares telar propio. Comienzan a hacer sus prendas entre las seis y las ocho de la mañana, diariamente.

Los clientes frecuentes vienen de fuera, se llevan textiles para usar o revender, con costos que van de mil a 5 mil pesos cada prenda, las cuales requieren mucho tiempo y dedicación.

Prendas por todo el mundo

"Tejer no es fácil, pero cuando gusta, enamora. Nosotras vivimos enamoradas del telar, nuestras hijas han aprendido y ahora nuestras nietas; todas tienen sus telares y los usan. Nuestro mayor orgullo es nuestra mamá Justina y la herencia que nos dejó", reitera Victoria.

El máximo reto de las hijas de la maestra Oviedo es seguir confeccionando esas prendas para que no se pierda el legado de una mujer que con sus manos hizo historia para un pueblo.

"Lo primero que aprendimos a elaborar en los telares de mamá fueron servilletas, que vendíamos en el pueblo; ahora nuestras prendas andan en todo el mundo. Una pieza artesanal nuestra tiene la elegancia de que se observa en doble vista, creo que eso es algo maravilloso porque no cualquiera lo sabe hacer", explican.

Las hijas de Justina sueñan con seguir tejiendo. Trabajos y clientes siempre abundan; por eso, afirman que no dejarán morir el legado de su madre, porque en cada hilo que sus manos entrelazan hay cultura, religión, fiesta y la tradición de un pueblo milenario.